Archivo para agosto 2013

Herodes el bueno

agosto 11, 2013

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El 27 de abril de 2007, a escasos kilómetros de Belén, Ehud Netzer (arqueólogo israelí de la Universidad Hebrea de Jerusalén) sacudía la espesa capa de polvo que hasta entonces desdibujaba una de las figuras más emblemáticas de la Biblia y del mundo antiguo. A más de 2000 años de su muerte, Netzer había logrado dar con la tumba de Herodes el Grande. El tetrarca descansaba sobre una vertiente de Herodión (el palacio-fortaleza construido por el monarca en el desierto de Judea). Los dos milenios de distancia no aminoraron el impacto que este hallazgo tuvo sobre el mundo occidental ya que el antiguo rey de Judea goza de una de las peores reputaciones dentro de la cultura judeocristiana. Los judíos lo acusaban de traidor debido a sus concertacesiones con el Imperio Romano mientras que los cristianos lo recuerdan como el infanticida que intentó matar al niño Jesús —el medioevo se encargó de reforzar esta idea apoyándose de una campaña propagandística que representaba a Herodes, entre otras cosas, conversando con el mismísimo Lucifer—. Pero no existen documentos históricos que avalen el infanticidio en Belén; los únicos pasajes que describen esta supuesta matanza están en el Evangelio de Mateo:
2:1 Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto desde el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo, Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta […] Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando lo halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y lo adore […] Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen con Herodes, regresaron a su tierra por otro camino […] Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores.

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La Biblia está muy lejos de ser un testimonio objetivo de los sucesos históricos y algunos expertos creen que existe una analogía intencional entre esta matanza descrita en el Nuevo Testamento y la ordenada por el faraón de Egipto la víspera del nacimiento de Moisés. Pero hoy en día contamos con los recursos científicos necesarios como para analizar la veracidad de este crimen de proporciones bíblicas. Los cálculos de Netzer absuelven a Herodes ya que indican que nuestro villano murió cuatro años antes del nacimiento de Jesús. ¿Qué mejor coartada que la muerte? Si bien este descubrimiento refuerza la teoría sobre la inocencia de Herodes en lo que se refiere al infanticidio de Belén, no logra exculparlo de una extensa serie de atrocidades perpetradas durante su reinado con las que se ganó el miedo y respeto de sus súbditos. Entre éstos resalta el asesinato del hermano de una de sus diez esposas (la princesa hasmonea Mariamne) en el año 35 a.C., quien era un sacerdote muy respetado del Segundo Templo. Herodes veía en la popularidad de su cuñado una amenaza que atentaba directamente en contra de su trono, por eso lo mandó matar ordenando que lo ahogaran en la piscina de su palacio en Jericó. Su matrimonio con Mariamne, en parte, respondía a una movida política que tenía como propósito generar una alianza con los hasmoneos (descendientes directos de los macabeos, tradicional casta de reyes de Judea; la monarquía hasmonea gobernó durante los setenta años anteriores a la invasión del Imperio Romano en 63 a.C), pero también obedecía al amor que sentía por la princesa. Esto no fue impedimento para que la asesinara —en 29 a.C.— debido a un arranque de celos alimentado por su hermana Salomé. Cabe recalcar que Herodes nunca se había visto tan profundamente atormentado y arrepentido a consecuencia de su temperamento violento que después del asesinato de su amada. Ni siquiera cuando, hacia el final de sus días, asesinó a tres de sus doce hijos por sospechar que éstos tramaban una conspiración en su contra. El astuto emperador Octavio Augusto dijo al respecto: “Preferiría ser el cerdo de Herodes antes que el hijo de Herodes”.
“La enfermedad de Herodes se agravaba día a día, castigándole Dios por los crímenes que había cometido. Una especie de fuego lo iba consumiendo lentamente, el cual no sólo se manifestaba por su ardor al tacto, sino que le dolía en el interior. Sentía un vehemente deseo de tomar alimento, el cual era imposible concederle; agréguese la ulceración de los intestinos y especialmente un cólico que le ocasionaba terribles dolores; también en los pies estaba afectado por una inflamación con un humor transparente y sufría un mal análogo en el abdomen; además una gangrena en las partes genitales que engendraba gusanos”, escribió el historiador del siglo I y biógrafo de Herodes, Flavio Josefo (37 d.C-102 d.C.), basándose en los escritos de Nicolás de Damasco, filósofo, consejero e íntimo amigo del rey. Según algunos científicos aventurados, los síntomas que describe Josefo apuntan hacia una insuficiencia renal crónica en etapa terminal combinada con gangrena de Fournier, una aflicción muy rara hoy en día. Juzgando entre otras cosas por la matanza de sus hijos y porque cambió más de seis veces su testamento, parece un hecho irrefutable que los delirios paranoicos de Herodes se incrementaron estrepitosamente hacia el final de su vida.

 

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Pero Herodes el Grande fue mucho más que un asesino desalmado o un padre disfuncional. Durante los años que gobernó Judea (desde que conquistó Jerusalén en 37 a.C hasta su muerte en 4 a.C) no sólo se mostró como uno de los constructores y urbanistas más importantes de su época sino que también se destacó por ser uno de los diplomáticos más versátiles de la historia. A pesar de que su origen (de madre árabe y padre edomita) le negaba un puesto dentro de la élite monárquica hasmonea y que siempre fue visto por sus súbditos judíos como un extranjero y traidor debido a su idiosincrasia pagana —que hoy llamaríamos liberal—, Herodes pudo afianzarse en el trono gracias a dos factores determinantes: la herencia política de su padre —de quien aprendió sobre los beneficios inmediatos que podía traer una alianza oportuna con el Imperio Romano, ya que éste se apoyó de los romanos con el fin de desterrar al príncipe hasmoneo Aristóbulo II para posicionar a su hermano y rival, Hircano II, al mando de Judea— combinada con su talento innato como mediador. Su padre fue envenenado en 43 a.C. por los hasmoneos quienes tres años más tarde ficharían a Herodes como su blanco natural, obligándolo a escapar de Jerusalén: ciudad que conquistaría en el año 37 a.C., ya con una corona oficial impuesta por la mano firme del Senado romano.
Herodes perfeccionó el método de plata o plomo, utilizándolo para lograr un equilibrio y mantener el grosor de la frágil línea que dividía al conquistador de sus conquistados, quienes contuvieron —durante ese periodo— sus intenciones antiimperialistas. Una de las mayores concesiones para sus súbditos hasmoneos fue la construcción del Segundo Templo (el sitio más sagrado del judaísmo. Hoy en día sólo queda como referencia el Muro Occidental, también conocido como el Muro de los Lamentos) sobre el Monte del Templo en Jerusalén. Si bien gran parte de las once fortalezas (Masada, Gebae, Amathus, Alexandrium, Docus, Cyprus, Hyrcania, Maqueronte, Malatha, Esbus y Herodión) ubicadas dentro de los confines del reino de Judea habían sido construidas anteriormente por los hasmoneos, Herodes las reforzó y mejoró para vestirlas del ostentoso glamour romano. Entre las majestuosas edificaciones de Herodes resalta Cesárea, originalmente construida como homenaje al César Augusto. Esta ciudad amurallada contaba con un palacio, un templo, un hipódromo, un teatro y las infaltables piscinas (una marca registrada del rey Herodes) que respetaban la estética del Imperio al pie de la letra. Aún más sorprendente fue el puerto de aguas profundas que descansaba sobre el Mediterráneo y funcionaba como el único portal marítimo de Judea.
Herodes, además de verse forzado a maniobrar y manipular a sus subordinados tenía que complacer, paralelamente, a los altos mandos de Roma. La estrecha relación que sostuvo con Marco Antonio por poco le cuesta su reinado después de que éste fue derrotado y humillado por el ejército de Octavio el 31 a.C. Pero Herodes sacó a relucir su astucia política. Sin reparar en las posibles consecuencias desfavorables, se presentó frente al joven emperador para ofrecerle la misma lealtad que había entregado al ahora comandante derrotado. Con esto, el osado Herodes logró ganarse el corazón de Octavio quien extendió su reinado expropiando terrenos de la amante de Marco Antonio, la reina Cleopatra. Al día de su muerte, el reinado de Herodes el Grande se extendía desde el actual desierto del Négev israelí hasta el río Litani en el Líbano, y del Mediterráneo hasta la oriental Canatha en Siria. Sus habilidades diplomáticas consiguieron mantenerlo al mando de Judea durante 33 años, desde que asumió el poder hasta el día en que sus restos fueron depositados en Herodión. Según señalan Ehud Netzer y sus colegas arqueólogos, todo parece indicar que las marcas de los martillazos sobre el sarcófago de Herodes son producto del vandalismo de los rebeldes judíos durante la primera rebelión antirromana (entre 66 y 72 d.C) por el repudio que sentían hacia la figura del tetrarca. No obstante, los documentos escritos por Flavio Josefo narran que a pesar del odio que despertaba entre los judíos, la procesión fúnebre se dio de manera respetable.
Despiadado, demencial, megalómano, lambiscón, torturador, son tan sólo algunos de los calificativos que podemos adjudicarle a Herodes el Grande y, sin embargo, se trata de uno de los más grandes constructores, estadistas y pacificadores de la historia. ¿Acaso podríamos atribuirle una sola cualidad a nuestros gobernantes?

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Bajo el Volcán

agosto 10, 2013

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Lunes 27 de abril de 2009, 10:30 a.m.
La Ciudad de México parece intervenida por la acidez conceptual de Banksy. Un ciclista atraviesa bruscamente mi campo visual. Clavo la mirada en su tapabocas y lo sigo hasta detenerme sobre las mascarillas de una pareja de adolescentes que simula un beso largo y apasionado para arrancar una carcajada a los pocos transeúntes que caminan en el parque. Sus gestos parecen irritar al sujeto trajeado que está en la banca de al lado, quien frunce su frente detrás de un periódico desplegado para volver a perderse en la tinta fresca. La portada habla acerca de la posible amenaza de una pandemia a causa de la violenta evolución de la influenza porcina y sobre el incremento en el número de muertes. La presencia del virus se refleja en las miradas temerosas de los capitalinos; su figura es trazada por el paso cauteloso de los transeúntes que intentan evitar a toda costa el roce con este leviatán invertebrado.
Recibo una llamada de mi amigo Raúl. Me pone al tanto de las nuevas medidas para la contención de la epidemia; me dice que el gobierno del D.F. está considerando la idea de cerrar el transporte público; de paralizar la ciudad. “Hay algo reconfortante en la histeria colectiva; en esto de tener que combatir a un enemigo común. Es una de las pocas ocasiones en las que me he sentido parte de la sociedad”, confiesa en un tono entusiasmado poco antes de colgar.
“Piénsenlo bien, cabrones: estamos muy cerca de las elecciones; ¿qué mejor que un virus culero para apendejar a la raza? No es más que una movida política; la nueva versión del Chupacabras”, asegura un tipo regordete ante una pequeña audiencia de taxistas que permanecen sentados en la sombra, al lado de una cabina deshabitada. “Este Gobierno es capaz de hacer cualquier cosa con tal de anestesiarnos el culo”, dice uno. “Lo mismo pasó con AMLO y la gente se la creyó todita”, contesta otro para remarcar una solidaridad patentada, y así, sucesivamente, lanzar una docena de teorías de la conspiración que parecen elevarse en el aire hasta entrelazarse con el virus en una danza peligrosa. El estornudo violento de uno de los taxistas hace que el resto se aleje de un brinco, logrando interrumpir, aunque sea momentáneamente, un escepticismo por demás endeble.
Minutos después —a las 11:48—, un fuerte temblor sacude el Distrito Federal, recordándonos que, al igual que nosotros, la naturaleza también tiene un sentido de humor torcido. “¿Esto también es un complot?”, pregunta con un sarcasmo nervioso uno de los taxistas.
En cuestión de segundos, brigadas de oficinistas inquietos salen de los edificios y se amontonan en los camellones como sobre botes salvavidas. Casi todos llevan el rostro cubierto con tapabocas. Esto parece una convención anual de asesinos seriales —murmuro mientras me abro paso entre la gente. “¿Qué más nos puede pasar?”, pregunta una señora. “¿Nos están castigando?”, añade su compañera con la voz quebrada. El pánico que ha sembrado este bicho es un afrodisíaco para los predicadores apocalípticos —digo para mis adentros. Más de una religión se ha creado a raíz de la histeria colectiva —resoplo mientras pienso en la amenaza de una pandemia religiosa mucho más violenta y devastadora que cualquier virus.
Suena mi celular. Es mi hermano. “¿Ya oíste las declaraciones del Ministro de Salud israelí? —me pregunta entre carcajadas para inmediatamente contestarse solo—. Van a cambiarle el nombre a la influenza porcina por aquello de que el cerdo no es kosher. Ahora se va a llamar la influenza mexicana, ¿puedes creerlo?” No, contesto y busco en vano una reacción que abarque la risa, la tristeza y la confusión en un solo gesto.
Me cubro el rostro con un paliacate antes de entrar al metro. No hay nadie repartiendo tapabocas. Bajo las escaleras cautelosamente como cuando se entra en una alberca fría. El lenguaje corporal de la gente cambia drásticamente una vez bajo tierra. Los rostros se tornan más tiesos y el caminar más calculado. Las puertas del vagón se abren como fogones. Las personas se suben respetando una distancia milimétrica entre cada cuerpo. Se siente una división clara entre aquellos que portan el tapabocas y los que no. Los primeros inspeccionan a los otros con cierta desaprobación, mientras que un dejo de desdén desafiante marca los rostros de quienes están al descubierto, en lo que parece ser la versión multitudinaria de La cigarra y la hormiga. Da la sensación de que un ligero estornudo aquí podría desencadenar una estampida incontenible. La tensión en las miradas lo dice todo: cada uno de nosotros es un virus en potencia. Camino a paso apresurado hacia la salida, me quito el paliacate poco antes de salir a la superficie y suelto un estornudo violento, logrando atraer una docena de miradas que me recorren con el mismo menosprecio rabioso con el que se mira a un pederasta. Me detengo un segundo para volver a cubrir mi rostro y retomo mi camino hasta desaparecer en la esquina y dejar atrás la escena del crimen. Las pocas fondas y restaurantes que siguen abiertos tienen más personal que clientes. Las calles están semivacías. Las farmacias se han convertido en los nuevos puntos de encuentro sociales. Las largas filas de clientes rebasan los diez metros de largo, aunque no se sabe nada del Dr. Simi y su oportunismo mercantil. El supermercado también está retacado de consumidores frenéticos. La violenta fricción generada por el ajetreo de la gente y el nerviosismo del personal crea una electricidad inestable. Es oficial: ha comenzado la compra de pánico. Los estantes de desinfectantes, naranjas y agua son los primeros en vaciarse para poner en evidencia que la preocupación ha sido diseminada de manera efectiva. Los tapabocas hacen que sea difícil diferenciar a los clientes de los carniceros. “Ya se nos terminó la vitamina C”, anuncia la farmaceuta agitando sus brazos en el aire. La chica que está detrás de mí cruza sus brazos y choca su pie contra el piso repetidamente para comunicarme su irritabilidad. La cajera traba el tapabocas debajo de su mentón para remojar sus dedos con saliva y abrir la bolsa de plástico.

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El alboroto colectivo de los consumidores no refleja la melancolía que emana de las calles deshabitadas. Cargo las bolsas repletas de los suministros inútiles que escogí de manera apresurada y camino hacia mi casa a paso lento. Un travesti que está recargado sobre un vocho acentúa su aburrimiento con aros de humo azul que salen disparados de su boca hasta desintegrarse en el silencio estático de la noche. Se detiene un momento, me observa con cierta apatía y continúa dibujando círculos en el aire. Esto le da un nuevo significado al término horas-nalga —pienso, satisfecho por mi ingenio corriente. Me aqueja un ardor en el pecho pocos metros antes de llegar a casa. Lanzo un tosido bronco que quiebra mi tranquilidad de un solo golpe. Me apresuro en abrir la puerta. Entro en el departamento, me lavo las manos y prendo la computadora para comparar mis síntomas con los publicados en la página de la Secretaría de Salud y descartar una posible infección. Los noticieros de medianoche son un refrito de la noche anterior. Pongo mi mano sobre la frente para medir la temperatura unos segundos antes de apagar la luz.

Martes 28 de abril, 15:00 p.m.
“Sólo hay comida para llevar”, me explica el encargado de la fonda y señala la nota que está pegada al ventanal. Regresa al interior del local para ayudarle a los meseros y cocineros a tallar los pisos, las mesas y las sillas. “Por disposición oficial, permaneceremos cerrados a partir de las 17:30 hasta nuevo aviso”, anuncian los restaurantes y bares para mantener al tanto a una clientela ausente. La ciudad se está convirtiendo en un manual de simulacros. Un Turibús vacío recorre las calles desérticas de la colonia Roma como la materialización de una alegoría poco elaborada. Una familia enmascarada se pasea en bicicleta detrás de un microbús que se detiene de vez en cuando para recoger pasajeros imaginarios, como queriendo imponer la normalidad a base de hábitos. Todo esto bajo la mirada atenta de un virus que amenaza con estornudarnos encima ante el menor descuido.

Lucifer: vivo y coleando

agosto 9, 2013

Norberto Rivera Carrera, ex candidato al papado y eternamente polémico cardenal mexicano, quien fue demandado por la Corte Suprema californiana por negligencia, conspiración civil y daños emocionales intencionales —entre otros nueve cargos— por su apoyo y protección al cura pederasta Nicolás Aguilar Rivera,* inauguró el IV Congreso Nacional de Exorcistas y Auxiliares de Liberación 2009 que se llevó a cabo a puerta cerrada en el Episcopado Mexicano en Lago de Guadalupe del 13 al 17 de este mes. Rivera Carrera afirmó que “desde el origen del universo y a través de toda la historia humana se extiende una dura batalla contra ‘los poderes de las tinieblas’ que durará hasta el último día”.
Pero no todos los males son obra de “los poderes de las tinieblas”. “Sólo el exorcista con la debida licencia puede verificar la verdadera posesión diabólica. Es un proceso difícil en el que se deben descartar causas naturales”, puntualizan algunos decretos de la Iglesia Católica que al menos en lo que se refiere al protocolo del Vaticano no se apresura en diagnosticar a todo esquizofrénico, epiléptico, travestido, trasnochado, cocainómano o gay como un poseído por Lucifer, e intenta imponer un cierto rigor metódico en la práctica del exorcismo; no por una cuestión políticamente correcta ni mucho menos, sino más bien para evitar cualquier parecido con el paganismo lúdico e “irresponsable” de las religiones menos estructuradas, por no decir irrelevantes. “Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del maligno y sustraída a su dominio, se habla de exorcismo. Jesús lo practicó (cf. Mc 1:25s); de Él tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar (cf. Mc 3:15; 6:7.13; 16:17). En forma simple, el exorcismo tiene lugar en la celebración del bautismo. El exorcismo solemne sólo puede ser practicado por un sacerdote y con el permiso del obispo. En estos casos es preciso proceder con prudencia, observando estrictamente las reglas establecidas por la Iglesia. El exorcismo intenta expulsar a los demonios o liberar del dominio demoníaco gracias a la autoridad espiritual que Jesús ha confiado a su Iglesia”, señala el catecismo número 1673.
Para comprobar una posesión o una Infestatio y así poder llevar a cabo un exorcismo bajo el visto bueno del obispo, el poseído en turno tiene que mostrar los siguientes síntomas: hablar o comprender una lengua desconocida de manera espontánea (glosolalia); predecir el futuro y adivinar secretos aparentemente ocultos(videncia); mostrar una fuerza sobrehumana o físicamente inexplicable (psicoquinesia); levitar; reaccionar con brotes coléricos y blasfemias punzantes ante la presencia de cualquier signo religioso (¿Quién no ha padecido este síntoma?).

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Un claro ejemplo de esta disputa entre el escepticismo diplomático y la superstición oficial es el de Anneliese Michel —en quien se basó el personaje de la protagonista del largometraje El exorcismo de Emily Rose (2005). A pesar de la insistencia del pastor Ernst Alt, la Iglesia se había negado en tratar el caso de Michel como el de una Infestatio, aconsejando a la familia que siguiera el tratamiento médico e insistiendo en que la clave de su salvación estaba en una vida aún más apegada a la fe. La joven alemana originaria de Leibfling había sido diagnosticada con epilepsia del Grand Mal. Pero los medicamentos no parecían surtir efecto en la afligida adolescente y los ataques cada vez se manifestaban con mayor frecuencia y se tornaban más violentos. Ahora bien, con el propósito de entender las asociaciones inmediatas que se hicieron entre los síntomas físicos de Anneliese y una posible intervención diabólica, vale la pena añadirle a esta ecuación el hecho de que los padres de Anneliese eran católicos devotos y víctimas de un acentuado marco supersticioso. La turbulenta Michel experimentó en carne propia los estragos que suelen producirse cuando las limitaciones de la ciencia y el determinismo religioso se ven cara a cara. Sus padres le atribuían connotaciones religiosas a los achaques y delirios de su hija, alimentando un círculo vicioso interminable en donde el pastor Alt quedó atrapado debido a la naturaleza de su vocación. Según las descripciones del aturdido pastor, la muchacha se identificaba con los nombres de Judas Iscariote, Caín, Lucifer, Nerón y Adolf Hitler. Además, afirmaba Alt, el carácter de Annaliese se alimentaba de ira cuando se la exponía ante objetos religiosos, los cuales destruía para luego dirigir su cólera hacia sus familiares a quienes golpeaba y maldecía. Ante las observaciones de Ernst Alt, el obispo de Wurzburgo se vio sin más remedio que ordenar un exorcismo en 1975 llevado a cabo por el mismo Alt junto con el padre Arnold Renz, quienes dedicaron largas sesiones de exorcismo que se alargaron hasta julio de 1976. “Tengo miedo”, fueron las últimas palabras que la exhausta y famélica Michel —cuyas rodillas quedaron destrozadas debido a las 600 genuflexiones que se veía obligada a hacer durante las sesiones de exorcismo— dirigió a su madre antes de caer inconsciente y morir debido a la inanición y una neumonía aguda para formar parte de una larga lista de víctimas directas de la superstición y el dogma.
“La principal victoria del demonio es la de hacernos creer que no existe”, decía Gabriele Amorth, descuidando algunas palabras del conocido aforismo de Baudelaire que, a su vez, fue pronunciado en la pantalla grande por Keyser Söze Sospechosos comunes. En materia de exorcismo, no hay mayor autoridad que el padre Gabriele Amorth, encargado de representar a la Iglesia Católica Apostólica Romana, quien según su libro Un exorcista cuenta su historia, ha llevado a cabo más de 70 mil exorcismos. Amorth es conocido, entre otras cosas, por sus declaraciones en el año 2002 cuando denunció que “el diablo estaba detrás de Harry Potter, seduciendo a los niños hacia aventuras supernaturales”, acaparando de esta forma la atención de los medios de comunicación alrededor del mundo. “Las guerras, en la gran mayoría de los casos, son causadas por el diablo; seguramente Hitler y Stalin estaban consagrados con Satanás. Prefiero no mencionar a personas que estén con vida”, confesó en una entrevista hecha por Melinda Henneberger para The New York Times. “Últimamente, la Iglesia Católica está muy callada en lo que se refiere al diablo. Casi no oyes hablar de él. Mientras tanto, la jerarquía está ocupada tratando de atar las manos de los exorcistas con reglas modernas. Estoy en malas relaciones con algunos cardenales debido a su ignorancia respecto de este problema”, señaló en la misma entrevista añadiendo que en el año 2000 la Iglesia había formulado un nuevo decreto, completamente inservible para el exorcismo, según él. Amorth se refiere al nuevo ritual de exorcismo ideado por Juan Pablo II —quien realizó tres exorcismos durante su cadencia— que reemplazó al decretado en 1614. “No podemos maldecir, no podemos hablar con el diablo y sólo podemos llevar a cabo un exorcismo cuando la posesión está confirmada, lo que no puede funcionar dado que el exorcismo en sí es un diagnóstico. Un exorcismo innecesario no le ha hecho daño a nadie”, aseguró ante Henneberger. “Para una verdadera lección, la jerarquía quizá podría echarle un ojo a la película de terror de 1973. Estoy muy agradecido con El Exorcista porque han puesto en evidencia lo que hacemos”, concluyó Gabriele Amorth ante el diario neoyorquino refiriéndose a la adaptación cinematográfica de la novela de W.P. Blatty, quien, a su vez, se basó en un caso verídico llamado Robbie Mannheim, un adolescente de Washington, D.C., cuya supuesta posesión trascendió de lo mundano hasta llegar a figurar en las páginas del Washington Post —a finales de los años cuarenta— de donde el entonces joven William Blatty sacó los blue prints de una novela que logró quitarle el sueño a las mentes más escépticas de los setenta.
La Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría y sus secuelas inmediatas (la guerra de Corea, el conflicto israelí-palestino, la intervención estadounidense en Vietnam, la invasión rusa a Afganistán), la masacre en Argelia, el genocidio en Ruanda, las dictaduras latinoamericanas, los ataques del 11 de septiembre, los consiguientes ocho años de George w. Bush y aún existen aquellos quienes continúan poniendo en duda el hecho de que el verdadero mal que ha azotado a la humanidad no está en otra parte que en el hombre mismo. El IV Congreso Nacional de Exorcistas y Auxiliares de Liberación convocado por Norberto Rivera Carrera es una muestra de que el diablo —lejos de bajar su perfil para esconderse detrás de un anonimato premeditado— conserva una vigencia inexorable y que se mantendrá así hasta el final de los tiempos. Hablando del diablo, ¿alguien ha visto a Nicolás Aguilar Rivera?

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• “Ustedes olvidarán pronto lo que les hizo el padre Nicolás Aguilar Rivera. Al rato, ya ni se acordarán. Deben saber perdonarlo. El padre es un hombre enfermo”, fueron las palabras que escogió el cardenal mexicano en noviembre de 2006 para exculpar al pederasta y para disuadir a sus víctimas de una denuncia ante las autoridades.

Objetores de conciencia

agosto 4, 2013

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Si partimos del entendimiento de que los medios informativos son un negocio y que como todo negocio su intención es vender, podemos descifrar los motivos del porqué ciertas historias nunca llegan a nuestras pantallas. “La revolución no será televisada”, claro está. Sin embargo, la organización Yesh Gvul* o Hay un Límite (por su traducción literal al españlol) es una muestra inequívoca de que el pensamiento alterno —a pesar del main stream arrollador de nuestros tiempos— aún existe, de que hay ideales que no han sido corroídos por la publicidad y el dogma. Independientemente de las posturas que uno pueda adoptar frente a cualquier tipo de expresión política, la existencia de la variedad del pensamiento es necesaria en cualquier país que se jacte de ser democrático, aunque sea para oponer un poco de resistencia.

La organización Hay un límite fue fundada con el comienzo de la primera guerra entre Israel y el Líbano —en 1982— por un grupo de reservistas del Ejército de Defensa Israelí quienes firmaron una petición dirigida al gobierno y al ministro de Defensa en la que pedían cumplir con su servicio únicamente dentro de las fronteras del país y no sobre tierra libanesa. Esa carta reunió la firma de 3 mil soldados de las reservas. Alrededor de 160 de ellos fueron condenados a prisión por rehusarse a combatir en territorio libanés. Al día de hoy, la organización se mantiene firme en cuanto a sus convicciones y activismo político.
La siguiente es una entrevista a Peretz Kidrón: uno de los activistas más veteranos de Hay un límite.

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“El fenómeno de los objetores de conciencia viene mucho antes de que surgiera nuestra organización; poco después de la ocupación, en realidad. Cada vez eran más aquellos quienes se negaban a obedecer ciegamente las órdenes del Sistema —especialmente con el inicio de la guerra contra el Líbano, en 1982—, hasta que la cantidad de personas llegó a tal punto que naturalmente necesitamos de una organización que nos representara.

Entre nuestros integrantes puedes encontrar un poco de todo: personas que crecieron con la educación de Zabotinski, otros son comunistas, religiosos, anti religiosos, sionistas, anti sionistas, etcétera. Tenemos varios puntos en común, pero al final del día somos uno frente al Sistema. Personas como yo nos encontrábamos ante un gran dilema, durante los once meses del año éramos activistas en contra de la ocupación y en el doceavo mes nos llamaban del ejército para cumplir con nuestras obligaciones como reservistas, nos poníamos el uniforme y formábamos parte de ésta. Este dilema creó el movimiento de los objetores de conciencia, porque el gobierno nos obligaba a formar parte de algo que contradice enteramente nuestras convicciones. Es como si estás en contra de los impuestos y te mandan a trabajar a Hacienda. Nunca vimos el acto de objeción como nuestra meta sino como una herramienta para combatir la ocupación; a fin de cuentas somos objetores selectivos. Somos una organización política y por ende nuestras actividades son estrictamente políticas. Desde el surgimiento de Hay un límite hemos organizado manifestaciones y demostraciones en contra de la ocupación; también impartimos seminarios educativos, hacemos folletos instructivos que se distribuyen en grandes cantidades a lo largo y ancho del país”. Peretz me extiende un par. El formato de ambos es parecido —dados el tamaño y color— al de la cédula de identificación militar que cargan los soldados. Entre los títulos están La guía para el soldado sobre los crímenes de guerra y Sobre la negativa del servicio militar en los territorios ocupados. Peretz compiló y editó un libro —Refusenik, los soldados de conciencia israelíes— que contiene, entre otras cosas, los testimonios de los soldados reservistas israelíes quienes se negaron a formar parte de la ocupación.

Existen partidos dentro del Parlamento quienes nos tachan de irrelevantes, pero te puedo decir abiertamente que la carta firmada por los pilotos de la fuerza aérea —con esto se refiere a las firmas reunidas por decenas de pilotos durante la segunda Intifada, quienes se negaron a bombardear objetivos dentro de la población civil gazatí— influyó de manera directa en la decisión de Ariel Sharon de retirar los asentamientos judíos de Gaza.
Ahora nos encontramos en medio de una lucha legal en contra de los crímenes y los criminales de guerra. Hemos logrado llevar algunos casos hasta la Suprema Corte, pero siempre acaban por evadirnos de alguna u otra forma. Cuando vimos que el sistema jurídico israelí, tanto el militar como el civil, no actuaba al respecto —como todo sistema jurídico sin excepción: los estadounidenses tampoco actúan en contra de sus criminales de guerra, ni los franceses, ni los argelinos ni los afganos, tan solo por mencionar a un puñado— llevamos la lucha fuera del país. No existe en el mundo un sistema jurídico que esté dispuesto a enfrentarse a un sistema militar. Por eso es que acudimos a organizaciones privadas de abogados, algunos de ellos han trabajado específicamente sobre casos de palestinos.
Todos los ejércitos de la actualidad cuentan con un enorme potencial de destrucción, y en todo ejército pueden llegar a dar la orden para materializar dicho potencial.

Peretz señala un poema de Bertolt Brecht dentro del libro que sostiene en sus manos durante toda la entrevista; un poema que se ha convertido en el himno de Hay un límite:

General, su tanque es un vehículo muy poderoso
Puede destruir el bosque, puede aplastar a cien hombres
Pero tiene un defecto:
Necesita de un conductor.

General, su bombardero es muy fuerte.
Vuela más rápido que una tormenta, pesa más que un elefante.
Pero tiene un defecto:
Necesita de un mecánico

General, el hombre es muy útil.
Puede volar, puede asesinar.
Pero tiene un defecto:
Puede pensar.

“El mismo Ejército de Defensa Israelí dice: ‘si una orden te parece ilegal, no la obedezcas’. Esto significa que el ejército le está diciendo al soldado que piense antes de actuar. Sólo que nuestro concepto de lo que es ilegal es más amplio. Es muy difícil lograr tener éxito frente a una institución tan fuerte como la militar, ya que se encarga de lavarles el cerebro a los jóvenes. Por eso es que nuestra actividad se enfoca principalmente en tareas educativas. Somos una organización anárquica en el sentido de la gran responsabilidad cívica que implica nuestra negativa a formar parte de un sistema opresor. Uno se tiene que hacer responsable de los crímenes de la sociedad en la que vive. No nos rehusamos al servicio militar para lavarnos las manos, sino todo lo contrario; con este acto declaramos que formamos parte del Sistema y que elegimos luchar contra el fenómeno de la ocupación. Nuestra acción es sumamente agresiva, porque atacamos la herramienta principal del gobierno. No puede haber ocupación sin un ejército ocupante.

Te voy a dar el ejemplo contrario. En Londres hubo una manifestación de 2 millones de personas antes de que estallara la guerra en Irak. ¿Qué hizo Blair? Espero a que se acallaran los gritos, a que regresaran a sus casas y envió a las tropas. Los europeos piensan que el servicio militar voluntario es uno de los grandes éxitos del liberalismo. Llevo años discutiendo con ellos para tratar de demostrarles lo contrario. En Alemania, si no quieres alistarte al ejército tienes la opción de formar parte del servicio civil. Entonces por supuesto que una persona de educación privilegiada y liberal va a elegir trabajar en un hospital en lugar de unirse al ejército. Pero entonces ¿quién sí va a ir al ejército? Los neonazis y los skinheads. A ellos les van a dar las armas. Les digo que primero que nada tienen que deshacerse del ejército y luego crear un servicio militar obligatorio. Esto con el propósito de que el ejército y los ciudadanos sean uno mismo, para que las rupturas sean internas. De otro modo el ejército va a seguir creciendo como un cuerpo aparte, cometer horrores en nombre de ustedes sin que puedan hacer nada al respecto.
No es cosa fácil ser objetor de conciencia. Hay que lidiar con un sinfín de presiones sociales. Yo mismo me he visto envuelto en una serie de dilemas antes de tomar la decisión final. Las consecuencias pueden ser duras en lo que se refiere al ámbito familiar, social y laboral. Supongo que mi historia personal influyó bastante en mi visión política —Peretz Kidrón nació en Viena y tuvo que huir a Inglaterra debido a la persecución nazi—. En algunas conversaciones que he sostenido con palestinos me he visto obligado a decirles que se tranquilizaran, que yo fui refugiado diez años antes que ellos (sonríe). Todos los ejércitos del mundo son peligrosos y es nuestro deber encontrar la manera para nivelar la balanza; una de las formas para lograr esto es educando a los soldados. En mi opinión, uno de los crímenes de los grupos de izquierda occidentales ha sido su desentendimiento y distanciamiento del ejército. Uno tiene que enseñarle a la maquinaria de guerra que no va a funcionar simplemente con apretar un botón.
Marx decía que la historia se repite ―señala Peretz a propósito del conflicto bélico entre Israel y el Líbano en 2006―, la primera vez en forma de tragedia y la segunda como farsa. Esta guerra fue una farsa, una farsa triste porque mató a más de mil personas; pero una farsa al fin y al cabo”.

*la traducción literal de “Yesh Gvul” es “Hay una Frontera”, aunque en hebreo su significado se extiende a: basta, suficiente, hasta aquí.

Los mayas y el hastío autóctono

agosto 3, 2013

Los reporteros que acudimos a la convocatoria hecha por el History Channel —con el propósito de cubrir parte del rodaje del documental Exploración Maya— aprovechamos el desayuno en el AICM para intercambiar miradas, tarjetas de presentación —soy el único que no tiene una—, datos y preguntas que buscan lograr un tanteo general del otro antes que saciar una curiosidad puntual. Daniel y Luis, los representantes del canal, intentan coordinar el incesante intercambio de información que flota por encima de los chilaquiles y los huevos rancheros.
Dos horas más tarde una reluciente camioneta blanca nos espera a la salida del aeropuerto de Villahermosa bajo el ardiente sol tropical. La abordamos para seguir el trayecto rumbo a nuestro hotel en Palenque. Las famélicas vacas esparcidas sobre las inmensas llanuras verdes se inclinan sin despegar sus hocicos de la tierra para succionar el pasto húmedo como una plaga de mosquitos postapocalípticos. Las torres de luz emergen entre la densa maleza como palmeras para alimentar a los poblados semidespoblados que se interponen entre Villahermosa y Palenque. Cuatro hombres armados con rifles semiautomáticos descansan sobre un auto blindado al lado de unos abarrotes. Beben coca-cola y sudan a borbotones debajo de sus chalecos antibalas mientras que un águila vuela en círculos sobre sus cabezas, como el cliché de un augurio caricaturesco. “Bienvenidos a Chiapas: tierra de maravillas naturales”, anuncia un letrero seguido por espectaculares que aparecen de vez en vez con los rostros de una gama de candidatos electorales cuyas sonrisas inspiran más miedo que esperanza.

La mañana siguiente salimos rumbo a Bonampak. La vegetación comienza a cobrar mayor volumen conforme nos adentramos en la selva. Las ramas de los árboles se inclinan hacia el pavimento como para marcar su territorio. Dado el tamaño descomunal de las plantas, uno no se sorprendería en lo absoluto si viera a un tiranosaurio asomarse entre los árboles. Los intensos tonos verdes de la selva penetran y saturan las pupilas como toneladas de cilantro dentro de una procesadora de alimentos. Una niña descalza sigue a su madre embarazada que carga un jarrón sobre su cabeza y se abre camino entre la maleza con un machete enorme hasta que ambas desaparecen de la carretera —en la selva, un machete es el equivalente a una linterna. Enfoco la mirada en busca de más estereotipos folklóricos.

Nos estacionamos en la entrada al sitio arqueológico para encontrarnos al equipo de rodaje ensayando la escena en la que Danilo Darkic (el conductor de Exploración Maya) entra a Bonampak. Enseguida nos reciben Emiliano Gallaga (director del INAH en Chiapas) y el doctor Luis Alejandrino Torres Montes (un destacado investigador del azul maya por parte de la UNAM) quienes nos guían a los palacios de Bonampak.
“En el 74, después de concluir una reunión que pedimos a la UNESCO para el estudio de la restauración de los murales, nos estrellamos al despegar de Bonampak y desde entonces no había vuelto”, dice Torres Montes con una sonrisa nostálgica que recorre la diminuta pista de aterrizaje de pasto para luego mostrarnos la cicatriz que quedó como el recuerdo de un cráneo fracturado.
“Estamos en territorio comanche, ni un policía federal puede entrar aquí”, nos advierte Emiliano Gallaga sobre los códigos de conducta que debemos seguir a la vez que nos señala a los lacandones que vigilan nuestro recorrido sigilosamente. “Si quieren tomarles una fotografía primero tienen que pedirles permiso”, agrega.
“Sólo tenemos 3,500 sitios arqueológicos registrados de un universo de cerca de 40 mil. La arqueología es una de las actividades más caras del mundo y no hay suficiente dinero como para sacar todo lo que queremos sacar, ni espacios de bodega ni suficientes museos para guardar todo el material que vayamos recolectando. En realidad no sabemos qué tanto más tenemos porque hay áreas inexploradas”, señala Gallaga. “Es muy caro sostener un proyecto de investigación arqueológica. Para darles un ejemplo, a la federación le cuesta mensualmente alrededor de un millón 500 mil pesos mantener Palenque. Las entradas del boletaje nos ayudan para salir tablas. La función principal del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) no es la de generar ganancias sino llevar a cabo la difusión, investigación y preservación del patrimonio cultural mexicano. Todo el dinero que se recauda de las zonas arqueológicas a escala nacional no se queda en el INAH sino que se va a una cuenta concentradora de Hacienda en donde entran todos los recursos del país por concepto de impuesto, petróleo, divisas, etcétera, y con base en eso se crea el presupuesto para el año siguiente. Si bien el INAH no da beneficios directos a las comunidades, sí genera espacios de empleo y el turismo que atraen las zonas arqueológicas inyecta mucho dinero a la economía local”, asegura Emiliano.
“Este documental es una coproducción entre el History Channel y el INAH. Pensamos que desde los últimos documentales hasta éste ha habido mucha más actividad, más investigación, tanto nacional como extranjera, y creemos que ahora tenemos algo nuevo que decir. En algún momento se decía lo mismo en los documentales y no se contaba con nueva información que contraviniera lo anterior. En este momento contamos con más evidencia, no sólo en México sino en toda la región maya, que nos permite tener una visión más compleja de lo que estaba sucediendo en estos territorios. Sobre todo en la última década han habido avances impresionantes en la lectura de glifos que nos han permitido tener una idea mejor de qué es lo que estaba sucediendo, aunque siempre con la conciencia de que lo que está escrito no necesariamente es la verdad. Un glifo pudo haber sido propaganda política, otro propaganda religiosa, otro lo que quiso decir el vencedor o el vencido, etcétera. El objetivo de la arqueología y de este proyecto es contrastar todos los elementos con los que contamos frente a la historia escrita de los mayas.
Exploración Maya pretende presentar como tema central —más allá de que se aboquen hacia algunos aspectos específicos— las tesis o las ideas de la caída del mundo maya en el Clásico. Se maneja una gama de teorías que van desde las guerras, las catástrofes ecológicas hasta los colapsos socio-religiosos. De hecho, justamente están aquí en Bonampak para tratar el aspecto de la guerra que se ve retratado en este sitio. Lo que algunos de nosotros pensamos es que no fue una sola causa la que llevó a la decadencia del mundo maya sino varias que fueron sucediendo en distintas regiones, y como todas están conectadas de alguna manera, lo que le afectaba a una le afectaba a la otra en lo que creemos fue un efecto dominó. Es importante mencionar que el colapso de estas ciudades no significa que los mayas hayan desaparecido, seguimos teniendo los mismos tres millones de personas, sólo que en lugar de estar concentrados en cinco ciudades grandes están distribuidas en cien poblados de alrededor de 15 mil habitantes. Entonces lo que encontramos en el Pre-Clásico es una dispersión hacia ciudades pequeñas. Después del Clásico las ciudades grandes desaparecen; a lo mejor no se dejaron de habitar pero a partir de entonces ya no fungen un poder hegemónico y de concentración de gente. Cuando llegaron los españoles se encontraron con esto, con pequeñas comunidades esparcidas en la selva y sí, algunos centros de poder en la costa donde seguía existiendo el comercio; pero ya lo que era el Clásico maya de grandes ciudades-Estado dejó de existir”, narra Gallaga afuera de los murales de Bonampak.

Bajamos los estrechos escalones de la pirámide para alcanzar a Alejandrino Torres, que se encuentra hipnotizado por el calor que emana de la olla que contiene su teoría sobre el azul maya. “La idea original del doctor Rutherford J. Gettens —maestro de Torres Montes en la Universidad de Nueva York y uno de los investigadores más reconocidos de este pigmento prehispánico— es que el azul maya es una fórmula que se perdió cuando llegaron los españoles. Pero yo encontré que en muchos murales de conventos del siglo XVI había un pigmento idéntico al azul maya. Se pensaba que era una arcilla rara, entre las cuales resaltan la paligorskita, la atapulgita, sacalum y montmorillonita. Gettens, ya con técnicas modernas e infalibles como la difracción con rayos x pudo ver cuál era la estructura del material. Encontró que en efecto se trataba de una arcilla, pero que ésta era de color blanco, y entonces se preguntó de dónde venía el azul y buscó elementos que le dieran cromógenos como el cobre, el hierro, el cobalto, etcétera. Pero no existía ningún patrón como para atribuirle el color a algún elemento cromógeno”, afirma Alejandrino. “Un químico de arcillas hizo lo que yo estoy haciendo ahora. Tiñó la arcilla con diferentes técnicas, la calentó y obtuvo las propiedades del azul maya. Si uno junta el calor, la arcilla y el añil, se obtiene el azul maya”, sostiene Torres Montes mientras nos señala la mezcla ardiente que burbujea dentro de la olla. “Mi participación en este documental es poner a prueba una de tantas teorías sobre las técnicas de preparación del azul maya. Este sitio y el azul maya son muy importantes porque se supone que los murales de Bonampak son las obras de arte prehispánico más importantes que existen. Es la primera pintura americana en donde las figuras ya no son completamente planas”, añade con unos ojos radiantes antes de despedirse para posicionarse frente a la cámara. Los monos aulladores parecen alegrarse de nuestra partida.
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Una de las reporteras del grupo hace caso omiso de las advertencias que se nos hicieron respecto a los códigos de conducta de los lacandones. Confunde nuestro trayecto de regreso hacia Palenque con el Serengueti. Desenfunda su cámara con un par de manos inestables debido a su excitación para dispararle a cada uno de los niños que se cruzan en nuestro camino como si se tratara de tigres de Bengala caminando sobre las banquetas de Copenhague. “Ay, pero miren qué lindos son”, es el suspiro que llega invariablemente después de cada pestañeo del diafragma que deja en los rostros de los niños un resentimiento tibio que parece reconocer inmediatamente este tipo de maternalismo zoológico. Siento empatía hacia los lacandones: soy un autóctono del descontento.

Tres horas de lluvia y relámpagos marcan nuestro trayecto hacia el hotel. Llegamos de noche y esperamos a Danilo Drakic en el restaurante, matando el tiempo con la ayuda de unos cuantos whiskeys cortesía del History Channel, benditos sean.

“Yo me enteré de este proyecto gracias a unos amigos en el D.F. que también participaron en el casting para el documental. Lo primero que el History Channel puso como requerimiento era que los candidatos a conductores debían de ser arqueólogos de profesión, aunque no necesariamente alguien especializado en el área maya. Mis conocimientos en la materia son básicos”, confiesa Drakic. “Pienso que la cultura maya es una de las más importantes de México debido al gran desarrollo que tuvo en las matemáticas, la economía, la astronomía, etcétera. En realidad estoy aprendiendo muchísimo conforme avanza el rodaje. He tenido la oportunidad de participar en otros documentales de historia en Baja California pero nunca como conductor. El programa en sí ya cuenta con una estructura premeditada de las secuencias y los capítulos, con base en esa pauta yo hago preguntas que intentan satisfacer mis inquietudes como arqueólogo. Sí, parte de la idea de haber seleccionado a un arqueólogo para este programa era justamente darle un toque más discursivo al documental, que sea menos acartonado. A pesar de que hay un guión establecido sí cuento con la libertad de estructurar algunas preguntas que van surgiendo de manera espontánea. Lo que se quiere lograr con esto es mostrar que hay conocimiento y que estoy compenetrado con los temas que toca Exploración Maya.
”Recorrimos muchos sitios arqueológicos a lo largo del rodaje; todos éstos obedecen a un orden cronológico diseñado meticulosamente. Ahora estamos trabajando en toda la zona de Chiapas que es el esplendor de la cultura maya reflejado en el Clásico. La ruta va a concluir en Quintana Roo donde se ve representado el Post-Clásico maya; Kobá y Tulúm son sitios arqueológicos que ya estaban en contacto cuando llegaron las primeras exploraciones euroespañolas. Hay una cantidad inmensa de ciudades mayas, entonces tuvieron que hacer una selección de ciertos sitios que lograran reflejar lo que pretende mostrar este documental. El programa está seccionado en cuatro capítulos que a su vez están compuestos por cuatro bloques. Exploración Maya toca aspectos muy importantes, no se está viendo a la cultura maya como una cultura desaparecida como siempre se ve. La idea central de Exploración Maya es mostrar la grandiosidad de esta cultura, el gran conocimiento que tenían, pero también mostrar que esta cultura sigue viva.
”No quise estudiar a otros conductores porque preferí dejar que fluyera todo lo que yo podía aportarle al programa y evitar cualquier imitación. Espero haberlo hecho bien, eso lo decidirán los televidentes”, dice Danilo con una sonrisa amplia mientras que en el fondo del acondicionado restaurante suena la “Balada para Adelina” interpretada por la eterna insipidez de Clayderman. Cada nota es una daga que atentada en contra de la inteligencia de cualquier ser viviente, de cualquier cultura.

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El desayuno de la mañana siguiente se convierte en una pequeña rueda de prensa con el director (Diego Palacio) y el productor (Alejandro Ravazzola) de Exploración Maya.
“Uno de los desafíos fue armar el recorrido, saber qué íbamos a hacer en cuanto al contenido, porque lo que buscamos es contar una historia, pero la escena se basa en hechos reales y teníamos que ligarlo todo en una narración”, apunta Ravazzola. “El guionista tuvo que trabajar arduamente para juntar todos los datos y así poder dividir el rodaje por zonas, por temas, y después lograr encontrar los puentes que unifican un tema con el otro. Una vez que pudimos armar el recorrido llegó el tema de la logística. El documental se basa tanto en descubrimientos arqueológicos como en las experiencias con los mayas actuales que habitan la zona, y apoyándose en las dos partes, en el pasado y el presente, sabemos a dónde dirigirnos para entender esta cultura”, añade el productor de Exploración Maya.

“Danilo maneja muy bien el contacto con los lugares nuevos”, interviene Diego Palacio. “Su apertura nos resulta muy positiva para la forma en la que queremos contar el documental ya que él se nutre, pregunta, interactúa con la gente y con esto logra romper con el formato tradicional de los documentales. Danilo es la persona que crea ese puente entre el pasado y el presente del que habla Alejandro. Percibe muy bien las experiencias. Te diría que History Channel nos exigió que hubiera una novedad en cuanto a la forma del relato; sin descuidar las previstas que tiene el canal respecto al espectador”, agrega Diego para concederle la palabra a Ravazzola. “Tanto en lo que se refiere a lo visual como al contenido, la sensación que le va a quedar a los televidentes va a ser distinta a cualquier otro documental que hayan visto, y la clave de esto está en Danilo como conductor de un programa, pues además es arqueólogo, lo cual no es un detalle menor. Nosotros estuvimos repasando programas previos de todos lados y no encontramos uno solo con esta apuesta tan arriesgada”, asegura Alejandro. “Danilo aporta una cuestión de credibilidad y una suerte de enganchar con el medio en el que se está moviendo que no se encuentra en otros documentales. Esto se contempló a la hora de escribir el guión; es decir, siempre se lucen los sitios arqueológicos que son imponentes y se lo merecen, pero también nos esforzamos en lograr que esas piedras cobren vida gracias a la interacción con la gente. Alejandro Navarrete, integrante del INAH, es otra de las piezas clave en nuestro equipo; es nuestra llave para entrar a las zonas arqueológicas. El proceso, desde la preproducción hasta el corte definitivo puede tardar poco más de un año. Quienes vean la serie van a entender al final que los mayas nunca desaparecieron. Sería liadísimo conocer toda Latinoamérica de la manera que lo propone History Channel con este documental”, expresa Ravazzola.

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“Llévese su agua, su gatorade, su coca-cola, le va a hacer falta”, advierten una tras otra las voces que salen de los puestos del tianguis en la entrada al sitio arqueológico de Palenque, en donde se venden sombreros de charro y vaqueros, cachuchas, huipiles, camisetas de la selección, chales, entre otras cosas, como haciendo una alusión a un proyecto de nación patrocinado por la cerveza Sol.
La reportera roba-almas-de-niños-lacandones no desperdicia la oportunidad para posar frente al camarógrafo designado por el HC en cada una de las pirámides, con sus brazos extendidos hacia el cielo como en un panfleto que promueve métodos de desintoxicación new age. Luis y Daniel mostraron una paciencia ejemplar a lo largo del fin de semana, aquella que comparten quienes crecieron con la noción de que la democracia es un sistema infalible e incuestionable. Mi intolerancia se ve mitigada una vez que cae el sol, con una cerveza en mano, en el asado organizado por el equipo de producción en las instalaciones del INAH en Palenque. El alcohol, el olor a carbón y el aire perfumado que despide la madera sacan lo mejor de todos. Me recuesto sobre el barandal de la terraza para observar la noche selvática. “Por los mayas”, anuncio en silencio y alzo mi cerveza para chocarla contra el vacío húmedo.