Archivo para mayo 2010

“I’rrael, I’rrael, qué bonito es I’rrael”, Delfín hasta el fin.

mayo 31, 2010

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Published in the israeli newspaper “Haaretz” by Gideon Levy.

The Israeli propaganda machine has reached new highs its hopeless frenzy. It has distributed menus from Gaza restaurants, along with false information. It embarrassed itself by entering a futile public relations battle, which it might have been better off never starting. They want to maintain the ineffective, illegal and unethical siege on Gaza and not let the “peace flotilla” dock off the Gaza coast? There is nothing to explain, certainly not to a world that will never buy the web of explanations, lies and tactics.
Only in Israel do people still accept these tainted goods. Reminiscent of a pre-battle ritual from ancient times, the chorus cheered without asking questions. White uniformed soldiers got ready in our name. Spokesmen delivered their deceptive explanations in our name. The grotesque scene is at our expense. And virtually none of us have disturbed the performance.
The chorus has been singing songs of falsehood and lies. We are all in the chorus saying there is no humanitarian crisis in Gaza. We are all part of the chorus claiming the occupation of Gaza has ended, and that the flotilla is a violent attack on Israeli sovereignty – the cement is for building bunkers and the convoy is being funded by the Turkish Muslim Brotherhood. The Israeli siege of Gaza will topple Hamas and free Gilad Shalit. Foreign Ministry spokesman Yossi Levy, one of the most ridiculous of the propagandists, outdid himself when he unblinkingly proclaimed that the aid convoy headed toward Gaza was a violation of international law. Right. Exactly.
It’s not the siege that is illegal, but rather the flotilla. It wasn’t enough to distribute menus from Gaza restaurants through the Prime Minister’s Office, (including the highly recommended beef Stroganoff and cream of spinach soup ) and flaunt the quantities of fuel that the Israeli army spokesman says Israel is shipping in. The propaganda operation has tried to sell us and the world the idea that the occupation of Gaza is over, but in any case, Israel has legal authority to bar humanitarian aid. All one pack of lies.
Only one voice spoiled the illusory celebration a little: an Amnesty International report on the situation in Gaza. Four out of five Gaza residents need humanitarian assistance. Hundreds are waiting to the point of embarrassment to be allowed out for medical treatment, and 28 already have died. This is despite all the Israeli army spokesman’s briefings on the absence of a siege and the presence of assistance, but who cares?
And the preparations for the operation are also reminiscent of a particularly amusing farce: the feverish debate among the septet of ministers; the deployment of the Masada unit, the prison service’s commando unit that specializes in penetrating prison cells; naval commando fighters with backup from the special police anti-terror unit and the army’s Oketz canine unit; a special detention facility set up at the Ashdod port; and the electronic shield that was supposed to block broadcast of the ship’s capture and the detention of those on board.
And all of this in the face of what? A few hundred international activists, mostly people of conscience whose reputation Israeli propaganda has sought to besmirch. They are really mostly people who care, which is their right and obligation, even if the siege doesn’t concern us at all. Yes, this flotilla is indeed a political provocation, and what is protest action if not political provocation?
And facing them on the seas has been the Israeli ship of fools, floating but not knowing where or why. Why detain people? That’s how it is. Why a siege? That’s how it is. It’s like the Noam Chomsky affair all over again, but big time this time. Of course the peace flotilla will not bring peace, and it won’t even manage to reach the Gaza shore. The action plan has included dragging the ships to Ashdod port, but it has again dragged us to the shores of stupidity and wrongdoing. Again we will be portrayed not only as the ones that have blocked assistance, but also as fools who do everything to even further undermine our own standing. If that was one of the goals of the peace flotilla’s organizers, they won big yesterday.
Five years ago, the noted Peruvian writer Mario Vargas Llosa, who is a Jerusalem Prize laureate, after concluding his visit to Israel, said the Israeli occupation was approaching its grotesque phase. Over the weekend Vargas Llosa, who considers himself a friend of Israel, was present to see that that phase has since reached new heights of absurdity.

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RIP

mayo 29, 2010

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Frank Booth is dead. May he rest in blue velvet.

Dead men walking (publicado en octubre de 2008)

mayo 26, 2010

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En la actualidad existen 57 mexicanos sentenciados a muerte en EU. Todos ellos llegaron a ese país como parte del gran éxodo incitado por la desesperación y la miseria que trazan un panorama por demás desfavorable en sus vidas. Pero más allá de una mera cuestión de sentimentalismo nacionalista, llama la atención el apoyo que el gobierno mexicano brinda a los ciudadanos que viven fuera del territorio nacional y el hecho irrefutable de que en la mayoría de los casos el sistema legal estadounidense desfavorece a los inmigrantes ilegales. En marzo de 2004 el Tribunal de la Haya concluyó que Estados Unidos había violado los derechos de 51 mexicanos sentenciados a muerte. La Corte Penal Internacional descubrió que los prisioneros no habían sido notificados sobre sus derechos consulares.

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De 1976 a la fecha ya son 3 mil 300 prisioneros sentenciados a muerte en Estados Unidos. Más de mil 100 han sido ejecutados (las estadísticas datan de 1976 debido a un breve período cuando la pena de muerte fue suspendida en EU después de que el caso Furman vs Georgia*, en junio de 1972, pusiera en evidencia la arbitrariedad y los vacíos legales que existían en algunos estatutos específicos de la pena de muerte. La Suprema Corte decidió que la pena capital era inconstitucional. Los legisladores tardaron cuatro años en ajustar estas imperfecciones inconstitucionales para lograr reinstaurar la pena de muerte). Estados Unidos —o al menos 36 de sus 50 estados— forma parte de un exclusivo club integrado por 60 países que siguen manteniéndose a favor de la pena de muerte. Según informes de Amnistía Internacional China, Irán, Arabia Saudí, Pakistán y Estados Unidos fueron los responsables de 88 por ciernto de las ejecuciones en el mundo durante 2007. En 2007, las 42 ejecuciones llevadas a cabo en prisiones estadounidenses posicionaron al país en el quinto lugar mundial después de China (470+), Irán (317+), Arabia Saudita (143+) y Pakistán (135+).
Excepto en el caso de Estados Unidos, se estima que las cifras reales son bastante más abultadas. Si bien los números de la “competencia” son considerablemente mayores y su margen de tolerancia mucho más estrecho, también es cierto que ninguno de estos países presume ser modelo a seguir por su espíritu liberal y democrático. Lo que aquí reluce es la hipocresía: no se puede ser a la vez libertario y fundamentalista.
En 1995, Hart Research Associates condujo una encuesta entre los jefes de policía de Estados Unidos para detectar cuáles eran los métodos que a su parecer podrían reducir la incidencia de los crímenes más violentos. Los resultados posicionaron la pena de muerte en el último lugar, con apenas uno por ciento de efectividad. A pesar de estos estudios, 65 por ciento de los estadounidenses votaron a favor de la pena capital. Así lo muestra una encuesta realizada por Gallup Poll en mayo de 2006.

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Todos los estados que aprueban la pena de muerte en EU están obligados a ofrecerle defensa al acusado. El caso Wiggins contra Smith**, concluido en 2003, fue sumamente importante para las futuras estrategias de defensa ya que obligó al Estado a especificar cómo debía llevarse a cabo la “asistencia efectiva” en los casos capitales. A partir de ese momento el Estado se vio forzado a invertir los recursos suficientes para poder efectuar una investigación exhaustiva del entorno del acusado que pudiera permitirle ser declarado jurídicamente inviable de recibir la pena de muerte, abriéndole paso a los especialistas mitigantes encargados de llevar a cabo esa investigación. Aquí es donde entra a cuadro la abogada Yuriria Marván Santin, especialista originaria del Distrito Federal.
La trayectoria que condujo a Yuriria a su profesión actual comenzó en 2003, cuando fue contratada por la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRA) para trabajar en el área de la Dirección General de Protecciones y Asuntos Consulares en una subdirección de Asuntos Especiales, dedicada a la coordinación del Programa de asistencia legal para mexicanos que enfrentan procesos capitales en EU. “La gente que trabaja en la SRE merece todos mis respetos por su incansable labor, por cómo se parten el alma para lograr brindarle el mejor apoyo posible a los mexicanos sentenciados en EU”, asegura Marván. En 2004, la SRA promovió a Yuriria a San Francisco, al área de protección y asistencia consular en los casos de pena capital en California. Durante el año que vivió allá tomó un curso en Derecho Penal en la Universidad de San Francisco y otro en Berkeley sobre Pena de Muerte.
“Una parte de mi trabajo consistía en ofrecer apoyo consular a los connacionales sentenciados a muerte en la prisión de San Quentin —la prisión más antigua de California.” El porcentaje más alto de mexicanos sentenciados a muerte en Estados Unidos está en California –36 mexicanos de un total de 57–, aunque el mayor índice de ejecuciones se registre en Texas. “Una vez que regresé a México me di cuenta de que no había nadie en el país dedicado a la investigación de los casos. En otras palabras, no existían especialistas mitigantes”, afirma Marván.

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“Cada vez que voy a prisión a conocer y a entrevistar a un convicto es una experiencia completamente nueva. Me he encontrado con personalidades de todo tipo. He entrevistado a personas —por instrucciones legales se nos ha prohibido mencionar los nombres de los convictos y los casos en cuestión— agradables con un humor agudo, de gran ingenio. Tan es así que a veces da la impresión de que si quitaran el vidrio de por medio lo nuestro podría ser confundido con una charla de cafetería. Hay quienes a pesar de las circunstancias me hacen reír la mitad de las entrevistas —confiesa, sonriente. Por supuesto que yo no sé si reír o llorar porque no deja de ser dramático. Por otra parte también me he encontrado con personas que sufren de evidentes trastornos mentales, y parte de nuestra defensa consiste en comprobar la enfermedad mental de nuestros clientes —señala Yuriria.
“Por lo general todas las pláticas son fuertes aunque sean aparentemente superficiales —asegura—, por el simple hecho de estar frente a un ser humano que se encuentra entre la vida y la muerte. Hay quienes pierden la esperanza y me confiesan que el porvenir les tiene sin cuidado. También te encuentras con lo opuesto, con aquellos que aseguran ser inocentes y que pase lo que pase ellos van a hacer todo lo posible para sobrevivir. De hecho, la mayoría de la gente dice que es inocente. Mi obligación como especialista mitigante es llegar a conocer a fondo a la persona que está detrás del acusado, y para lograr esto tengo que hacer que se identifiquen conmigo, mis clientes necesitan sentir que hay algo que nos une: ya sea la nacionalidad, la religión, el origen, etcétera. Para poder entenderlos tengo que investigar minuciosamente tanto su entorno como su pasado. Todo esto con el fin de transmitir esta información ante un juez y un jurado para lograr describir y construir la imagen del acusado como la de un ser humano, para que se deshagan de la idea de que quien está frente a ellos es un monstruo y que lo vean como una persona, con sus virtudes y defectos. Tratamos de explicar la gran complejidad que conforma la naturaleza humana”.

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Yuriria Marván trabaja de manera privada y es contratada directamente por los abogados que, en los juicios capitales, tienen la obligación constitucional de formar un equipo compuesto por un investigador y un especialista mitigante con presupuesto del Estado.
“Mi trabajo consiste en la recaudación de toda la información posible incluso desde antes del embarazo de la madre, recolectando datos sobre los familiares para ver cuestiones genéticas y biológicas. Investigo cómo fue el embarazo, el parto, si hubo golpes durante el embarazo, cuáles fueron las circunstancias del parto, qué enfermedades tuvo de recién nacido, quién lo cuidó, a qué escuelas fue, si tenía hermanos, etcétera. En fin, la idea es llegar a conocer a alguien a profundidad para poder narrar su historia desde antes de ser concebido hasta el momento de su arresto”.
Marván ha estado a cargo de alrededor de quince casos. Hasta la fecha su récord es impecable: todos han concluido exitosamente. “Mi función en la corte es la de un testigo especialista. Tengo que explicar en qué consistió la investigación, cuál fue mi experiencia desde las entrevistas con la gente del pueblo de origen del acusado hasta aquellos que lo conocían en Estados Unidos. La parte más importante de mi trabajo es lograr formular una estrategia junto con los abogados, con base en la información que voy encontrando. Nos reunimos con frecuencia para decidir cuáles serán los pasos a seguir para una presentación persuasiva de la historia de cada caso”, explica Yuriria.
“En términos prácticos no considero que la pena de muerte sea útil. Según señalan las estadísticas y los expertos, la criminalidad no disminuye en los estados en donde se aprueba esta sentencia. Un individuo que comete un crimen de semejante magnitud lo va a cometer independientemente de las consecuencias. Desde un punto de vista filosófico, yo considero que no hay una justificación para matar a alguien, ni en las calles ni a través del Estado. Creo que estar en contra de la pena capital funciona como una enseñanza de vida para la misma sociedad”, concluye.
Independientemente de las discusiones sobre las distintas posturas que pueda tener una sociedad frente a la pena capital, es cuestionable que la vida de un individuo se vea afectada debido a su estatus legal, su condición socioeconómica o su “incompatibilidad” biogenética y cultural. La justicia es un concepto demasiado caprichoso como para ser tangible, su distribución es terriblemente dispareja y no se necesita ser chino, iraní, saudí, pakistaní o estadounidense para caminar acompañado de esa desazón.

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*El caso Furman contra Georgia: Furman fue sorprendido mientras robaba una casa. En su intento por escapar se tropezó y cayó al piso. Debido al impacto, el arma que portaba disparó y mató a uno de los residentes. Furman fue enjuiciado y sentenciado a muerte. La Suprema Corte concluyó que la imposición de la pena de muerte en estos casos representaba un “castigo cruel e inusual y una violación a la Constitución”

**El caso Wiggins contra Smith: después de ser sentenciado a muerte, Wiggins apeló argumentando que el que su abogado defensor decidiera obviar su turbulenta infancia dio como resultado una defensa ineficiente y una sentencia sumamente severa. Después de una revisión minuciosa, la Suprema Corte de Estados Unidos concluyó que la actuación del abogado de Wiggins violó sus derechos según la Sexta Enmienda, que garantiza una asistencia efectiva por parte de la consulta legal. “Si el jurado lograra poner la terrible historia de vida de Wiggins sobre el lado mitigante de la balanza, existe una probabilidad razonable de que al menos uno de los jurados modificara el equilibrio.”, escribió en sus conclusiones Sandra Day O’Connor, jueza de La Suprema Corte.

El canario desplumado

mayo 1, 2010

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Más que ser una crítica a destiempo, este texto pretende inspeccionar lo que ha sido uno de los éxitos taquilleros más grandes del teatro mexicano actual.
Jueves 22 de enero en la entrada al Teatro de los Insurgentes. Diego Luna entrega los ejemplares recién salidos de la imprenta a periodistas e invitados en un gesto publicitario que antecede la rueda de prensa. “Hola, soy Diego”, dice de vez en vez, antes de estrechar la mano, ofrecer a los interesados una sonrisa ensayada y el ejemplar de la versión castellana de El buen canario (editada por Sexto Piso), obra escrita por Zack Helm, el joven californiano que es mejor conocido por su aportación cinematográfica con su guión Stranger Than Fiction.

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El buen canario fue llevada al teatro por primera vez en 2007 por un entusiasmado John Malkovich, quien se ha dado a la tarea de rescatar esta obra. Tras el éxito obtenido en París (seis nominaciones Moliére y el Globo de Cristal por mejor obra), El buen canario fue adquiriendo prestigio y el interés de varios productores alrededor del mundo. Canana Films (la productora de Gael García y Diego Luna) contactó a John Malkovich poco después de leer el guión original. El galardonado actor y productor estadounidense —protagonista de películas como ¿Quieres ser John Malkovich?, entre muchas otras— mostró una gran disposición por la propuesta hecha por Canana y al poco tiempo estaba en México dirigiendo la obra. Así lo explicaba Diego Luna en la conferencia de prensa, acompañado por Diego Rabasa (editor de Sexto Piso) y Fabrizio Mejía Madrid (escritor). Luna no tardó en asumir un papel protagónico frente a los medios haciendo un énfasis evidente en los logros productivos de sus colegas de Canana Films con un lenguaje casual que pretendía imprimir un aire de falsa familiaridad. Aunque eso sí, la gran mayoría de las preguntas iban dirigidas al cutis fotogénico del actor, dejando de lado la elocuencia puntual de Diego Rabasa quien intentaba —durante los escasos minutos en los cuales el micrófono estaba disponible— explicar el porqué de la aparición de El buen canario en los estantes de Sexto Piso y del proceso de traducción (distinta a la puesta en escena). En las pocas intervenciones de Fabrizio Mejía Madrid, el escritor celebró el hecho de que grupos y personas como Café Tacuba, Julieta Venegas y Diego Luna, entre otros, representaran “la nueva piel de la cultura mexicana”, sin dejar en claro si con esta declaración estaba haciendo una alusión a la superficialidad o postulando la mediocridad como un ideal a seguir. También habló acerca del impacto que la obra ha tenido en el público debido a la dureza del tema que trata. No sé si Mejía Madrid pasó los años ochenta recluido en una comunidad amish en Pensilvania, pero la adicción y el suicidio son temas tan viejos como la prostitución y el incesto. “Nadie monta un teatro que te enfrente con las adicciones”, añade un sonriente Diego Luna a este montículo de lugares comunes. La rueda de prensa termina con una larga y tortuosa descripción de Luna sobre el pase a gol que Cuauhtémoc Blanco le dio en un partido que se celebró esa misma mañana entre el elenco de Rudo y Cursi y el equipo de Televisa Deportes (días después revelaría sus intenciones de llevar la vida del polémico futbolista mexicano a la pantalla grande.

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Salgo malhumorado de la rueda de prensa y me recargo sobre una de las columnas que sostienen al Teatro de los Insurgentes para leer la sinopsis. El buen canario narra la historia de un joven escritor (Jack Parker) que intenta hacerse de un espacio dentro del difícil mundo editorial neoyorquino, a la vez que hace lo posible por refrenar el inestable estado anímico de su esposa (Annie), que se ve alterado de manera constante debido a su ingobernable adicción a las anfetaminas. El carácter vehemente y desenfrenado de su mujer logra frustrar la oferta de un abultado contrato con una editorial de renombre en un evento social que presumía marcar un antes y un después en la vida de la joven pareja. La frustración de Jack se ve mitigada por un secreto que ambos ocultan dentro de su diminuto y pulcro departamento y que representa el equilibrio entre ambos personajes.
Los 859 asientos disponibles en el teatro son ocupados en unos cuantos minutos. La expectativa flota como una brisa indecisa mientras las luces pierden su intensidad. Se alza el telón y casi de manera inmediata se hace evidente que la inconsistencia de la traducción interrumpe la fluidez del libreto original para restarle una credibilidad ya de por sí cuestionable a la obra, evitando de esta manera cualquier oportunidad de lograr un verdadero acercamiento a un ambiente que presume emanar de las calles de Nueva York. La versión teatral mexicana de esta obra es un ejercicio caprichoso que obliga a los personajes a encarnar un improbable desfase de identidad lingüístico que va desde un slang mexicano fresa hasta expresiones en anagramés e imprevistos desplantes anglicistas que salen a borbotones de los labios de los actores como los subtítulos de una película pirata. Es una interminable exposición de descuidos, producto directo de un exceso de confianza que sólo puede permitir la arrogancia, la prisa o la estupidez.

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Tampoco ayuda la incompatibilidad que surge por la mala distribución del elenco. La verdadera protagonista de la obra es Irene Azuela, cuya interpretación de Annie encaja dentro del margen hiperrealsita que exige el personaje, opacando aún más la fláccida actuación del productor y actor Diego Luna (Jack Parker), quien parece incapaz de animar cualquier otro personaje que no sea el de un niño despampanantemente frívolo e ingenuo. Es difícil encontrar las diferencias entre aquel adolescente malcriado que actuó en Y tu mamá también, el joven insulso y vanidoso de la conferencia de prensa y Jack Parker. El mismo canario podría encarnar el papel de un escritor neoyorquino de una manera mucho más convincente. Luna funciona como un comic relief anticlimático que parece alejarse cada vez más del libreto para encajar en los margenen de la idiosincrasia de su persona. Parece inevitable hacer una comparación entre este nuevo icono del cine mexicano y la Olive de Woody Allen (la insufrible amante del mafioso Nick Valenti de Balas sobre Broadway, quien obtiene un papel en la obra gracias al peligroso carisma de su patrocinador).

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A todo esto, uno se pregunta ¿dónde quedaron el talento y el trabajo de dirección de John Malkovich? ¿Habrá apostado todo por el rostro taquillero de Diego Luna? A excepción del profesionalismo de Daniel Gimenez Cacho, la corta pero sobria actuación de Yuriria del Valle y el performance atinado de Irene Azuela, el resto de los personajes se repelen entre sí. Parecen seres que habitan mundos completamente dispares, desde el ámbito lingüístico hasta un lenguaje corporal que obedece a lo regional, desdibujando con cada movimiento y palabra un ambiente neoyorquino que nunca salió de su empaque original.
Sin embargo, no podemos dar todo por perdido, si hay un punto positivo en la interpretación mexicana de El buen canario es que uno sale del teatro con ganas de leer la versión de Zack Helm, porque a pesar de los obstáculos narrativos producidos por Canana Films existe la noción de que el talento del joven californiano es genuino, y porque a diferencia de sus intermediarios Helm sería incapaz de estropear su propia inteligencia de una manera tan descarada.
Dos horas y media después, 857 espectadores aplauden enérgicamente. La única que comparte mi decepción es una mujer que se encuentra a cinco asientos de distancia. Deposita una larga mirada despectiva sobre la humanidad de Diego Luna mientras que el sujeto que está a su lado —quizá despistado por la euforia— grita ¡Encore! una y otra vez. Echo un vistazo a mi reloj para cerciorarme de que perdí el metrobús mientras me abro paso entre la avasalladora complacencia colectiva.