Archivo para mayo 2013

Mis blasfemias de cabecera

mayo 27, 2013

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Los taxistas son los principales portadores de ese virus pandémico conocido como el small talk.

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¿Cómo es que casi todas las naciones asumen que dios está de su lado? Me parece una actitud terriblemente descarada pensar que un ser a quien consideran superior deba estar limitado a sus caprichos geográficos e ideológicos.

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Una sociedad que en una de cada dos de sus frases reza “si dios quiere” no puede aspirar al libre albedrío.

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El dogma de la Inmaculada Concepción me parece, por mucho, menos disparatado que el mito del “sexo sin compromisos”.

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A veces no me queda muy claro si estoy dialogando con dios o si estoy perfeccionando el arte de convivir con el silencio.

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Moisés llevó la palabra ‘parteaguas’ hasta las máximas consecuencias de su sentido literal.  El mar Rojo sigue con opiniones divididas acerca de la veracidad de aquel mito.

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La resaca es la manera más didáctica que el Universo encontró para demostrarnos que dios no existe.

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Cada vez que un imbécil se tropieza con un lugar común, la justicia poética recibe una generosa descarga de endorfinas.

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En comparación con la de los cubanos, la migración de los pingüinos parece un acto espontáneo.

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Según señala el último informe de la OMS, el cuerpo cortado es uno de los primeros síntomas de la decapitación.

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Cada vez que un científico dice ‘gracias a Dios’ nace una nueva generación de sementales eunucos.

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No encuentro una razón evolutiva que explique por qué siguen naciendo mujeres hermosas cuando el mundo se está yendo directo hacia la chingada (eso sí, el gesto se agradece de todos modos).

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La directiva de SeaWorld se pregunta cómo es que una ballena asesina que lleva años viviendo dentro de un estanque que mide diez metros cuadrados, fue capaz de matar a una yuppie que le aventaba sardinas al hocico a cambio de humillarla sistemáticamente. Conozco a un chingo de vegetarianos que matarían por mucho menos que eso.

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Sonrío cada vez que veo gurús levitando sobre montañas de dólares para observar la ingenuidad patológica de sus fieles desde una distancia saludable.

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—Pues yo le voy a ser sincero, yo sí creo que la guerra contra el narco le va a hacer bien al país —me confesó el taxista.

—Seguramente en el Gulag también había algún despistado que aplaudía la filantropía del Kremlin  —callé.

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Sospecho que los adultos que abusan del latín han recibido demasiadas hostias.

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Tengo la panza de Siddharta y la mente en blanco, pero el escepticismo me dice que estoy mucho más cerca de sufrir un coma diabético que gozar de un trastorno místico.

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Un feto adicto a los anticonceptivos es un visionario: un auténtico profeta.

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Hay veces en las que estoy completamente convencido de que en el fondo, los noticiarios no son más que una gran campaña publicitaria que tiene como único objetivo incrementar el consumo del opio.

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Confundir el buen sexo con el amor es un desacierto hormonal que suele corregirse frente a un juez.

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“El amor de tu vida está destinada a despertarse con otro. El de tu novia también”, le dije poco antes de detener su puño con mi cuenca.

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Pienso que 9 de los diez mandamientos salen sobrando. “No asesinarás al inocente” y listo. ¿De dónde viene esa obsesión milenaria por los Top Ten?

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La gente que abusa del término “déjà vu” debería de dejarse de mamadas y asumir que su vida es muy pinche aburrida.

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A todo lo que piensas respondo “(sic)” en secreto.

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Cuando ya no puedes distinguir entre un cese al fuego y un silencio incómodo es hora de abandonar la recámara.

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Confieso que nunca he logrado hacer una distinción conductual entre los hippies y los mosquitos.

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Quiero suponer que cuando alguien usa el término ‘objetividad absoluta’ está haciendo una alusión al lente abierto de una cámara abandonada.

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Puede que esté equivocado, pero siempre he sospechado que cualquier adulto que colecciona mariposas o dedica su vida entera a escribir palíndromos, se masturba con la ropa interior (color carne) de sus abuelas.

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Cualquier desastre que no sea natural viene de un error humano (incluyendo las fallas mecánicas). Qué es una caja negra sino una lápida de lo evidente.

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El día que las ballenas aprendan a cantar como Tom Waits me uniré a las filas del ambientalismo militante. Pero mientras continúen gimiendo como un coro de sordas esquizofrénicas, yo seguiré meando whisky en el mar.

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Definición de cínico: ‘cualquier miserable que se jacte de comprar foie gras con vales de despensa’.

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Ejemplo de un pragmatismo sui géneris: rascarte las pelotas mientras piensas en tu ‘futuro’.

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“Aguas, que esta noche todo el mundo va andar borracho”, me advirtió mi madre, con esa incapacidad que tienen nuestros progenitores para vernos como parte de una estadística.

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El mainstream: ese Ganges intercontinental donde todo los cadáveres flotan en sentido contrario.

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Réquiem de un hebrio: “El amor a cava”.

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Cada vez que un taxista masculle una opinión desde su retrovisor, siento que estoy a punto de conquistar la cima de la discordia.

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Mi empatía incondicional para todas aquellas personas que después de reunir el valor suficiente para salir del clóset, descubrieron que son agorafóbicas.

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La nobleza: esos infumables fetichistasde la sangre.

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Lo que los héroes de guerra nunca sospechan es que sus novias los olvidan en las camas de los desertores. La negación es un enemigo invencible.

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El otro día conocí a un heroinómano masoquista que solía esconder sus agujas en un pajar ¡Qué bien se la pasaba ese cabronazo!

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Disculpe usted, señorita, pero soy incapaz de bailar cualquier ritmo tropical. Sucede que he leído demasiada literatura rusa.

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Ricochets de ‘La caída’ de Camus

mayo 26, 2013

“Cuando se ha meditado largamente sobre el hombre, por oficio o por vocación, se llega a sentir cierta nostalgia por los primates. Ellos no tienen segundas intenciones”.

“A veces pienso en lo que dirán de nosotros los historiadores futuros. Una sola frase bastará para el hombre moderno: fornicaba y leía periódicos”.

“París es un auténtico decorado, una soberbia escenografía en la que viven cuatro millones de siluetas”.

“Por supuesto, yo tenía principios, por ejemplo que la mujer de los amigos era sagrada. Con toda sinceridad, algunos días antes dejaba, simplemente, de tener amistad con los amigos”.

“Los mártires, querido amigo, deben elegir entre ser olvidados, escarnecidos o utilizados. En cuanto a ser comprendidos, nunca”.

“Después de haber amado a un loro, me tenía que acostar con una serpiente. Por lo tanto me fui a otra parte a buscar el amor que prometían los libros y que nunca había podido encontrar en la vida”.

“Precisamente porque deseaba la vida eterna, me acostaba con putas y bebía durante noches enteras. Por supuesto, en la boca me quedaba el regusto amargo de la condición mortal. Pero durante largas horas, bienaventurado de mí, había podido volar.

“Me internaron en un campo cerca de Trípoli, donde más se sufría de la sed  y de la carencia de todo, que de malos tratos. No quiero describírselo. Nosotros, los hijos del medio siglo, no necesitamos un dibujo para imaginar esa clase de lugares. Hace ciento cincuenta años los lagos y los bosques despertaban emociones. Hoy tenemos el lirismo de los calabozos”.

“Pero lo referente a ese robo cae bajo el dominio de la ley y lo he arreglado todo para convertirme en cómplice; oculto ese cuadro y lo muestro a quien quiere verlo. Por lo tanto, usted podría detenerme y ése sería un buen comienzo. Quizá se ocuparan después de lo restante; por ejemplo sería decapitado, y ya no tendría miedo a morir y estaría salvado. Usted alzaría mi cabeza todavía fresca por encima del pueblo reunido para que se reconozcan en ella y que de nuevo, ejemplar, yo les domine”.

Las muertes chiquitas de Mireia Sallarès

mayo 9, 2013

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“Creo que todos los proyectos ambiciosos, ya sea por la temática y por su complejidad, nacen antes de lo que una cree porque el motor inicial responde a una necesidad personal. Concretamente hablando, esta necesidad (proyecto) tomó forma en 2006 cuando vi la posibilidad de presentarme a una beca de residencia en México ofrecida por el Centro Multimedia del Centro Nacional de las Artes”, cuenta la joven artista catalana Mireia Sallarès, en alusión a Las muertes chiquitas: un documental realizado a lo largo y ancho de la república mexicana protagonizado por mujeres que narran su forma de experimentar y percibir el orgasmo, la discriminación y la violencia, entre otro abanico de temas. Los encuadres angustiosamente cerrados de la cámara de Sallarès ayudan a pronunciar la intimidad ya de por sí robusta e imponente de sus entrevistadas. Lo primero que atrae la atención es la sinceridad lúdica con la cual estas mujeres se conducen en temas tan escabrosos y elusivos —al menos en lo que se refiere a un escenario tan amplio— como lo son la violencia y el placer. Más que una simple antología de monólogos testimoniales, las protagonistas de Las muertes chiquitas exigen de manera constante la presencia atenta del observador, llevando a cabo un diálogo cuya vulnerabilidad intensa pone a prueba las reglas conceptuales del voyeurismo, sin dejar en claro quién es el que está acostado sobre el diván y quién está tomando nota. Ya sea la joven indígena marginada hasta el borde del hastío, la ex guerrillera, la transexual, la “cabrona de Tepito”, la académica, la sexoservidora o la artista conceptual (por mencionar a unas cuantas de las entrevistadas); todas ellas, como cuando se sufre o se goza de una muerte chiquita, salen disparadas hacia distintas dimensiones para luego volver a coincidir en un terreno dolorosamente real, donde la discriminación y la violencia quedan despojadas de eufemismos para mostrar su rostro lacerado.

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“Al principio yo tenía la idea de trabajar sobre el tema de la violencia, pero luego surgieron otros temas que yo tenía pendientes como el deseo, los orgasmos, el placer de la mujeres y cómo lo entendían, cómo se los ofrecían y qué permisos se daban ellas mismas para experimentarlos. Todo esto llegó desde una inquietud personal, porque siempre tuve una relación compleja con estos temas y me di cuenta de que la violencia y el placer eran elementos que estaban irremediablemente entrelazados entre sí”.
¿Por qué México? “Porque casi todos mis proyectos los he hecho siendo yo extranjera y sobre extranjeras. Para mí la condición del outsider es muy frágil, muy vulnerable, pero a la vez cuenta con muchas ventajas. Es cierto que siendo extranjera la gente va a confiar más en ti y en tu curiosidad. Aquello de que le cuento antes a una extraña que me dé buena onda que a mi propia madre es válido aquí y en Roma.

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”El documental dura cinco horas, no paran de hablar, los sonidos no son perfectos, las imágenes menos. Aunque sí fueron decisiones premeditadas a nivel estético; es decir, no es que hiciera mal la cámara voluntariamente sino que decidí que hay cosas que se deben de perder y escogí restarle importancia a la estética para ganarla con la sensación de intimidad que generan las entrevistadas. Para lograr ese grado de intimidad de las protagonistas, en todas las pláticas les explicaba que el proyecto nació de una necesidad mía, que aunque siendo yo una mujer blanca, heterosexual, de clase media europea, educada en la igualdad de derechos, etcétera, sentía que había un montón de violencia sobre mí, que estaba todavía pasando las culpas a los demás de cosas que yo misma me tenía que dar permiso y punto. Creo que lo conseguí siendo muy sincera sobre lo que iba a buscar y también dio la casualidad de que las mujeres tenían muchas ganas de hablar”, confiesa Sallarès.

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La pieza principal de Las muertes chiquitas es el documental, aunque éste es un fragmento de la obra que se extiende en forma de libro y un ensayo fotográfico que retrata a las entrevistadas, ya sea en el lugar de la entrevista o en lugares muy significativos para ellas, al lado de un neón que lleva la leyenda de Las muertes chiquitas. “Es una pieza no jerárquica, no lineal: orgánica. Estoy consciente de que es un proyecto muy complejo e interminable —aclara Mireia. Yo soy de esas artistas que primero hacen y luego se dan cuenta de lo que han hecho. Entonces, el proceso conceptual —es decir: ¿cómo escojo este lenguaje, por qué lo hago con neones, por qué uso la fotografía, por qué la película se tiene que ver en determinados lugares?— se da de manera posterior. Algunas cosas son juegos y libertades de índole más poética, otras obedecen a una dimensión ética. Por ejemplo, para mí era una prioridad que el proyecto se presentara en México antes que en ningún otro lugar. Poco también para huir de esa idea de lo exótico que todavía opera de hacer las cosas afuera para no incomodar a nadie y para decir lo que se me dé la gana”.

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Beatriz Preciado y el pensamiento queer
“Aunque es la última que he hecho, la pieza principal, la que le da motor a toda la obra es la película. Luego está el libro que es un poco como la memoria integral donde se muestra el proceso de trabajo —el término de moda en el ámbito del arte contemporáneo es “procesos abiertos”. La documentación de la obra se convierte en parte de ésta. El libro funciona como una plataforma que da lugar a voces que van desde una española filósofa representante del viejo feminismo, hasta una joven transfeminista como lo es Beatriz Preciado: una de las líderes del pensamiento queer en España. A Beatriz la conocí cuando yo estaba en medio del proyecto y decidí, por mi cuenta, entrevistar a una transexual, ya que las considero tan mujeres como cualquiera otra. Paralelamente descubrí su último libro: Testo Yonqui. Lo compré con la intención de regalárselo a la trans, pero no sin antes echarle una hojeada. El libro me trastocó profundamente y me iluminó en lo que se refiere a la herencia feminista y de la sexualidad en general. Por eso es que decidí invitarla a escribir sobre mi proyecto y tuve la suerte de que ella accediera. Cuando pienso en la transexualidad y en lo que significa ser mujer, siempre me viene a la mente una escena específica de Todo sobre mi madre”, cuenta Mireia refiriéndose a la Agrado de Pedro Almodóvar, quien después de hacer un desglose de todas las intervenciones quirúrgicas que lograron transformarla en mujer añade frente a un público fatigado: “Bueno, lo que les estaba diciendo. Que cuesta mucho ser auténtica, señora. Y en estas cosas no hay que ser rácana, porque una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma”.

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“La primera vez que vi esta escena”, confiesa Sallarès, “no paraba de llorar porque de pronto sentí cómo una persona completamente distinta me ponía en jaque, obligándome a replantearme la idea de qué tan auténtica era yo. El nexo con Beatriz Preciado me interesó mucho porque representaba una nueva revisión del feminismo, el cual es un tema recurrente en muchas de las entrevistas del documental. Además, mi acercamiento con Preciado me ha servido para ver qué tanto me ubico yo en este pensamiento, porque soy de las educadas en una herencia feminista, de esta generación que ha integrado el feminismo como algo dado por hecho sin cuestionarlo demasiado. Hoy por hoy existe un pleito en contra de ese feminismo institucionalizado, obsoleto. El movimiento queer pone a prueba las nociones establecidas de lo que significa ser mujer. Es decir, si para ti la mujer es una noción tan opaca que al final termina definiéndose como una mujer blanca, heterosexual, de clase media, europea, pues entonces dejaste a un chingo afuera ¿no? Por eso invité a participar en el libro a colaboradoras cuyas opiniones fueran tan inconexas entre sí, para intentar replantear y cuestionar los pilares el feminismo”.

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Sobre el dolor y el placer
“Siento que son temas que aunque son opuestos están muy atravesados, que se re-significan mucho mutuamente y para bien o para mal, forman parte de la vida. Querer huir o esconderte o limitar a uno de los dos, y esto lo digo de una manera muy amplia, es no querer vivir, no querer aceptar la vida. De algún modo lo que yo quería lograr era documentar historias de vida que a mí me parecían interesantes a partir de lo que yo considero que son dos motores de vida. No sólo el placer que nos damos sino el que damos, el que aceptamos que nos den y viceversa; no sólo la violencia que ejercemos sobre nosotras sino también la que generamos con las demás. Uno de los temas “tabúes” que abre este documental es la violencia que ejercen las mujeres sobre las mujeres, y hasta que las feministas no acepten que éste también tiene que considerarse un tema urgente a tratar, el patriarcado nunca va a terminar. Y esto lo digo sin querer menospreciar la violencia que vive la mujer en inferioridad de condiciones”, puntualiza Mireia.
“Una de las cosas que me ha aclarado este proyecto es la cantidad de represión sexual que tenemos y que todavía tengo yo. Siento que la sexualidad en el cuerpo —sobretodo en el caso de la mujer— en la era de la biopolítica en la que el poder ya está interiorizado, hablar de orgasmos es hablar de política, es hablar de muchas cosas más”, afirma la responsable de Las muertes chiquitas: una obra que oscila entre el arte y la antropología con un brío que logra evadir los tabúes, las “verdades absolutas” y lo políticamente correcto sin mayores contratiempos.
Seamos sinceros, camaradas, si éste fuera un documental sobre el orgasmo masculino la cinta no rebasaría los dos pies.

Biología vs. Raza

mayo 8, 2013

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Desde sus inicios, el ser humano ha encontrado en la otredad la manera más eficiente para explicarse y definirse a sí mismo; para formar una identidad tangible que le permitiera entender su lugar dentro de su entorno. Somos el producto de todo aquello que no somos; nos moldeamos con la misma mano que tantea al otro. Esa necesidad innata de asumirnos diferentes y únicos frente al otro ha teñido de sangre los campos de batalla a lo largo y ancho del mundo, ya sea bajo los seudónimos: dios, patria o democracia. “Entiendo por nacionalismo el hábito de suponer que los seres humanos pueden ser clasificados como los insectos”, decía un atinado George Orwell. Basta con sustituir la palabra nacionalismo con raza para entender la postura de la biología frente a esta potente herramienta de clasificación que a su vez, se muestra como la más superficial de todas. Al parecer, la raza no es más que un monstruo mitológico salido de las agendas sociopolíticas y que acecha los lugares más comunes de la imaginación colectiva. El único lugar donde este término se siente incómodo es dentro de los márgenes de la ciencia.

“Siempre ha existido la costumbre de tratar de justificar y demostrar la superioridad de la cultura en el poder a través de la biología. La ciencia siempre ha tenido dueño”, explica Joaquín Giménez Héau: coordinador de la Unidad Informática para la Biodiversidad del Instituto de Biología. “Tendríamos que remontarnos al siglo XVIII para hablar de uno de los grandes personajes de la biología: el naturalista sueco Carlos Linneo, quien publicó el primer libro (Systema naturae) en el cual se describen y clasifican las especies, sobre todo en lo que se refiere a la especie de plantas. Este sistema fue el punto de partida formal para la taxonomía moderna (la ciencia de clasificar a los seres vivos). Systema naturae describe cuatro variedades del Homo sapiens:
Americanus: colorado, colérico, de porte derecho, de piel morena y cabellos negros, lacios y espesos, con labios gruesos, fosas nasales largas, mentón casi sin barba, porfiado, contento con su suerte, amante de la libertad, pintado su cuerpo con líneas coloradas, combinadas de distintas maneras.
Europaeus: blanco, sanguíneo, musculoso, cabellos rubios, largos y espesos, inconstante, ingenioso, inventivo, cubierto totalmente con ropas, gobernado por leyes.
Asiaticus: amarillo, melancólico, de fibras rígidas, cabello negro, ojos marrones, severo, fastuoso, avaro, vestido con largas túnicas, gobernado por la opinión.
Afer: negro, flemático, de complexión débil, con cabellos crespos, astuto, perezoso, negligente, con el cuerpo frotado con aceite o grasa, gobernado por la voluntad arbitraria de sus dueños.
A pesar que Linneo no utiliza el término de ‘raza’ sino el de ‘variedad’, sus apreciaciones sobre los africanos sentaron, quizá, las bases del racismo ‘científico’ posterior”, agrega Giménez Héau.
“Así sucede con el Conde de Buffon, quien retoma la descripción de Linneo y propone que el mejor medio para los humanos está en la zona templada, entre los paralelos de 400 y 500 (leguas francesas). Allí es donde se encuentran las mejores condiciones de vida y por ende, los seres humanos más bellos y mejor dotados del mundo, que son el resultado de un equilibrio perfecto con el medio ambiente. Según Bufón, las demás variedades humanas se alejan de ese modelo ideal en proporción a la distancia de la que viven del clima templado. A finales del siglo XVIII, Adriaan Gilles Camper y posteriormente Charles White, comparando cráneos y otros huesos humanos y de monos, concluyeron que existían cráneos que caían en la categoría de humanos y otros que caían en la categoría de ‘parecido al chango’, y por supuesto estos últimos eran los de los africanos. Ahora bien, no es casualidad que existieran estos intentos sistemáticos de degradación física e intelectual de los africanos justo a fines del siglo XVIII. Ésa fue justamente la época en la cual comenzó una crisis en el comercio de la trata de esclavos. Por eso es que se buscó que la ciencia de entonces diera nuevas razones para justificar la continuidad de este comercio. Si los africanos no eran humanos, propiamente dicho, la idea de que el tráfico de los esclavos era inhumano perdía cualquier relevancia”, dice Joaquín.
“Poco después de la Segunda Guerra Mundial y las delirantes teorías raciales propagadas durante el Tercer Reich, surgió un movimiento dentro de la biología que desmentía la existencia de las razas humanas. Con los avances en la investigación genética se pulverizó la justificación biológica del racismo. Todos los estudios muestran que no hay diferencias genéticas significativas entre los 6000 millones de humanos. Hoy en día sabemos que la diferencia genética entre las personas es del 0.1 por ciento (de este 0.1 %, sólo varía el 10% en los caracteres que utilizamos para identificar razas como lo son la forma del pelo, la nariz, el color de nuestra piel). Esto quiere decir que compartimos el 99.9 de nuestro genoma. Somos prácticamente idénticos. Esto ha dado cabida a una nueva discusión en la cual el concepto de raza no aplica en los seres humanos. Existen mayores diferencias genéticas entre los 150,000 chimpancés del mundo que entre los 6 mil millones de humanos”, asegura Giménez.
“Antes se describían los organismos desde una perspectiva exclusivamente morfológica, agrupando caracteres: así como te veo te describo, no había otra manera de hacerlo. En el caso de los seres humanos los caracteres más evidentes son el color de la piel, por eso es que se ha utilizado para hacer una clasificación basada simplemente en el color de la piel. En un estudio reciente, publicado en la revista Science, encontraron que de 25% a un 38% de la diferencia entre el color de la piel entre negros y blancos está dada simplemente por el cambio de una proteína en un gen (SLC24A5 ). Es decir que una mínima diferencia en este gen se traduce en una enorme diferencia en el color de piel. Podemos decir entonces que en términos genéticos el color de la piel es absolutamente insignificante. En realidad, el tipo sanguíneo es mucho más importante y sin embargo no vemos guerras entre grupos sanguíneos. La historia no ha registrado un derramamiento de sangre deliberado entre ejércitos B positivo y A negativo”, advierte Giménez. “En este mismo sentido se ha demostrado que dos negros africanos pueden distar mucho más genéticamente entre sí que cualquiera de ellos en comparación con un blanco. De esta manera, la compatibilidad sanguínea entre un negro y un blanco puede ser mayor que entre dos individuos de la misma ‘raza’, y como consecuencia, los órganos de un negro pueden ser más aptos para un blanco que los de otro blanco”, añade.
“El término especie se refiere a individuos que pueden reproducirse y tener descendencia fértil. Una subespecie puede tener descendencia entre dos subespecies distintas pero ya hay una diferencia genética marcada por un aislamiento evolutivo.
Al aislamiento se le conoce como el fenómeno de especiación. Por ejemplo, si la mitad de una población se queda en una isla y la otra migra y nunca más se vuelven a combinar; a lo largo del tiempo (millones de años) los genes son tan distintos que ya pueden ser considerados dos especies distintas. Esto es lo que Darwin vio con los pinzones y las tortugas en los Galápagos. Entonces bueno, abajo de este nivel taxonómico está la subespecie: un proceso de separación entre especies pero que aún pueden combinarse. Para darte un ejemplo: si tú viajas en el tiempo a la África de hace 10 mil años y te agarras a una chica, podrías tener hijos fértiles. Todo esto para decirte que somos la misma especie, que no hemos sufrido un aislamiento”.
“No pueden existir razas humanas por varias razones. La primera es que no hay un acervo genético claramente diferenciado. Es decir, no hay sólo blancos y negros: hay negros, negrillos, morenos, morenos claros, y así, gradualmente, hasta llegar al blanco. Hay una constante que se va modificando; una continuidad. No hay un punto en el que podemos decir de aquí para allá es una y de aquí para allá es otra. Si nos vamos del más blanco al más negro, podemos encontrar un ser humano en cada uno de los tonos de color. En 1905, el Congreso Internacional de Botánica eliminó el valor taxonómico de raza, y el único uso de este concepto que se mantiene en la biología es cuando se habla de especies domesticadas cuya selección genética está decidida por el ser humano: hay razas de perros, de palomas, de borregos”, cuenta Giménez Héau.
“Al comprobar que los seres humanos compartimos la gran mayoría de genes se descarta de manera automática la opción de que el comportamiento o la inteligencia estén definidos por éstos. La inteligencia es la expresión de una cantidad enorme de genes. Lo que sí obedece a la genética es la forma del cerebro de cada quien o el número de neuronas. Pero somos mitad gen y mitad medio ambiente: la inteligencia, o la capacidad de interligar, tiene que ver con las conexiones neuronales. El desempeño de éstas, a su vez, depende de tu historia, de tu aprendizaje. Esto quiere decir que aún si existieran las razas no podrían definir la inteligencia ni el comportamiento; eso lo define el medio, la cultura. Si bien la genética derrumba las teorías racistas en el ámbito biológico, se empieza a patentar un racismo étnico: se va de lo genético a lo social”, agrega.
“Ahora bien, es muy ingenuo pensar que todos somos iguales. Sí existen diferencias y hay que asumirlas; como hay que asumir el hecho de que éstas no son lo suficientemente considerables como para hacer una clasificación biológica. En pocas palabras: la especie humana es demasiado nueva como para haber creado razas.
Sin embargo hoy en día se sigue buscando a través de la ciencia diferencias genéticas que puedan subdividir a la especie en grupos. Tal es el caso de las grandes compañías farmacéuticas, que buscan diseñar fármacos hechos ‘a la medida’ de las características genéticas del paciente (farmacogenómica); es decir, desarrollar fármacos especializados para cada grupo racial. A pesar de que esto sigue en discusión, cada vez son más las evidencias de que no existen estos grupos ni siquiera para desarrollarles fármacos especializados”, concluye Joaquín Giménez Héau.