La tragedia de Clipperton

Publicado agosto 9, 2014 por arivolovich
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SobrevivientesClipperton

A casi cien años y mil 250 kilómetros de distancia de los parachuts, las calandrias, las irritantes brigadas de motos acuáticas, el humo y el cortejo artificial de las voluptuosas discotecas de la costera; de las parejas que, una tras otra, parecen recrear algún pasaje de una melodía luismiguelera caminando a lo largo de una playa empalagada de tantos años de susurros y promesas perfumadas; a mil 250 kilómetros del horizonte kitsch acapulqueño se esconde una isla que contiene una historia de terror cuyas imágenes podrían ofuscar el efecto romántico de cualquier atardecer.

Breviario de una disputa internacional
Aunque el primero en avistar esta isla fue el navegante portugués Fernando de Magallanes ⎯sin poner pie en ésta⎯ en 1521 para registrarla bajo el nombre Médanos en la vasta bitácora de las pertenencias del Imperio español, la isla es mejor conocida por el nombre del temerario pirata inglés John Clipperton, quien utilizó esta diminuta plataforma de arena (de 7 km2 y una laguna salada en medio que ocupa el 90 por ciento de la superficie de la isla) a principios del siglo XVIII como escondite, bodega para almacenar sus saqueos y para planificar sus embestidas en contra de blancos españoles y la Nao de China que llegaba al puerto de Acapulco. En 1711 los capitanes de los buques franceses La Princesse y La Découverte redescubren la isla e inmediatamente la bautizan como La Île de la Passion para adjudicarla a la soberanía de Luis XIV. La independencia mexicana heredó, entre otras cosas, los residuos de tierra desparramados por el disminuido imperialismo español. Parte de esta herencia incluía La Isla de la Pasión que fue anexada a territorio nacional en la Constitución de 1824. Los años consiguientes convirtieron este terruño minúsculo en un escenario de conflictos mercantiles entre ingleses y estadounidenses para conseguir los derechos de extracción de guano, sobre todo durante la guerra hispano-estadounidense en 1898. Al enterarse del potencial económico de la Isla, los franceses no tardaron en cuestionar la legitimidad de la soberanía inglesa, estadounidense y mexicana sobre ésta, exigiendo su parte del pastel y haciendo una alusión a la declaración de toma de posesión hecha en 1858 por el teniente Víctor Le Coat de Kerveguen en nombre del emperador Napoleón III.* Porfirio Díaz rechazó las demandas francesas ⎯argumentando que México era el único acreedor de los antiguos territorios españoles⎯ al mismo tiempo que pactaba un acuerdo con la compañía inglesa Pacific Islands Company que se dedicaba a la extracción de guano en el Pacífico ⎯como indica explícitamente su nombre. Bajo la supervisión del Porfiriato, la compañía inglesa construyó un muelle y un asentamiento minero, poblándolo con más de 100 trabajadores de distintas nacionalidades traídos de San Francisco.

Los infortunios de los Arnaud
En 1907 Porfirio Díaz ordenó edificar un faro de luz a un pequeño pelotón comandado por el capitán Ramón Arnaud Vignon ⎯de padres franceses, paradójicamente⎯ quienes además de inspeccionar las labores de explotación por parte de las compañías foráneas, su estancia tenía el propósito de imponer una presencia simbólica en la ínsula que ondeara ante las posibles miradas que acechaban detrás de los binoculares de los buques franceses. La pobre calidad del guano clippertoniano finalmente obligó la retirada de la Pacific Islands Company en 1908 para luego convertirse en The Pacific Phosphate Company. Ese mismo año y durante una breve visita a su natal Orizaba, el capitán Arnaud contrajo matrimonio con Alicia Rovira Gómez. La joven pareja, al contrario de muchas, llegó a una pequeña isla tropical para ponerle fin a su luna de miel. El ahora denominado “gobernador de la Isla”, Ramón Arnaud, caminaba erguido sobre la estrecha playa, manteniendo la disciplina y la cordura de sus soldados a base de ejercicios rutinarios mientras que una nueva generación de clippertonianos nacía ⎯incluyendo a dos de los tres hijos del matrimonio Arnaud⎯ durante este periodo de calma. Para ese entonces el barco de suministros llegaba para abastecer a los isleños cada dos meses de manera puntual y sin mayores contratiempos. No fue sino hasta 1913, en una visita autorizada que hizo la familia Arnaud en Acapulco, cuando se enteraron de los violentos cambios que azotaban al país. Ni el exilio forzado de Porfirio Díaz a París, ni el asesinato de Francisco Madero y José María Pino Suárez ordenado ese mismo año por un resentido Victoriano Huerta, ni el hecho de que el mismo ejército del “gobernador de la Isla” estaba a punto de entablar una guerra contra los constitucionalistas fueron argumentos suficientes como para lograr disuadir a un testarudo Arnaud en cumplir las órdenes caducas de un general que, dicho sea de paso, se encontraba a 10 mil kilómetros de distancia, en el corazón del “enemigo”, degustando vinos y tragando croissants.
Y así, Arnaud y familia regresaron a gobernar a los isleños de su reinado tropical. Para 1914, todas las maniobras militares y políticas estaban enfocadas hacia la turbulenta Revolución mexicana, despojando al pequeño destacamento del capitán Arnaud de cualquier relevancia sustancial para los propósitos estratégicos que presentaban los nuevos tiempos. El barco de suministros dejó de llegar. La playa de La Isla de la Pasión se llenaba gradualmente de miradas expectantes que se dirigían hacia un horizonte cada vez más hostil e imponente. Arnaud y sus isleños se vieron obligados a limitar su dieta a los huevos de pájaros bobos (la población más grande en el mundo), pescados y los pocos cocos que daban las escasas palmeras. Para esas instancias, muchos de los habitantes de la isla habían muerto de escorbuto.
En lo que seguramente fue un día sumamente estimulante para los clippertonianos, durante una tormenta apareció un naufragio estadounidense frente a la costa de Clipperton. Arnaud y sus soldados lograron salvar a los sobrevivientes estadounidenses, aunque con la baja de uno de los rescatadores que fue devorado por un tiburón. Una vez recuperados y al enfrentar la posibilidad de haber sido víctimas de un abandono intencional, tres marineros estadounidenses se osaron a remar mil 250 kilómetros para llegar a tierra firme en una pequeña balsa. En contra de todas las posibilidades lograron su cometido e inmediatamente notificaron a las autoridades, quienes no mostraron ningún interés en rescatar a un pelotón huertista perdido. Ninguno de los habitantes de La Isla de la Pasión sospechaba que había comenzado la Primera Guerra Mundial, ni que el Tampico ⎯el buque de las provisiones que zarpó del puerto de Topolobampo⎯ sería perseguido y hundido a manos del Vicente Guerrero de los revolucionarios en lo que fue la única batalla naval registrada en la Revolución Mexicana.
No fue sino hasta que el USS Cleveland ⎯un barco de la marina estadounidense⎯ ancló al lado de la costa de Clipperton el 14 de junio de 1914 cuando Arnaud se enteró de los sucesos que sacudían al mundo entero. El USS Cleveland había llegado con la intención de salvar al resto de náufragos norteamericanos y ofreció llevarse a bordo a Arnaud, sus soldados y familias a tierra firme. En un gesto de insolencia patriótica, el gobernador de la Isla rechazó la oferta hecha por el capitán del Cleveland argumentando que no contaba con órdenes directas de sus superiores, que tenían suficientes raciones para sobrevivir cinco meses y porque no podía tratar con el enemigo. El USS Cleveland y los náufragos estadounidenses desaparecieron en el horizonte. Sin embargo, Arnaud escondía un motivo que podía explicar su obtusidad flagrante. Años antes había sido acusado de desertor y el abandonar su puesto podía ser interpretado como una segunda deserción.
El tiempo transcurría y el horizonte seguía despejado. Los muertos eran enterrados debajo de la arena de la laguna. Los pocos cocos eran reservados para las mujeres y los niños. Los hombres ya mostraban señales claras de delirio y desesperación. Dos años después de la partida del USS Cleveland, en octubre de 1916, el gobernador Arnaud avistó un barco y le ordenó a sus soldados ⎯prácticamente a todos los hombres de la isla menos al farero, Victoriano Álvarez⎯ a seguirlo a la pequeña lancha de remos para intentar alcanzar el navío. Las mujeres y niños observaron boquiabiertos cómo la pequeña tripulación comandada por Arnaud bajaba del buque y volvía hacia la isla. El terror se apoderó de las esposas e hijos al ver cómo las olas hundían la endeble embarcación de sus maridos y padres hasta perderlos de vista para siempre dentro de la aguas infestadas de tiburones.

El Marqués de Clipperton
La larga desventura de las recientes viudas ⎯entra las que estaba Alicia Rovira Gómez ⎯ y huérfanos estaba a punto de tomar un curso aún más tenebroso. Victoriano Álvarez, al verse libre de cualquier figura autoritaria, se autoproclamó rey de la Isla, convirtiendo gradualmente a las sobrevivientes femeninas en sus esclavas sexuales. Tanto las mujeres como las niñas de la Isla se encontraban a la merced de la violencia caprichosa de Álvarez. Las violaciones formaban parte de la rutina diaria. La viuda del capitán Arnaud había logrado repeler a Álvarez hasta el 18 de julio de 1917. Lo siguió, resignada, acompañada de sus hijas hasta llegar al faro. Aprovechándose de un descuido del farero endemoniado, las mujeres de Clipperton lograron tirarlo al piso de un golpe y ponerle fin a su reinado de terror a base de patadas y martillazos. Alicia Rovira, en un arrebato de ira le pidió a su hijo de siete años ⎯Pedro Ramón Arnaud⎯ que fuera por el petróleo que tenía escondido. “¡Vamos a quemarlo!”, gritaba Alicia en medio de la excitación colectiva.
En un hecho que pone en cuestión la palabra casualidad, ese mismo día y con el cadáver del violador aún tibio, un barco de guerra norteamericano ⎯el USS Yorktown, al mando del capitán H.P. Perril⎯ que surcaba la zona, avistó y rescató a las cuatro mujeres y siete niños que sobrevivieron a este episodio antagónico de la Revolución Mexicana.

*El 2 de marzo de 1909, ante la persistencia francesa, Porfirio Díaz firma un documento en el cual México y Francia pactan llevar el caso Clipperton a una tribunal arbitral. El juez en cuestión fue Víctor Manuel III, el rey de Italia, asignado por el Vaticano. El veredicto se pronunció a favor de Francia. Víctor Manuel III concluyó de manera tajante que la soberanía de la isla le pertenecía a Francia desde la toma de posesión hecha en nombre de Napoleón III el 17 de noviembre de 1858. Debido a un cúmulo de circunstancias, la Primera Guerra Mundial entre tantas más, la sentencia del jerarca italiano no se dio a conocer sino hasta el 28 de enero de 1931. Las iniciativas de personas como del explorador francés Jean Louis Étienne y la investigadora del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICML) de la UNAM, entre otras, han ofrecido la mejor solución a la disputa territorial entre ambos países. La Isla de Clipperton se ha convertido en un laboratorio oceanográfico en donde científicos de ambos países trabajan en conjunto para estudiar la fauna de la zona.

De héroes y eyaculaciones precoces

Publicado agosto 2, 2014 por arivolovich
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IDF Vamp

Sería muy fácil y conveniente de mi parte declarar que decidí desabrocharme el uniforme del Ejército de Defensa Israelí por cuestiones ideológicas, pero para serles completamente franco, mi decisión tenía que ver con una cuestión hormonal: prefería perseguir mujeres que palestinos. Aunque también es cierto que se presentó un conato de dilema. Una vez que aquel patriotismo impúber maduró lo suficiente como para descomponerse en mi olvido, el bagaje ideológico (izquierda pronunciada) que heredé de mi familia empezó a propinarme guantazos en la nuca, al tiempo que el lomo de Gaza se asomaba exponencialmente en el léxico de los sargentos. Finalmente llegó el día menos pensado, y lo digo así a secas para ahorrarles un puñado de teorías psicoanalíticas en torno a mi filia por la negación. Nos cuadramos -en hileras de tres, como dicta el protocolo del ejército- para recibir al sargento. Estiró su brazo y partió la formación en dos para luego informarle al bando que tenía a su izquierda que saldrían rumbo a Gaza esa misma noche. Mi semblante recuperó su color pálido cuando ese virgen condecorado ordenó al resto que me incluía a trabajar en la cocina para raspar el humus que no cupo en las barrigas de los altos mandos. Un momento antes de dispersarnos a nuestras respectivas tareas, unos lentes de pasta negra se ajustaron sobre una nariz sacada de un catálogo estereotípico y dieron un paso al frente para anunciar en un tono sereno su negativa a poner bota en territorios ocupados. La admiración que sentí al presenciar a mi doppelgänger ideológico me abrumó debido a su convicción inquebrantable y, probablemente porque nunca había experimentado ese sentimiento. El sargento sufrió un ligero mareo mientras reiniciaba su sistema de creencias para poder hacerle frente a semejante declaración. Pero en fin, para que este post no termine en el estante de literatura erótica de la Biblioteca Nacional de el Cairo, sólo voy a confirmar sus sospechas: dos policías militares condujeron de los brazos a mi candidato al Premio Nobel de la Paz a una celda. Mientras su humilde narrador tallaba con desgana una pila de ollas que rozaba las sandalias de Zeus, reflexioné sobre mi posible reacción de haber terminado en la hilera de mi compañero, pero confieso que me distraje inmediatamente con las caderas monumentales de nuestra enfermera que surcaron la cocina dejando una estela de erecciones kamikazes, cual peces koi fuera del agua. Ahora que mi libido anda a la par de mis convicciones, lo único que me interesa es sodomizar al establishment.

¿La religión es el opio del pueblo?

Publicado junio 1, 2014 por arivolovich
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cerebro-de-dios-e1274277462642 (1) [Texto publicado en Replicante] ¿Existirá la manera de catalogar a la religión como una adicción en lo que se refiere al ámbito clínico? ¿El lugar de los santos está en los podios del establishment religioso o sobre el diván? ¿La metadona será más efectiva que Dios o viceversa? Si bien este texto no pretende dar una respuesta categórica a la sentencia marxista que lo bautiza, sí busca explorar la pregunta postulada mediante aproximaciones metodológicas, desde una disciplina que pocas veces se asocia con la religión: la ciencia. Es aquí justamente donde tiene un papel decisivo la pericia de Gady Zabicky —médico psiquiatra y adictólogo, quien formó y dirigió la Clínica de Trastorno Dual dentro del Programa de Investigaciones Relacionadas con Sustancias del Instituto Nacional de Psiquiatría (INP), en México; su trayectoria académica comenzó en esa institución y continuó en la Universidad Rockefeller en Nueva York, donde se enfocó en la genética de las adicciones y las clínicas de metadona. Zabicky también forma parte del Colectivo por una Política Integral hacia las Drogas (Cupihd)—, pues se requiere de  mucha destreza para poder llevar a cabo esta frágil danza entre el rigor científico y ese halo de ambigüedad que suele rodear al esoterismo. Las palabras fueron extirpadas quirúrgicamente de una larga y suculenta conversación en torno al leitmotiv que propone el título. Todas ellas, las que se desplegarán a continuación, son autoría del doctor Zabicky: “La etimología de adicción se remonta a los jueces de la antigua Grecia. Interesantemente, tiene mucho que ver con el juego o, si se prefiere, con la ludopatía. Cuando alguien no podía pagar una deuda, el juez dictaminaba: ‘tú estás adictum de él’, a lo que él diga;  en otras palabras, estás sometido a su decisión. Y de allí viene esta evolución del término: estás sometido a lo que la droga o a lo que la conducta te lleva a hacer. Estás a decir o a dicho de la sustancia y de la conducta. Ahora, si nos interesa llevarlo a un ámbito más práctico, podría decir que la adicción es toda una serie de conductas y de fenómenos que le suceden a un individuo que no puede controlar su manera de consumir una sustancia o de ejercer una conducta. Pero yo creo que deberíamos de tratar de marcar una distinción desde ahora, porque vamos a tocar esta división a lo largo de la plática. Hay un mundo que se llama dependencia o adicción a las sustancias, y otro que se llama adicciones a procesos, en donde está el juego patológico, las compras compulsivas, el internet, la pornografía, etcétera, y que si bien sí existen varias cosas en común entre éstas, también tienen diferencias insoslayables, y habría que verlas de maneras distintas. Juana_de_Arco_CLAIMA20120105_0135_24 “Hay un par de fronteras con la psiquiatría, y me gustaría empezar desde este punto, porque siento que es necesario dar este preámbulo. Uno de los grandes problemas de la psiquiatría consiste en que supuestamente los psiquiatras somos los expertos en la salud mental, pero la gran mayoría de las cosas que conocemos sobre la mente del hombre, son a través de la enfermedad mental y no de su salud. Lo cual nos lleva a cuestionarnos ¿qué es la salud mental?, ¿cómo definirla? Y esa definición ha sido muy elusiva. En especial porque hay varias cosas en la vida como la sexualidad, la religión, el arte (entre otras), en donde las fronteras no pueden ser trazadas. Hay un momento en el cual la psiquiatría choca de frente con la libertad, la otredad, el actuar de la gente, y los psiquiatras no podemos partir desde una premisa tan cuadrada como para decir que Dalí estaba loco, digo, posiblemente lo estaba, pero ¿era un loco o un genio?  La misma pregunta podría aplicarse a los dadaístas, tan solo por dar otro ejemplo. Para el Vaticano, Juana de Arco es una santa, ha sido canonizada; para los psiquiatras es un caso de estudio de esquizofrenia paranoica histérica. Entonces, acá hay una línea que no puedes trazar claramente. Hasta adónde una persona, ya sea por una fe o por un acto religioso está atravesando el umbral de la psicopatología. Si tu llevas a un danés o a un sueco un 12 de diciembre a La Villa, y les muestras a las personas que vienen hincadas sangrando de las rodillas porque están en penitencia, te dirían que eso es una locura, es un acto de autoflagelación, mientras que dentro del contexto mexicano es completamente normal. O si nosotros como mexicanos somos testigos de una ceremonia vudú y vemos cómo esta gente entra en trance y lo que les sucede; aquí en México tendríamos que hospitalizar a una persona que presentara esta conducta. vudu3 “Desde hace unos aproximadamente 25 años contamos con un aparato conocido como Resonancia Magnética Nuclear que, se ha convertido en una herramienta fundamental para las neurociencias. Porque tiene una forma de aplicarla que se denomina resonancia magnética nuclear funcional. Entonces tú puedes detectar cambios en el metabolismo del cerebro mediante ciertos paradigmas. Lo que significa que podemos tener a un sujeto vivo en un resonador, con una imagen que indica cómo está funcionando su cerebro, no en términos anatómicos, sino de cómo el cerebro está consumiendo glucosa u oxígeno. Entonces, por ejemplo, si tú le pones una fotografía de una mujer en una postura explícitamente sexual, vas a ver cómo se activan ciertas zonas del cerebro que corresponden a esta función cerebral. Esto se puede lograr con cualquier paradigma, para así, ubicar qué zona del cerebro se echa a andar con determinados estímulos. Efectivamente, si tú le tomas un estudio cerebral a las personas que llegan a estos estados de trance religioso, vas a detectar que algo muy especial ocurre en sus cerebros. La cuestión es que no es específico para el trance religioso, porque si le tomas ese mismo estudio a una persona que le están anunciando que ha sido nominada para el Óscar, vas a toparte con una imagen similar, lo mismo que si sometes a esta prueba a una madre que amamanta a su hijo por primera vez. No sé hasta dónde podemos catalogar estos estímulos como una suerte de dependencia. El hecho de que la naturaleza nos dotó con este sistema para que sintamos mucho placer al realizar ciertas actividades, está diseñado para sobrevivir como especie. Todas las demás cosas que hemos generado como humanos se montan en este circuito de la recompensa: los deportes atléticos, los juegos de azar, las drogas, etcétera. “Para pacientes dependientes a los opiáceos por un período mayor a seis meses, con un diagnóstico basado en el DSM-5*, es mil veces más efectiva la metadona que Dios. Y me refiero a ellos como dependientes en lugar de adictos, heroinómanos, cocainómanos, teporochos, etcétera, porque son pacientes dependientes a una sustancia X, y así es como se les debe de llamar siempre. Ciertamente, una gran fracción de las personas que se recuperan de un proceso adictivo, recurre a algún tipo de apoyo espiritual. Es una parte de las tradiciones, de las máximas de Alcohólicos Anónimos, que el alcoholismo es una enfermedad trifásica, entendiéndose como una enfermedad física, psicológica y espiritual. Si tú observas los doce pasos de AA, cuatro de ellos tienen que ver con el poder superior. oracion de la serenidad “Me rehusaría a caer en la definición de alguien adicto a Dios, en cambio estoy completamente claro de que hay personas que se vuelven adictas a ciertas sustancias. Hay gente que reza todos los días, que musita brajót**, que se inclina cinco veces al día hacia la Meca, como tú quieras, pero ¿en dónde uno puede trazar esa línea?,  ¿en qué momento se vuelve una adicción? No hay una definición operativa de esto que sugieres, no la hay. Por ejemplo, alguien que se flagela en la espalda, ¿por el solo hecho de sangrar se convierte en una patología? No lo sé, porque de la misma manera al perforarte un arete o hacerte un tatuaje, implica también transgredir esta frontera física de tu cuerpo y no por ello podemos decir que estás loco. No es una respuesta categórica de ausente o presente, positivo o negativo, no puede ser de esta manera, pero sí, definitivamente podemos hablar de personas que corren 5 kilómetros diarios y que cuando dejan de hacerlo, se sienten realmente mal: no se concentran, están malhumorados, no funcionan igual, no logran conciliar el sueño. Estoy haciendo referencia a una abstinencia a una conducta, ésta es la palabra clave aquí, es la conducta lo que interesa. Y que esta conducta me genera una situación de mucho placer, es una conducta que me agrada, cerebralmente es un reforzador positivo, como le llamamos en el ámbito de la psiquiatría, y una vez que el cerebro encuentra esta fuente de estímulos, es muy difícil convencerlo de que deje de hacerlo. Entonces, efectivamente hay personas que todos los días tienen que correr para poder sentirse bien. Piénsalo de esta forma, todos los que hemos estado enamorados con amor apache; ese primer amor de los 17 años es algo durísimo que le sucede al cerebro (se liberan oxitocinas, endorfinas, dopaminas, encefalinas y serotoninas). Una vez más Darwin nos proveyó con esto, porque en la edad en la que debemos de reproducirnos, el cerebro te hace ver a una mujer y te impulsa a no detenerte hasta embarazarla. Porque quieres que tus genes sigan adelante. Esta conducta es algo que se medía por transmisores cerebrales superpotentes. Qué es lo que sucede cuando llevas una relación increíble, en el mero hervor de un año, con la primera mujer con la que llevas una vida sexual libre y estás enamoradísimo y, de pronto, ella te dice ‘hasta aquí, gracias por haber participado’. Lo que tú sientes es un síndrome de abstinencia. No puedes dormir, sientes náuseas, estás deprimido, tiemblas, sueñas con esta mujer, que es lo mismo que le sucede al tipo que deja de beber o de meterse cocaína: sueña que sigue consumiendo las sustancias en cuestión. “De manera muy interesante no hay ningún ritual religioso del que me hables, en donde no haya una sustancia de por medio. Por ejemplo, el vino de los judíos y los cristianos, aunque sea un solo trago, pero lo que es importante resaltar aquí es la representación: es Dionisio, es Quetzalcóatl que fue corrido de su tribu por ponerse una borrachera de 50 conejos, es el peyote de los huicholes, el café de los musulmanes, cualquiera que sea, no puedes conciliar la religión sin estos elementos. “Los científicos biológicos nos encontramos frente a un problema epistemológico muy fuerte. Nos habíamos planteado en 1990 que nos íbamos a tardar hasta dentro de siete años en esclarecer el genoma humano. Nos tardamos 10 años menos de lo previsto. Otra cosa que fue muy preocupante, casi como abrir el cofre de un auto para darte cuenta que éste no tiene motor; calculábamos encontrarnos con poco más de 110 mil locaciones, sólo para descubrir que no eran más de 30,000. Nos dimos cuenta de que nos faltaban un montón de notas. Fue cuando entendimos que la cuestión iba por la epigenética. No es que el gen A nos lleve al genotipo B, sino que el gen A + el X + el Z + el ZXB nos dan el genotipo. Y esto es tan complejo como multiplicar 30, 000 por 30,000, ése es el número de combinaciones posibles para poder explicar un genotipo. Lo que sabemos al día de hoy es que el gen se expresa, porque está programado para expresarse, pero que el medio ambiente también influye en cómo se expresa ese gen. Dicho de otra manera, si pudieras poner a un sujeto originario de alguna etnia africana durante 10 mil años en la Antártica, iría perdiendo la melanina. “Si le preguntas a cien adictólogos qué es una adicción, te vas a encontrar con 99 definiciones distintas. Hay maneras muy diferentes de entenderla porque hay muchas escuelas, muchas perspectivas y muchas maneras de opinar sobre ello. Quizá el factor denominador común de todas, es la noción de la pérdida de control. Entonces ¿de qué manera aplicas este concepto? En otras palabras, ¿cómo aplicas la pérdida de control sobre qué tan religioso es un individuo? Yo entendería que puedo jugar hasta darle en la madre a la economía de mi familia, o que puedo beber hasta partirle el queso a mi hígado, o que puedo fumar marihuana hasta convertirme en un hongo que no habla con nadie más que con su dealer. ¿Cómo aplicar esto a la religión? ¿En qué momento demasiada religión se puede volver algo que contribuya a que se disminuya mi funcionalidad, a que me haga daño a mí mismo, a que sufra mi cuerpo, mi matrimonio? “Para echarle otro ingrediente al caso. Surgió una corriente neurocientífico filosófica denominada The Mysterians que parte de un principio muy interesante que postula lo siguiente: si nuestro cerebro fuera tan sencillo como para comprenderlo de la misma manera como comprendemos una televisión o una computadora, no nos estaríamos haciendo las preguntas que nos hacemos. Es un oxímoron. Seríamos un robot autómata que es algo incomparable con la complejidad de nuestro cerebro. Siempre que pienses en las neurociencias, el fenómeno que observas, por definición, es mucho más complejo de lo que comprendes. Es decir, ¿esta zona de la dopamina tiene relación con el circuito de la recompensa? Sí, pero habría que pensarlo en términos de una sinfónica. Tú tienes 300 instrumentos, pero basta con que una sola viola esté desafinada para romper la armonía, pero tienes que contemplar a toda la sinfonía, no puedes limitarte a señalar sólo el oboe o el clarinete, esto no existe en lo que se refiere al cerebro. Uno de los lugares comunes entre la gente es pensar que los seres humanos sólo usamos un cuarto de nuestro cerebro, lo cual no es cierto. Hay momentos en los que activamos un 99 por ciento de nuestro cerebro. Al día de hoy este paradigma es irrelevante, ya sabemos perfectamente para qué sirve cada parte del cerebro. De la misma manera, podemos relacionar todo lo dicho con anterioridad a preguntas tan populares como ¿qué onda con toda esta banda como Yuri o el integrante de Control Machete que recurren al cristianismo —en estos casos específicos— para curarse?  Si tú lees los escritos de Freud, sobre todo hacia el final de su vida, en más de una ocasión menciona que todo lo que él propone, léase el psicoanálisis, va a funcionar hasta el momento en que logremos descifrar cómo funciona el cerebro. En este sentido no existe nadie más antifreudiano que el mismo Freud. Él sabía que la relevancia de sus teorías caducaría el día en que comprendiéramos la neurofisiología humana. Y eso es precisamente lo que está sucediendo. Hoy por hoy el psicoanálisis ya no cura nada, es una mera costumbre aristocrática. Hoy en día, los problemas mentales se resuelven a través de la medicina. De la misma manera que ahora nos refugiamos en AA y en el poder superior y en el ‘sólo por hoy Dios mío ayúdame para no beber’ por el simple hecho de que no contamos con una respuesta más atinada. Habrá un momento en que la vamos a tener, y ése mismo día se acabará Alcohólicos Anónimos. Ya llegará el día —y puede que éste llegue durante el transcurso de nuestras vidas— en que yo pueda decirte ‘a ver, tú naciste con un genotipo que con estas células madre que vienen modificadas vas a poder volver a beberte un tequila antes de la comida’. Digo, cometeremos errores y retrocederemos y volveremos a intentarlo, pero si algo hemos aprendido de la ciencia es que podemos construir todo lo que nos proponemos, la ciencia ficción ya no existe. Estamos ubicados en un punto inédito de la humanidad. Así como tuvimos el siglo de los descubrimientos, el de la circunnavegación, la revolución industrial, etcétera, hoy en día, además de la era cibernética, nos encontramos en el siglo de la mente. Ya no estamos en pañales. freud “Otro punto importante para lograr ilustrar la gran problemática que existe en poder clasificar la religión como adicción. Imagínate un anexo de Alcohólicos Anónimos o de Narcóticos Anónimos. Estás bebiendo todo el día, estás fumando piedra todo el día, te apaño con los de la camioneta, te meto en una mazmorra y a ver cómo te va, viejo. Dentro de seis meses vas a salir sin consumir. Te vamos a dejar caer la doctrina y todo lo que ésta conlleva. Pero si hay algo de lo que estamos seguros es que una vez allí adentro, no vas a poder beber alcohol, ni fumar coca, ni apostar, ni consultar sitios pornográficos en internet. Pero ¿cómo le haces en un anexo para religiosos? Porque la religión está en la cabeza. Lo único que necesito hacer para incurrir en mi conducta es rezar. ¿Cómo caería yo en un síndrome de abstinencia? Es un constructo amorfo. Sí es cierto que ha muerto más gente a causa de la religión que por las drogas, pero por todo lo dicho anteriormente, es muy difícil catalogar la religión como una adicción”. No obstante, este reportero seguirá intentándolo. ——————————————————————————————————————————————————————————– *DSM-5 El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. **Brajót: “Bendiciones” en hebreo.

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Publicado mayo 9, 2014 por arivolovich
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Apocalipsis ahorita: la vida es una sala de espera

Publicado enero 10, 2014 por arivolovich
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Predicadores, lunáticos, charlatanes, fundamentalistas, profetas lúcidos o pordioseros esquizofrénicos, todos ellos han estado anunciando el fin del mundo desde que existe la conciencia colectiva del mismo. La historia está plagada de líderes espirituales carismáticos —sobra mencionar a los protagonistas de las tres grandes religiones— que aparecen para promover su concepto del paraíso y ofrecer una contrapropuesta al desencanto y al tedio de un mundo lleno de sufrimiento, de gobiernos injustos y de burócratas desalmados. Si bien los apocalípticos difieren en los incentivos, la religión, la filosofía o los cálculos que los llevan a predicar la catástrofe final, hay un patrón de conducta que los caracteriza. Existe la promesa de la redención a través de una “corrección” espiritual para lograr la salvación, ya sea de un grupo selecto o de la humanidad entera. Eventualmente y sin excepciones, todos comparten un profundo sentimiento de decepción o, en su defecto, la muerte.

Los milleristas la llamaron “la Gran Decepción” después de experimentar en carne propia las profecías incumplidas de su líder, William Miller, en lo que llegó a ser uno de los fenómenos de catastrofistas más famosos del Continente Americano. Miller era un granjero originario de Low Hampton, Nueva York. Víctima de una profunda obsesión, William pasó años encerrado en su granja con la intención de descifrar las Escrituras Sagradas. A pesar de que para 1818 Miller estaba convencido de la precisión de sus cálculos, no fue sino hasta cinco años después cuando se dispuso a exponer los frutos de su interpretación ante la luz pública. Miller aseguraba, basándose en la profecía de Daniel 8:14 (“Y él me dijo: Hasta dos mil y trescientos días de tarde y mañana; y el santuario será purificado”) e iniciando su cuenta a partir del decreto de Artajerjes I para la “reconstrucción” de Jerusalén en el año 457 a.C., que la Segunda Venida de Cristo estaba fijada entre el 21 de marzo de 1843 y 1844. El primer minuto del 22 de marzo de 1844, en lo que seguramente fue el silencio más incómodo registrado en la historia y mientras presenciaba su terrible fracaso reflejado en los miles de rostros alargados de sus seguidores —quienes se habían congregado en los puntos topográficos más elevados de Estados Unidos—, Miller se apresuró a retomar sus notas para tachar, corregir sus cuentas y concluir que en realidad la fecha verdadera del Segundo Advenimiento se daría en menos de un mes: el 18 de abril del mismo año. Después de un rotundo y conclusivo fracaso, un William Miller desinflado y cabizbajo se disculpó y confesó su error ante una muchedumbre de creyentes inconsolables para ponerle fin a su carrera apocalíptica. No obstante, “la Gran Decepción” llegó meses después durante el amanecer del 23 de octubre del mismo año, cuando algunos milleristas, a pesar del sensato retiro de su profeta, insistieron una vez más en congregarse —basándose en otra interpretación del mismo pasaje, retomada por el predicador adventista Samuel Snow— para volver a encarnar la desilusión.

William Miller fue el impulsor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Casi 150 años después, una secta disidente y desprendida de ésta llevaría sus creencias apocalípticas hasta las máximas consecuencias. Los Davidianos –encabezados por Vernon Howell, quien luego cambiaría su nombre a David Koresh ya que se consideraba el sucesor espiritual del Rey David—, se abastecieron de un arsenal de armas imponente y se encerraron en un fortín construido sobre el Monte Carmel situado en Waco, Texas, convencidos de que las profecías cristianas que anuncian el juicio final estaban por cumplirse, interpretando la Biblia partiendo de pasajes del Apocalipsis. Koresh respondía a las acusaciones que se le hacían respecto al abuso sexual contra menores dentro de su comuna argumentando que poseía un derecho divino que anulaba las prohibiciones aplicadas a su persona. Debido a la preocupación creciente por los informes de inteligencia que señalaban una compra de armas masiva por parte de los davidianos, el Departamento de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego lanzó un asalto contra Koresh y sus adeptos el 28 de febrero de 1993. Seis davidianos y cuatro agentes murieron como resultado del tiroteo. El FBI inmediatamente asumió el mando de las operaciones durante los 51 días que duró el intercambio de fuego entre fanáticos religiosos y agentes federales que culminó el 19 de abril cuando el FBI intentó ocupar las instalaciones del Monte Carmel. Los davidianos prendieron fuego a su refugio matando a 76 de sus habitantes, incluyendo mujeres y niños.

El 19 de marzo de 1997, días antes de suicidarse, Marshall Applewhite aparecía en un video casero donde afirmaba ante una audiencia invisible que “el Planeta Tierra estaba a punto de sufrir un reciclaje” y que nuestra única oportunidad de salvación era “irnos” con ellos. “No estamos diciendo que la Tierra está llegando a su fin, estamos diciendo que la Tierra está a punto de reformarse y prepararse para la llegada de otra civilización humana”, aseguraba. Applewhite, entre otras cosas, decía ser el heredero de la mente de Cristo. Applewhite y Bonnie Lu Nettles fueron los fundadores de Heavens Gate: un combo compuesto de cristianismo y ciencia ficción. Los miembros de este culto creían que el Hale-Bopp —un cometa particularmente brillante— era la señal que les indicaba que tenían que deshacerse de sus cuerpos terrenales (sus “recipientes”) para poder abordar la nave espacial que se encontraba detrás del cometa y que los llevaría a un plano de existencia más alto. A finales de marzo de 1997, la policía encontró los cuerpos inanimados de los 39 miembros del culto que se suicidaron por turnos —unos ayudaron a otros a ingerir la mezcla de fenobarbital y vodka— dentro de una mansión en el Rancho de Santa Fe, a las afueras de San Diego, California. Todos ellos calzaban tenis nike negros y ocho cuerpos estaban castrados. En 1970 Applewhite se internó en un hospital psiquiátrico con el propósito de callar las voces que sólo él podía oír y para “controlar sus deseos homosexuales”. Fue en ese hospital donde conoció a Nettles, quien trabajaba como enfermera. Casualmente, ella fue la encargada de alimentar y validar las alucinaciones de Applewhite para así crear un culto que homenajeó como pocos la estupidez colectiva.

El new age no se ha quedado al margen de las profecías apocalípticas. Uno de sus representantes de mayor vigencia hoy en día es el estadunidense José Argüelles: fundador del Instituto de Investigación Galáctica de la Fundación para la Ley del Tiempo. Argüelles se dio a conocer en el mundo en agosto de 1987 por haber promovido la “Convergencia Armónica”: un evento esotérico celebrado paralelamente en lugares “sagrados” alrededor del planeta. En 1998, Argüelles se declaró muerto para poder reencarnar como el sucesor de Pacal Votan (también conocido en las leyendas mayas como “el Señor del Tiempo”) con el nombre de Valum Votan. El hecho de que Argüelles (akaValum Votan) nunca estudió astrología, arqueología o antropología —es doctor en historia del arte— no le ha impedido dedicarse a distorsionar y reinterpretar a su antojo uno de los calendarios mayas: el Tzolk’in (a cada día del Tzolk’in se le asigna uno de 20 nombres y uno de 13 números, formando un ciclo de 260 días), ofreciendo como resultado una versión híbrida compuesta de una mezcla improbable entre la antigua civilización mesoamericana y un inquebrantable espíritu new age, en franco desafío de las leyes de la ciencia con sentencias construidas con base en un vocabulario tan disperso e impreciso como el de un horóscopo. Según Argüelles, existe una “cultura galáctica cuatridimensional cuya esencia radica en el conocimiento espiritual”; este conocimiento se puede adquirir a través del cultivo del holón. El holón, explica Argüelles, “es la estructura enteramente cuatridimensional de nuestra alma y mente” que hemos perdido debido a nuestro “escepticismo materialista”. Según Valum Votan, nuestro error radica en vivir y concebir el universo de manera tridimensional y en nuestra percepción artificial del tiempo que está provocando una acelerada separación del “orden natural del universo”. Argüelles, sus colegas y los seguidores de su Calendario de las 13 Lunas están convencidos de que hay dos tipos de seres humanos: los noosféricos (quienes cuentan con este “órgano sensorial planetario que permite una apertura hacia una conciencia galáctica”) y los no-noosféricos. La interpretación de Valum señala el 2012 como el año que marca el final del Gran Ciclo dentro del calendario maya. Para poder sobrevivir lo peor la humanidad tiene que apresurarse y adaptarse al “tiempo natural”. Según sus cálculos, el margen de tiempo que tenemos para poder hacer el cambio y adoptar el Calendario de las 13 Lunas y 28 Días empezó el 26 de julio de 2004 y termina el mismo día del 2012. Los interesados o futuros creyentes pueden aportar con un donativo a la causa del Instituto de Investigación Galáctica. Lo único que tienen que hacer es entrar al sitio web (www.lawoftime.org) donde le aseguran a los contribuyentes potenciales que todas las ganancias benefician el Plan de Paz Universal antes del 2012 de la Fundación para la Ley del Tiempo. Y como prueba de la seriedad detrás de este indispensable estudio cósmico, los donativos se pueden hacer obedeciendo los ciclos lunares. La “Donación Lunar” —así aparece publicada en el sitio— varía de siete a mil 40 dólares y el monto seleccionado es deducido de la tarjeta de crédito al mejor estilo del Calendario Maya: cada 28 días.

Pero dejemos atrás la humedad asfixiante de Palenque y sacudámonos de encima los delirios mesiánicos y las interpretaciones románticas que nos ofrece un hinchado Valum Votan y posicionémonos frente al enorme muro que se interpone entre el siglo XXI y una autonomía apocalíptica medieval ubicada en el centro-occidente de nuestro país. Y es que México también ha sido escenario de cultos catastrofistas. En las inmediaciones subtropicales del municipio michoacano de Turicato y encima del cerro Poder de Dios (anteriormente conocido como El Mirador) se erige uno de los ejemplos más espectaculares —debido a su imponente infraestructura y los 5 mil fieles que llegaron a habitar este espacio desde todos los rincones de la República— de los sectarismos apocalípticos. Se trata de la Nueva Jerusalén, fundada en 1973 por su líder Nabor Cárdenas Mejorada. Los creyentes de la Nueva Jerusalén aseguran que la Virgen María del Rosario apareció el 13 de junio de 1973 ante la vidente Gabina Sánchez —una campesina avanzada en edad— para señalar a Nabor Cárdenas, quien para ese entonces era sacerdote católico, como el elegido para llevar a cabo una misa en el cerro Poder de Dios. Cada vez más convencido de la autenticidad de estas “apariciones y mensajes”, Nabor buscó el visto bueno de la Iglesia Católica para ganar credibilidad. No tardó mucho en ser excomulgado. No obstante, Nabor se apresuró en construir una ermita y logró hacerse de una cantidad significativa de adeptos. Las peregrinaciones aumentaron en un abrir y cerrar de ojos. Algunos decidieron quedarse a vivir en la Nueva Jerusalén. Dice su mitología que Gabina Sánchez y Nabor Cárdenas debían cambiar sus nombres a Mamá Salomé y Papá Nabor en obediencia al mandato de la Virgen. En 1981, tras la muerte de Mamá Salomé, se creo una fuerte división entre los residentes de la Nueva Jerusalén debido a las disputas de poder para su sucesión. Papá Nabor intervino a favor de su candidata predilecta expulsando a los 4 mil disidentes. En cierto punto de su corta historia, la Nueva Jerusalén contó con 9 mil habitantes. Esta aldea medieval considera que el fax, la televisión, la computadora y el internet, entre otras cosas, no son más que “herramientas de conocimiento satánicas”. Además existen marcadas divisiones jerárquicas —los “consagrados” y los “vivientes”— y se siguen implementando los castigos corporales ante provocaciones tales como el uso de maquillaje. Con el transcurso del tiempo los mensajes de la Virgen se inclinaron más hacia claras advertencias apocalípticas. Los fieles de la Nueva Jerusalén se saben protegidos del fin del mundo. Su fe les sugiere que cuando llegue el momento de la verdad, se abrirán enormes grietas alrededor de la Nueva Jerusalén para aislarlos del mundo y salvarlos. Para un culto apocalíptico la vida no es más que una sala de espera, por eso es que se ha prohibido la reproducción, las escuelas y los centros de salud.

Papá Nabor falleció el 19 de febrero de 2008 a sus 95 años. Su muerte dio paso a una nueva oleada de luchas de poder dentro de la comunidad. Agapito Gómez Aguilar asumió el cargo de vidente como sucesor de Papá Nabor después de una larga y violenta disputa contra sus opositores que provocó la intervención de personal militar en lo que fue la única vez que un organismo laico penetró las puertas de la Nueva Jerusalén.

La demencia, el miedo al vacío o las creencias que uno decide asumir frente a la existencia y el más allá no son las únicas determinantes para querer adoptar una fe avant-garde: basta con sentarse frente a cualquier noticiero durante media hora para que un delirio utópico suene lo suficientemente tentador como para fantasear con la idea de algún confort religioso-conceptual que nos aleje de la “crudeza terrenal”. También queda claro que es reconfortante desmentir la mortalidad con fábulas o teorías vacuas e intangibles. Pero podemos dormir tranquilos: si la existencia del planeta dependiera exclusivamente de la cualidad bondadosa de nuestras acciones o de la pureza de nuestros pensamientos, ni siquiera alcanzaríamos a presenciar el fuego.

“Jet Lag” lejos de los reflectores de la FIL:

Publicado diciembre 4, 2013 por arivolovich
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Para todos aquellos que brillaron por su ausencia —fueron demasiados, aunque iba muy bien acompañado—, va el texto que mi queridísimo amigo y compañero de mil batallas sin objetivos claros, Enrique Blanc, leyó en la presentación de Jet Lag en Palíndromo, al margen de la FIL Guadalajara:

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“Antes que otra cosa, quiero decir, asumirme en esta presentación como un intruso. Y así, como el propio Ari Volovich se torna un consumidor más de Farmacias Similares cuando surge de la botarga del Doctor Simi en uno de los episodios más divertidos de Jet Lag, el libro que presentamos hoy, a mí me gustaría brincar de esta silla y colocarme entre el público para presenciar la que hipotéticamente hubiese sido la reunión de Rogelio Villarreal, quien aquí nos acompaña, y Guillermo Fadanelli. Reunión que no sólo me evoca algunas noches de exceso etílico y divagaciones bohemias durante los dos años que viví como huésped del primero en un departamento oscuro de la calle Veracruz en la Ciudad de México, entre 1999 y 2000, precisamente los años en que conocí y trasnoché en más de una ocasión por las calles de esa urbe con el propio Volovich. Reunión hipotética pues, que a mí, que conozco de cerca los ires y venires de la amistad entre los dos personajes antes referidos, me parecía genial, producto indudable de la perversidad del propio autor de Jet Lag, la misma perversidad que reconozco a medida que avanzo por sus páginas. Pero no, Fadanelli argumentó no sé qué y ahora, yo, que soy uno de los autores que publica en su editorial, debo sentirme tal como quien decide por puro interés periodístico (léase morbo personal) calzarse los zapatos de la botarga del Doctor Simi sólo para ver qué se siente y llenar el hueco de quien varios años atrás decidió fundar una editorial que diera cabida a un grupo de forajidos con bolígrafo como los tres que estamos aquí reunidos.

Dicho esto, quiero confesar que más allá de conocer a Volovich como un agudo y sarcástico observador de la vida, no había llegado a su literatura —llámenle periodismo, si así lo desean— hasta que cayó Jet Lag en mis manos. Y es hasta entonces que finalmente entendí la dimensión que ha tenido para su visión del mundo el haber nacido en la ciudad israelí de Ashdod —cuyo clima urbano tan bien describe en el relato titulado “Ashdod City”— y el caminar por la vida sabiéndose judío, condición que el propio Ari, así me parece que lo ilustra Jet Lag, ha utilizado como un pretexto más para echar a andar los motores de una imaginación aguda, lúdica e inevitablemente salpicada de humor negro.

Quien conozca de cerca a Volovich sabrá que tres de sus rasgos más característicos son: Su compulsión por encender y fumar tabaco, uno. Su recurrencia a tocarse la barbilla, manía que está muy bien ilustrada en las páginas de su libro, y que lleva a cualquiera a pensar que cavila con profundidad sobre algún asunto… de nimia importancia, dos. Y tres, sus estridentes carcajadas, las que imagino que suelta cada que de su cabeza brotan los aforismos que, a la par de reflexiones, crónicas y relatos, dan forma a Jet Lag, libro que en ese sentido es una suerte de miscelánea literaria y en el que la variedad y la sorpresa con las que uno se topa a cada vuelta de página, figuran entre sus virtudes. Cito uno a continuación, sólo para dejar testimonio de la chispa de genialidad que varios de éstos exhiben: “¿Si un rabino se golpea la cabeza ve estrellitas de David?”

Me gusta sobremanera la metáfora con que Volovich, en un par de ocasiones, simboliza su compulsión por abstraerse de la realidad, comparándola con el hecho de pasar uno o varios minutos bajo el agua, obvio, sin respirar. “Me gustaría quedarme aquí —escribe en la página 56 del libro—, al menos hasta que todo termine; pero el instinto de supervivencia —ese chip integrado, cortesía de la casa­— desobedece mis intenciones forzándome a salir a la superficie, derrotado por mis propias limitaciones.”

No obstante el tono de ironía que subyace en muchos de los textos que reúne Jet Lag, hay otro tratamiento que de igual manera impacta en la escritura de Ari Volovich y que tiene más que ver con la desazón, con la propia pesadumbre con que él los impregna. Destaco “Al-Jazeera Express”, el que abre el libro, y uno de mis favoritos. Una crónica que linda con el relato, en la que la tensión dramática conseguida con oficio está ligada al hecho de que en Medio Oriente —la anécdota acontece en Jerusalén— cada nuevo pasajero que sube al autobús urbano donde viaja el protagonista, resulta una amenaza que los demás escudriñan con recelo y clasifican de acuerdo a su apariencia. La posibilidad nada improbable de que algún terrorista elija ese vehículo para inmolarse es algo que está presente en el cálculo que todo habitante de esa región parece tener en cuenta cada que sale a la calle. “El autobús arriba a la terminal. Al fin los semblantes pueden descansar. Se ven adoloridos”, puntualiza Volovich en el párrafo que pone fin al episodio.

Otro texto en el que este sentimiento se percibe es “Viñeta de la posguerra”, en el que Volovich escribe en su primer párrafo: “Incluso el vuelo de las palomas muestra un dejo de fatiga en el Israel de la posguerra. El calor no ayuda. Los automóviles parecen fusionarse y arrastrarse sobre el asfalto como caracoles mutantes a lo largo de las autopistas principales, como una alegoría burda que refleja el sentimiento colectivo.”

Divertido e ilustrativo es también el episodio en el que Volovich recuerda sus penurias como tanquero en el Ejército de Defensa Israelí, al que burló primero, y del que desertó después, por razones que se antojan más que lógicas, en “Diciembre de 1993”.

Antes de concluir diré que Jet Lag nos extiende el pasaporte que ilustra su portada para que nos internemos por ciudades como Tel Aviv, Jerusalén y Ashdod, a través de un viaje con ojos y oídos bien abiertos, y la mirada profunda y afilada de su autor. Un viaje cuyo periplo temático deambula entre la comedia irremediable de una región del Medio Oriente marcada por sus irresolubles e impenetrables contradicciones y la tragedia terrorífica de sus víctimas, como las que animan el escalofriante relato “Bajo un mismo cielo”, en el que, como el propio Volovich lo describe: “un soldado israelí y un guerrillero del Hezbollá, ambos con la piernas y los brazos mutilados por la batalla librada la noche anterior, quedaron acostados cara a cara sobre el fango.” En otras palabras, como bien hace notar Villarreal en la introducción del libro, en estos cuentos “el autor transita angustiosamente del infierno en el Medio Oriente, al infierno semitropical mexicano”. Y yo entiendo que dicha frase debe aludir, precisamente, a la experiencia inexplicable de pretender convertirse en el Doctor Simi por quince minutos, en la aventura suicida de meterse en una botarga un día caluroso en la Ciudad de México. Una prueba más del arrojo y la vehemencia de este escritor con desplantes de kamikaze.

En lo personal, ahora sí creo que concluyo, me quedo sobre todo con los textos de más largo aliento, aquellos en los que no sólo está el Volovich suspicaz e irónico de aforismos y prosas, sino también el narrador pulcro y resuelto que brinda a Jet Lag las que sin duda son sus mejores páginas”.

Breviario de la literatura judía:

Publicado noviembre 30, 2013 por arivolovich
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[extraído de la Agenda de la luna de la editorial Resistencia]

Para poder alcanzar una definición más puntual de la literatura judía, tendríamos que reunir las siguientes características: toda obra escrita por judíos sobre temas judíos, o bien, cualquier trabajo literario escrito en lenguas judías (entiéndase: en hebreo, yidish o ladino).

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El  yidish (su traducción literal significa “judío”): Idioma que se originó en Alemania medieval y que se extendió a través de  Europa Central y  Europa del Este,  hasta llegar a América y otros destinos de migración judía. Gran parte de su sintaxis y de su léxico proviene del alemán, aunque también se vio influenciada por las lenguas eslavas, por el hebreo y el arameo, con adiciones de otras lenguas locales. La ortografía del yidish utiliza los caracteres del alfabeto hebreo. Aunque este idioma aún se conserva por ciertas fracciones de la comunidad asquenazí (los judíos descendientes de las zonas mencionadas) alrededor del mundo, quienes actualmente la mantienen en vigor son principalmente los judíos ultra-ortodoxos asquenazíes que consideran el hebreo como una lengua sagrada que, por ende, sólo debe de ser empleada en las plegarias, o para  el estudio de la Torá.

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El ladino (también conocido como judeoespañol o djudezmo): Idioma hablado por los judíos sefardíes (Sfarád significa “España” en hebreo) quienes habitaron la Península Ibérica hasta su expulsión en 1492 por órdenes de Isabel I de Castilla (Isabel la Católica). El ladino es un derivado directo del castellano medieval y hoy en día incluye rasgos de otras lenguas de los países en los que los judíos se establecieron después de su expulsión de España —como lo son Turquía, Grecia, etcétera— además del hebreo.

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Si partimos del entendimiento de que tanto la Torá (el Pentateuco) como el Talmud (interpretación de la Torá que abarca siglos de discusiones rabínicas enfocadas principalmente a las tradiciones, las costumbres, las historias, las leyendas y las leyes judías) se nutren de distintas fuentes literarias, bien podría decirse que la antología es la forma más representativa y antigua de la literatura judía.

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Salvo la producción literaria de los judíos andalusíes quienes se asimilaron a la cultura árabe dominante de la Península Ibérica del siglo X (la denominada literatura hispanohebrea), entre la cual destaca la obra del médico, filósofo y poeta Yehudah Halevi, y algunas notables excepciones como lo fueron las aportaciones de Moshé ben Maimón (mejor conocido como Maimónides) a la filosofía medieval, o del mismísimo Baruch Spinoza (quien es considerado uno de los grandes filósofos racionalistas del siglo XVII); antiguamente el pensamiento judío estaba consagrado principalmente a temas estrictamente religiosos, tomando en cuenta que los textos pertenecientes a la corriente mística de la Kabala como lo es el Zohar (resplandor), entre otros, no se desprenden del referido contexto.

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No obstante, durante el siglo XVIII surgió el movimiento de La Haskalá (El Iluminismo Judío) que jugó un papel crucial en el consecuente auge y expansión del pensamiento judío en general, así como en la literatura judía secular en particular. Los padres intelectuales del movimiento de La Haskalá (“educación” en hebreo) fueron el filósofo judeo-alemán Moses Mendelssohn (1729-1786),  su compatriota, el traductor y escritor Aaron Halle-Wolfssohn (1754-1835) y el escritor judeo-austriaco Joseph Perl (1773-1839). Este movimiento responde a la creciente urgencia de integración —la cual les había sido negada a los judíos por medio de la segregación étnico-cultural, largamente impuesta por los gobernantes en turno— y acceso al conocimiento universal que la población judía fue acumulando durante siglos. Dicha integración suponía, naturalmente, un conflicto con el apego a las formas tradicionales de la religión al encauzar el intelecto hacia una corriente  universalista, racionalista y secular. Mucho le debe la literatura judía —al igual que todas las formas de expresión intelectuales y artísticas— a este movimiento. Gran parte de la literatura judía contemporánea comprende a autores que relatan la vida cotidiana de sus comunidades en diversas partes del mundo, sus conflictos, relaciones, movimientos políticos, transformaciones y migraciones. También existen textos sobre el pensamiento y las costumbres judías. A la vez, es importante mencionar la atención que recibe el Estado de Israel a partir del nacimiento del movimiento sionista.

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Dentro del marco de los parámetros que definen a la literatura judía, como se menciona al inicio, podríamos postular —no sin antes asumir el riesgo de exclusión que se corre siempre que se despliega una letanía de esta índole— a las siguientes plumas como las grandes exponentes de la literatura judía moderna: Sholem Aleichem, A. B. Yehoshúa, Y. L. Peretz, Hayim Nahman Bialik, Theodor Herzl, Saúl Tchernijovsky, Méndele Mojer Sforim, Amos Oz, David Grossman, Meir Shalev, Martin Buber, Aharon Appelfeld, Shulamit Hareven, Eli Amir, Zvi Greenberg, Yehuda Amijai, Nathan Alterman, S. Izhar, Shmuel Yosef “Shai” Agnon, Sami Michael, Anita Diamant, Sholem Asch, Phillip Roth, Nelly Sachs, Saúl Bellow, Stefan Zweig, Howard Fast, Leon Uris, Bernard Malamud, Yoram Kaniuk, Primo Levi, Imre Kertész e Isaac Bashevis Singer.

 

 

 

 


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