Estrógeno explosivo

Publicado junio 8, 2015 por arivolovich
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(Extracto de Jet Lag. Editorial Moho, 2013)

La objetable veracidad histórica de la guerra de Troya no es un impedimento para poder tomarla como referencia de grandes batallas, debido a la espectacularidad poética que da forma a la Ilíada. Si hacemos un recuento de otras guerras que quedaron grabadas en la historia, partiendo del determinismo religioso que impulsó el inicio de las Cruzadas en el siglo XI, pasando por el Imperio Mongol y la ferocidad de un ejército liderado por la osadía de Gengis Khan o el olor a sangre y pólvora que impregnaron los campos de batalla napoleónicos y las dos Guerras Mundiales —por mencionar algunas de las más significativas—, no cabe la menor duda de que el dedo acusador siempre va a detenerse sobre un sospechoso común: la testosterona. Pero vivimos en una época de cambios violentos. Las guerras ya no son lo que eran; tampoco sus protagonistas. La igualdad de género se ha abierto paso donde menos se esperaba: dentro del fundamentalismo islámico. La Yihad (Guerra Santa) y sus mártires suicidas se están tiñendo de rímel.

No está de más aclarar que el fenómeno de los ataques suicidas no es algo nuevo. Los iniciadores de la tendencia fueron judíos. Remontándonos al siglo I d.C, los sicariis (de ellos viene la palabra sicario) no eran más que pandilleros urbanos que actuaban como el brazo militar de los zelotes. Los zelotes eran militantes religiosos judíos (en inglés, zealot significa fanático), los líderes radicales que encabezaban las rebeliones antirromanas que pretendían lograr —sin intención de ser irónicamente correctos— la liberación de Palestina. Una de las marcas registradas de los sicariis era su método de asesinato que consistía en aislar a los soldados romanos para degollarlos frente a sus compañeros, completamente conscientes de que ellos mismos morirían segundos después a manos de los funcionarios armados del Imperio Romano. Los nipones también vieron el gran potencial que se escondía detrás de la estrategia suicida —el daño infligido era cuatro veces mayor al de la lucha “convencional”— antes de lanzar a sus ya famosas brigadas de pilotos kamikaze contra la flota marina estadounidense. Aunque el suicidio como arma política y militar lleva acompañándonos desde la Antigüedad hasta la era del Blue Ray y los iPhones, lo que marcó un cambio significativo en esta disciplina radical fue la técnica empleada por los nuevos suicidas. Los hombres bomba no llegaron sino hasta la década de los ochenta, como parte de un experimento del Hezbollá para repelar la invasión israelí al Líbano.

El primer caso de una mujer kamikaze se registró el 9 de abril de 1985. Sana Khyadali, una chiíta integrante de un grupo político secular denominado el Partido Nacional Socialista Sirio (PNSS), fue la pionera de las mujeres shahid.* La joven de dieciséis años esperaba un convoy del Ejército de Defensa Israelí que patrullaba la zona de Jazzín en el sur del Líbano, antes de detonar los explosivos que se escondían retacados dentro de su vehículo para desaparecer y despedirse del mundo junto a dos soldados del EDI.

Seis años más tarde, el 21 de mayo de 1991, Thenmuli Rajaratnam (conocida como Dhanu), una joven perteneciente al grupo independentista Los Tigres Tamiles de la Liberación del Eelam** (TTLE) de Sri Lanka, puso fin a su vida y a la de otras dieciséis personas de la misma manera que su semejante libanesa, logrando eliminar en la ciudad India de Sriperumbudur a su objetivo principal: el ex primer ministro indio Rajiv Gandhi.

Además del Medio y Extremo Oriente, el Cáucaso también ha funcionado como escenario para el fenómeno de las mujeres bomba. Shamil Basayev, el Señor de la Guerra, enemigo número uno de Rusia y quien hasta el día de su muerte —9 de julio de 2006, durante un ataque de las fuerzas especiales rusas— fue el jefe militar de la guerrilla chechena y uno de los terroristas más buscados del mundo, a pesar de inclinarse a favor del radicalismo islámico, confesó haber entrenado a las Viudas Negras chechenas: una brigada caracterizada por sus atentados suicidas y formada por mujeres que como bien señala el nombre, perdieron a sus maridos (y seres queridos) en la prolongada guerra contra Rusia. Basayev, conocido entre otras cosas por poner un precio a la cabeza de Vladimir Putin, había concretado las amenazas dirigidas a Moscú enviando su brigada de mujeres kamikazes para aterrorizar al Kremlin y a sus ciudadanos. La primera vez que el mundo reconoció este nuevo brazo armado del conflicto checheno fue en octubre de 2002, cuando un puñado de mujeres vestidas de negro y fajadas con cinturones explosivos tomaron más de ochocientos rehenes en el Teatro Dubrovka de Moscú. Las Viudas Negras (o viudas bomba) integran uno de los grupos suicidas más sanguinarios de la historia, y han cobrado la vida de centenares de personas. Uno de los detalles que caracteriza a las Viudas Negras es que siempre cargan los certificados de defunción de sus seres queridos.

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La muralla construida a base de la misoginia promovida por los tabúes sociales y las rígidas imposiciones religiosas que por lo general caracterizan a los movimientos militantes islámicos es un filtro que debería castigar, detener y por consecuencia disuadir a las mujeres de participar en cualquier actividad política y militar, sobre todo si tomamos en cuenta las connotaciones heroicas que se atribuyen a los fedayín*** y muyahidines**** contra la discreción exigida a las mujeres en este contexto social. Pero hay factores que respaldan y explican estas supuestas contradicciones. El más inmediato es que las mujeres pasan los controles policiales y militares con mayor facilidad que los hombres por el simple hecho de que estadísticamente no encajan con el perfil del terrorista común. También, expertos en materia antiterrorista indican que el impacto en la opinión pública es mucho más profundo cuando se trata de un atentado perpetrado por una fémina, aunque uno no necesita ser experto para entender las razones por las cuales el terrorismo femenino es más llamativo. Sólo basta con pasear por los lugares comunes de la femineidad como el instinto maternal, la sensibilidad, la compasión, para poder apreciar el contraste conceptual. Las posturas de los líderes de algunos de los grupos radicales de mayor renombre como el Hamás o Al Qaeda oscilan entre la conveniencia del pragmatismo y el puritanismo dogmático. El fallecido jeque Ahmed Yasin, jefe del Hamás, no reparó en las posibles contradicciones que algunos vieron en el yihadismo femenino porque partía desde una perspectiva puramente útil, por eso declaró que “los combatientes varones se topan con muchos obstáculos. Se trata de una evolución más en nuestra lucha. Las mujeres son como un ejército en la reserva y hay que usarlas cuando son necesarias”. La postura del número dos de Al Qaeda, el egipcio Ayman al Zawahiri, es menos progresista, por decirlo de alguna forma. La mano derecha de Bin Laden dedicó parte de su mensaje de dos horas —transmitido como respuesta a más de novecientas preguntas publicadas en internet por parte de simpatizantes de Al Qaeda— para exponer su rechazo a la participación militar femenina en la Yihad. “El papel de la mujer está limitado al cuidado del hogar y los hijos de los muyahidines”, declaró, consiguiendo así una oleada de respuestas por parte de mujeres islamistas radicales que exigían igualdad de género y quienes se sentían profundamente ofendidas porque el número dos de Al Qaeda ignoraba el hecho de que la rama iraquí de su organización contaba con más de veinte mujeres “martirizadas” desde 2003.

A pesar de que la Guerra Santa sigue siendo cosa de hombres, existen algunos grupos de apoyo que promueven esta creciente demanda para la equidad sexual, sin importar si ésta se logra únicamente en la otra vida. Un ejemplo de esto es una página cibernética (www.minbar-sos.com) que se dedica, entre otras cosas, a alentar a las futuras yihadistas. Este sitio fue creado en Bélgica por Malika el Aroud, viuda de quien en 2001 asesinó al jefe de la guerrilla antitalibán.

Wafa Idris, quien el 27 de enero de 2002 hizo estallar su backpack —matando a un anciano e hiriendo a más de cien transeúntes israelíes— para convertirse en la cuadragésima séptima shahid y la primera mujer que logró morir en nombre de Alá representando la causa palestina, no alcanzó a participar en las discusiones que ha incitado esta polémica. Wafra era originaria del campo de refugiados al-Amari de Cisjordania. “De todos los voluntarios de la Media Luna Roja —el equivalente a la Cruz Roja—, Wafra era la más animada”, dice Bárbara Víctor (periodista especializada en el Medio Oriente) sobre la impresión que la palestina de 27 años dejó en ella, dos meses antes de inmolarse en el centro de Jerusalén. Aunque podríamos descartar la depresión como un factor determinante en la motivación suicida de los shahids, cabe mencionar que las mujeres representan un pueblo reprimido dentro de otro. “A medida que viajaba por Gaza de una población Cisjordana a otra, entrevistando a las familias y a los amigos de las mujeres que habían logrado entregar sus vidas […] descubrí la dura realidad de que nunca era una mujer la que reclutaba a las kamikazes […] que los motivos y las recompensas para los hombres que morían como mártires eran muy distintos a los de las mujeres. En consecuencia, consideré que era fundamental comprender el razonamiento de los hombres que ofrecen una justificación moral para seducir y adoctrinar a una mujer o una chica y, en última instancia , convencerla de que lo mejor que puede hacer con su vida es ponerle fin […] Lo que me desconcertó cuando entrevistaba a aquellos hombres fue que todos ellos habían conseguido convencer a hermanas, hijas o esposas a su cargo de que dada la ‘trasgresión moral’ cometida por un miembro masculino de la familia, el único medio para redimirse ellas mismas y salvar el honor de su familia era morir como una mártir. Sólo entonces estas mujeres disfrutarían de una vida inmortal llena de felicidad, respeto y esplendor y, finalmente, serían iguales a los hombres”, escribe Bárbara Víctor en su libro Las siervas de la muerte.

La “guerra convencional” no es en el fondo más que una expresión eufemística que pretende encubrir la destrucción y el horror institucionalizados. El terrorismo de Estado sí existe y es igualmente reprobable que el “no convencional”. El terrorismo empieza donde termina el diálogo, y tanto el nacionalismo radical como el fundamentalismo religioso se han encargado de quitarle la voz al otro, sea quien sea ese otro. Hay quienes darían su vida para poder alzar la voz y ser escuchados. Ellas lo hicieron, y sus acciones fueron seguidas por un silencio desconcertante.

 

* Shahid: mártir, del árabe. Una persona que muere por la causa de Dios.

** Los Tigres Tamiles de la Liberación del Eelam: organización armada que surge en 1976 como parte de un creciente resentimiento de la minoría tamil frente a la discriminación de la población cingalesa, el grupo étnico dominante de Sri Lanka.

*** Fedayín: guerrero que actúa obedeciendo sus convicciones políticas.

**** Muyahidín: guerrero que actúa acorde con sus convicciones religiosas.

¿La religión es el opio del pueblo?

Publicado mayo 1, 2015 por arivolovich
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cerebro-de-dios-e1274277462642 (1)¿Existirá la manera de catalogar a la religión como una adicción en lo que se refiere al ámbito clínico? ¿El lugar de los santos está en los podios del establishment religioso o sobre el diván? ¿La metadona será más efectiva que Dios o viceversa? Si bien este texto no pretende dar una respuesta categórica a la sentencia marxista que lo bautiza, sí busca explorar la pregunta postulada mediante aproximaciones metodológicas, desde una disciplina que pocas veces se asocia con la religión: la ciencia. Es aquí justamente donde tiene un papel decisivo la pericia de Gady Zabicky —médico psiquiatra y adictólogo, quien formó y dirigió la Clínica de Trastorno Dual dentro del Programa de Investigaciones Relacionadas con Sustancias del Instituto Nacional de Psiquiatría (INP), en México; su trayectoria académica comenzó en esa institución y continuó en la Universidad Rockefeller en Nueva York, donde se enfocó en la genética de las adicciones y las clínicas de metadona. Zabicky también forma parte del Colectivo por una Política Integral hacia las Drogas (Cupihd)—, pues se requiere de  mucha destreza para poder llevar a cabo esta frágil danza entre el rigor científico y ese halo de ambigüedad que suele rodear al esoterismo. Las palabras fueron extirpadas quirúrgicamente de una larga y suculenta conversación en torno al leitmotiv que propone el título. Todas ellas, las que se desplegarán a continuación, son autoría del doctor Zabicky: “La etimología de adicción se remonta a los jueces de la antigua Grecia. Interesantemente, tiene mucho que ver con el juego o, si se prefiere, con la ludopatía. Cuando alguien no podía pagar una deuda, el juez dictaminaba: ‘tú estás adictum de él’, a lo que él diga;  en otras palabras, estás sometido a su decisión. Y de allí viene esta evolución del término: estás sometido a lo que la droga o a lo que la conducta te lleva a hacer. Estás a decir o a dicho de la sustancia y de la conducta. Ahora, si nos interesa llevarlo a un ámbito más práctico, podría decir que la adicción es toda una serie de conductas y de fenómenos que le suceden a un individuo que no puede controlar su manera de consumir una sustancia o de ejercer una conducta. Pero yo creo que deberíamos de tratar de marcar una distinción desde ahora, porque vamos a tocar esta división a lo largo de la plática. Hay un mundo que se llama dependencia o adicción a las sustancias, y otro que se llama adicciones a procesos, en donde está el juego patológico, las compras compulsivas, el internet, la pornografía, etcétera, y que si bien sí existen varias cosas en común entre éstas, también tienen diferencias insoslayables, y habría que verlas de maneras distintas.Juana_de_Arco_CLAIMA20120105_0135_24 “Hay un par de fronteras con la psiquiatría, y me gustaría empezar desde este punto, porque siento que es necesario dar este preámbulo. Uno de los grandes problemas de la psiquiatría consiste en que supuestamente los psiquiatras somos los expertos en la salud mental, pero la gran mayoría de las cosas que conocemos sobre la mente del hombre, son a través de la enfermedad mental y no de su salud. Lo cual nos lleva a cuestionarnos ¿qué es la salud mental?, ¿cómo definirla? Y esa definición ha sido muy elusiva. En especial porque hay varias cosas en la vida como la sexualidad, la religión, el arte (entre otras), en donde las fronteras no pueden ser trazadas. Hay un momento en el cual la psiquiatría choca de frente con la libertad, la otredad, el actuar de la gente, y los psiquiatras no podemos partir desde una premisa tan cuadrada como para decir que Dalí estaba loco, digo, posiblemente lo estaba, pero ¿era un loco o un genio?  La misma pregunta podría aplicarse a los dadaístas, tan solo por dar otro ejemplo. Para el Vaticano, Juana de Arco es una santa, ha sido canonizada; para los psiquiatras es un caso de estudio de esquizofrenia paranoica histérica. Entonces, acá hay una línea que no puedes trazar claramente. Hasta adónde una persona, ya sea por una fe o por un acto religioso está atravesando el umbral de la psicopatología. Si tu llevas a un danés o a un sueco un 12 de diciembre a La Villa, y les muestras a las personas que vienen hincadas sangrando de las rodillas porque están en penitencia, te dirían que eso es una locura, es un acto de autoflagelación, mientras que dentro del contexto mexicano es completamente normal. O si nosotros como mexicanos somos testigos de una ceremonia vudú y vemos cómo esta gente entra en trance y lo que les sucede; aquí en México tendríamos que hospitalizar a una persona que presentara esta conducta. vudu3 “Desde hace unos aproximadamente 25 años contamos con un aparato conocido como Resonancia Magnética Nuclear que, se ha convertido en una herramienta fundamental para las neurociencias. Porque tiene una forma de aplicarla que se denomina resonancia magnética nuclear funcional. Entonces tú puedes detectar cambios en el metabolismo del cerebro mediante ciertos paradigmas. Lo que significa que podemos tener a un sujeto vivo en un resonador, con una imagen que indica cómo está funcionando su cerebro, no en términos anatómicos, sino de cómo el cerebro está consumiendo glucosa u oxígeno. Entonces, por ejemplo, si tú le pones una fotografía de una mujer en una postura explícitamente sexual, vas a ver cómo se activan ciertas zonas del cerebro que corresponden a esta función cerebral. Esto se puede lograr con cualquier paradigma, para así, ubicar qué zona del cerebro se echa a andar con determinados estímulos. Efectivamente, si tú le tomas un estudio cerebral a las personas que llegan a estos estados de trance religioso, vas a detectar que algo muy especial ocurre en sus cerebros. La cuestión es que no es específico para el trance religioso, porque si le tomas ese mismo estudio a una persona que le están anunciando que ha sido nominada para el Óscar, vas a toparte con una imagen similar, lo mismo que si sometes a esta prueba a una madre que amamanta a su hijo por primera vez. No sé hasta dónde podemos catalogar estos estímulos como una suerte de dependencia. El hecho de que la naturaleza nos dotó con este sistema para que sintamos mucho placer al realizar ciertas actividades, está diseñado para sobrevivir como especie. Todas las demás cosas que hemos generado como humanos se montan en este circuito de la recompensa: los deportes atléticos, los juegos de azar, las drogas, etcétera. “Para pacientes dependientes a los opiáceos por un período mayor a seis meses, con un diagnóstico basado en el DSM-5*, es mil veces más efectiva la metadona que Dios. Y me refiero a ellos como dependientes en lugar de adictos, heroinómanos, cocainómanos, teporochos, etcétera, porque son pacientes dependientes a una sustancia X, y así es como se les debe de llamar siempre. Ciertamente, una gran fracción de las personas que se recuperan de un proceso adictivo, recurre a algún tipo de apoyo espiritual. Es una parte de las tradiciones, de las máximas de Alcohólicos Anónimos, que el alcoholismo es una enfermedad trifásica, entendiéndose como una enfermedad física, psicológica y espiritual. Si tú observas los doce pasos de AA, cuatro de ellos tienen que ver con el poder superior. oracion de la serenidad “Me rehusaría a caer en la definición de alguien adicto a Dios, en cambio estoy completamente claro de que hay personas que se vuelven adictas a ciertas sustancias. Hay gente que reza todos los días, que musita brajót**, que se inclina cinco veces al día hacia la Meca, como tú quieras, pero ¿en dónde uno puede trazar esa línea?,  ¿en qué momento se vuelve una adicción? No hay una definición operativa de esto que sugieres, no la hay. Por ejemplo, alguien que se flagela en la espalda, ¿por el solo hecho de sangrar se convierte en una patología? No lo sé, porque de la misma manera al perforarte un arete o hacerte un tatuaje, implica también transgredir esta frontera física de tu cuerpo y no por ello podemos decir que estás loco. No es una respuesta categórica de ausente o presente, positivo o negativo, no puede ser de esta manera, pero sí, definitivamente podemos hablar de personas que corren 5 kilómetros diarios y que cuando dejan de hacerlo, se sienten realmente mal: no se concentran, están malhumorados, no funcionan igual, no logran conciliar el sueño. Estoy haciendo referencia a una abstinencia a una conducta, ésta es la palabra clave aquí, es la conducta lo que interesa. Y que esta conducta me genera una situación de mucho placer, es una conducta que me agrada, cerebralmente es un reforzador positivo, como le llamamos en el ámbito de la psiquiatría, y una vez que el cerebro encuentra esta fuente de estímulos, es muy difícil convencerlo de que deje de hacerlo. Entonces, efectivamente hay personas que todos los días tienen que correr para poder sentirse bien. Piénsalo de esta forma, todos los que hemos estado enamorados con amor apache; ese primer amor de los 17 años es algo durísimo que le sucede al cerebro (se liberan oxitocinas, endorfinas, dopaminas, encefalinas y serotoninas). Una vez más Darwin nos proveyó con esto, porque en la edad en la que debemos de reproducirnos, el cerebro te hace ver a una mujer y te impulsa a no detenerte hasta embarazarla. Porque quieres que tus genes sigan adelante. Esta conducta es algo que se medía por transmisores cerebrales superpotentes. Qué es lo que sucede cuando llevas una relación increíble, en el mero hervor de un año, con la primera mujer con la que llevas una vida sexual libre y estás enamoradísimo y, de pronto, ella te dice ‘hasta aquí, gracias por haber participado’. Lo que tú sientes es un síndrome de abstinencia. No puedes dormir, sientes náuseas, estás deprimido, tiemblas, sueñas con esta mujer, que es lo mismo que le sucede al tipo que deja de beber o de meterse cocaína: sueña que sigue consumiendo las sustancias en cuestión. “De manera muy interesante no hay ningún ritual religioso del que me hables, en donde no haya una sustancia de por medio. Por ejemplo, el vino de los judíos y los cristianos, aunque sea un solo trago, pero lo que es importante resaltar aquí es la representación: es Dionisio, es Quetzalcóatl que fue corrido de su tribu por ponerse una borrachera de 50 conejos, es el peyote de los huicholes, el café de los musulmanes, cualquiera que sea, no puedes conciliar la religión sin estos elementos. “Los científicos biológicos nos encontramos frente a un problema epistemológico muy fuerte. Nos habíamos planteado en 1990 que nos íbamos a tardar hasta dentro de siete años en esclarecer el genoma humano. Nos tardamos 10 años menos de lo previsto. Otra cosa que fue muy preocupante, casi como abrir el cofre de un auto para darte cuenta que éste no tiene motor; calculábamos encontrarnos con poco más de 110 mil locaciones, sólo para descubrir que no eran más de 30,000. Nos dimos cuenta de que nos faltaban un montón de notas. Fue cuando entendimos que la cuestión iba por la epigenética. No es que el gen A nos lleve al genotipo B, sino que el gen A + el X + el Z + el ZXB nos dan el genotipo. Y esto es tan complejo como multiplicar 30, 000 por 30,000, ése es el número de combinaciones posibles para poder explicar un genotipo. Lo que sabemos al día de hoy es que el gen se expresa, porque está programado para expresarse, pero que el medio ambiente también influye en cómo se expresa ese gen. Dicho de otra manera, si pudieras poner a un sujeto originario de alguna etnia africana durante 10 mil años en la Antártica, iría perdiendo la melanina. “Si le preguntas a cien adictólogos qué es una adicción, te vas a encontrar con 99 definiciones distintas. Hay maneras muy diferentes de entenderla porque hay muchas escuelas, muchas perspectivas y muchas maneras de opinar sobre ello. Quizá el factor denominador común de todas, es la noción de la pérdida de control. Entonces ¿de qué manera aplicas este concepto? En otras palabras, ¿cómo aplicas la pérdida de control sobre qué tan religioso es un individuo? Yo entendería que puedo jugar hasta darle en la madre a la economía de mi familia, o que puedo beber hasta partirle el queso a mi hígado, o que puedo fumar marihuana hasta convertirme en un hongo que no habla con nadie más que con su dealer. ¿Cómo aplicar esto a la religión? ¿En qué momento demasiada religión se puede volver algo que contribuya a que se disminuya mi funcionalidad, a que me haga daño a mí mismo, a que sufra mi cuerpo, mi matrimonio? “Para echarle otro ingrediente al caso. Surgió una corriente neurocientífico filosófica denominada The Mysterians que parte de un principio muy interesante que postula lo siguiente: si nuestro cerebro fuera tan sencillo como para comprenderlo de la misma manera como comprendemos una televisión o una computadora, no nos estaríamos haciendo las preguntas que nos hacemos. Es un oxímoron. Seríamos un robot autómata que es algo incomparable con la complejidad de nuestro cerebro. Siempre que pienses en las neurociencias, el fenómeno que observas, por definición, es mucho más complejo de lo que comprendes. Es decir, ¿esta zona de la dopamina tiene relación con el circuito de la recompensa? Sí, pero habría que pensarlo en términos de una sinfónica. Tú tienes 300 instrumentos, pero basta con que una sola viola esté desafinada para romper la armonía, pero tienes que contemplar a toda la sinfonía, no puedes limitarte a señalar sólo el oboe o el clarinete, esto no existe en lo que se refiere al cerebro. Uno de los lugares comunes entre la gente es pensar que los seres humanos sólo usamos un cuarto de nuestro cerebro, lo cual no es cierto. Hay momentos en los que activamos un 99 por ciento de nuestro cerebro. Al día de hoy este paradigma es irrelevante, ya sabemos perfectamente para qué sirve cada parte del cerebro. De la misma manera, podemos relacionar todo lo dicho con anterioridad a preguntas tan populares como ¿qué onda con toda esta banda como Yuri o el integrante de Control Machete que recurren al cristianismo —en estos casos específicos— para curarse?  Si tú lees los escritos de Freud, sobre todo hacia el final de su vida, en más de una ocasión menciona que todo lo que él propone, léase el psicoanálisis, va a funcionar hasta el momento en que logremos descifrar cómo funciona el cerebro. En este sentido no existe nadie más antifreudiano que el mismo Freud. Él sabía que la relevancia de sus teorías caducaría el día en que comprendiéramos la neurofisiología humana. Y eso es precisamente lo que está sucediendo. Hoy por hoy el psicoanálisis ya no cura nada, es una mera costumbre aristocrática. Hoy en día, los problemas mentales se resuelven a través de la medicina. De la misma manera que ahora nos refugiamos en AA y en el poder superior y en el ‘sólo por hoy Dios mío ayúdame para no beber’ por el simple hecho de que no contamos con una respuesta más atinada. Habrá un momento en que la vamos a tener, y ése mismo día se acabará Alcohólicos Anónimos. Ya llegará el día —y puede que éste llegue durante el transcurso de nuestras vidas— en que yo pueda decirte ‘a ver, tú naciste con un genotipo que con estas células madre que vienen modificadas vas a poder volver a beberte un tequila antes de la comida’. Digo, cometeremos errores y retrocederemos y volveremos a intentarlo, pero si algo hemos aprendido de la ciencia es que podemos construir todo lo que nos proponemos, la ciencia ficción ya no existe. Estamos ubicados en un punto inédito de la humanidad. Así como tuvimos el siglo de los descubrimientos, el de la circunnavegación, la revolución industrial, etcétera, hoy en día, además de la era cibernética, nos encontramos en el siglo de la mente. Ya no estamos en pañales. freud “Otro punto importante para lograr ilustrar la gran problemática que existe en poder clasificar la religión como adicción. Imagínate un anexo de Alcohólicos Anónimos o de Narcóticos Anónimos. Estás bebiendo todo el día, estás fumando piedra todo el día, te apaño con los de la camioneta, te meto en una mazmorra y a ver cómo te va, viejo. Dentro de seis meses vas a salir sin consumir. Te vamos a dejar caer la doctrina y todo lo que ésta conlleva. Pero si hay algo de lo que estamos seguros es que una vez allí adentro, no vas a poder beber alcohol, ni fumar coca, ni apostar, ni consultar sitios pornográficos en internet. Pero ¿cómo le haces en un anexo para religiosos? Porque la religión está en la cabeza. Lo único que necesito hacer para incurrir en mi conducta es rezar. ¿Cómo caería yo en un síndrome de abstinencia? Es un constructo amorfo. Sí es cierto que ha muerto más gente a causa de la religión que por las drogas, pero por todo lo dicho anteriormente, es muy difícil catalogar la religión como una adicción”. No obstante, este reportero seguirá intentándolo. ——————————————————————————————————————————————————————————– *DSM-5 El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. **Brajót: “Bendiciones” en hebreo.

La maldición de los Houston

Publicado abril 14, 2015 por arivolovich
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Dos semanas después de su aniversario número cuarenta en este universo descabellado, Arkadi Houston había cumplido con su fantasía catastrófica más recurrente de los últimos años. Su padre nunca desaprovechaba la ocasión para enfatizarla, con ese aire triunfalista que adquieren los viejos que olvidan sus fracasos tan pronto descubren el Viagra. Noche tras noche restregaba en la humanidad de su hijo cada una de las decisiones erradas que lo habían conducido a compartir el mismo techo con él. La violencia de sus reproches parecía excesiva, pero sucede que a pesar de que siempre lo negaba, jamás le perdonó el hecho de haber perdido al amor de su vida. Y es que el crecimiento súbito e inusitado de Arkadi había provocado la explosión del saco amniótico de su madre, llenando sus pulmones con aquel brebaje primitivo a la vez que el cachorro Houston desgarraba sus órganos internos a una velocidad supersónica, con los brazos estirados y los puños cerrados en su viaje hacia la nada oxigenada. No había manera de que el ginecólogo pudiera capear aquel trágico desenlace. El impetuoso neonato salió cual bala perdida del conducto fibromuscular de su madre para perforar los ojos y enterrar sus puños en las cuencas del buen doctor, mientras que su progenitor observaba con terror aquella escena perturbadora.

Los gritos ensordecedores del médico paralizaron a su equipo al tiempo que éste intentaba zafar al pequeño Arkadi de su cara. No tardó en caer muerto, al igual que una de las enfermeras quien padecía de una endeble condición cardiaca. Se requirió de un nuevo elenco quirúrgico para lograr extirpar a Arkadi del rostro inánime del doctor. Sobra decir que semejante baño de sangre no pasó desapercibido por la prensa de Santa Bárbara. De no ser por la oportuna intervención de la NASA, la noticia hubiera atravesado las fronteras del referido condado californiano para recorrer el mundo en un abrir y cerrar de ojos. Pero poco le importaba el mundo a Donald H. Houston, quien veía cómo su único y verdadero amor se desangraba inconsciente sobre la mesa del quirófano sin que cuatro cirujanos ni media docena de enfermeras pudieran impedirlo. Por su parte, lo último que Sufía —la despampanante hija de un jeque saudí y quien fuera electa Miss Universo en 1970— alcanzó a ver detrás de aquella cortina de sangre que se desplegaba ante sus piernas, fueron las suelas del partero retorciéndose con violencia.

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Sufía Al Zahrani murió a las 09:45 de un 14 de julio de 1974, tal como lo había pronunciado el semblante pálido del médico impúber que quedó al mando. El jeque se sintió devastado al recibir la noticia. La única razón por la cual accedió a depositar la vida de su adorada flor en manos de un ordinario comerciante californiano, era debido a la famosa casta de superhéroes que corría por el torrente sanguíneo de los Houston.

Los días que le siguieron a este desafortunado acontecimiento le resultaban eternos al joven viudo. Su muñeca se movía por sí sola para firmar los documentos que le extendían los abogados de la NASA en la antesala del hospital. Así fue cómo el neonato Houston Al Zahrani se introdujo al mundo. Donald ni siquiera intentó ocultar el alivio que sintió cuando vio partir la caravana de autos blindados que conducían al autor de su tragedia rumbo a las instalaciones de la agencia espacial.

A pesar de que le era permitido visitarlo, no fue sino hasta que Arkadi cumplió seis años que padre e hijo volvieron a verse las caras. Guiado de la mano de su tutor y entrenador personal, el superhéroe en ciernes llamó por primera vez a la puerta del hogar que le fue negado. El comerciante recibió a su vástago con una frialdad por demás anunciada. No obstante, no pudo contener la dilatación de sus pupilas al ver a su difunta esposa sobrepuesta en el semblante de su verdugo: sus penetrantes ojos ambarinos, su prominente nariz recta, su tez color caoba… el niño era una viva representación de la ambivalencia del padre. Pero no fue sino hasta que Donald fue testigo de los dotes sobrenaturales que poseía el infante Houston durante una demostración de rutina —coreografiada por su entrenador—, que el temor se impuso al rechazo que sentía por el hijo de Sufía; independientemente de que Arkadi sólo buscaba la aprobación de su padre cuando, para dar fin a su exhibición de superpoderes, ahogó al Rottweiler del vecino con un escupitajo.

Fue precisamente el miedo, el miedo a futuras represalias lo que motivó al comerciante de ultramarinos a firmar una custodia compartida del niño junto con la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio. A partir de entonces, Arkadi pasaría los fines de semana y los días festivos en casa de Donald, a excepción de las vacaciones de verano en las que Houston volaba a Dubái para poder disfrutar de la compañía de su abuelo, quien cabe mencionar, era el único familiar que siempre lo procuró.

Arkadi esperaba con hondo entusiasmo a que llegara ese día que indicaba el fin de los extenuantes entrenamientos anuales, para que su entrenador personal y padre burocrático le entregara el anhelado pase de salida, y así, sin desperdiciar ni un solo segundo, poder salir disparado del Centro Espacial John F. Kennedy hasta poner pie en el helipuerto del viejo jeque. Un profundo y auténtico sentimiento de alegría surcaba su cuerpo cada vez que sobrevolaba el Golfo Pérsico, haciendo gala de las acrobacias aéreas que había ensayado a lo largo del año, antes de comenzar su descenso para encontrarse con el único heredero de la dinastía Al Zahrani, quien siempre lo recibía con los brazos extendidos y con una sonrisa radiante. Eran los recuerdos que más atesoraba de su infancia, ya que a pesar de sus incontables intentos por ganarse el afecto de Donald, pronto tuvo que asumir que lo único que lo unía al comerciante era la ley y la biología.

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Esto último era lo que Arkadi recordaba mientras desempañaba el espejo con su toalla. Se sentía un tanto defraudado. Tenía la sensación de que el tiempo lo había emboscado; de que su juventud había colisionado de manera frontal contra esos cuarenta años que viajaban de otra instancia para impactar el cristal. Aquel semblante deshidratado y tieso no embonaba del todo bien con su capacidad de procesar el tiempo. Y lo que era aún peor: esa barriga que brotó de sol a sol desdibujaba por completo cualquier reminiscencia de su glorioso pasado inmediato. “¡Más grande que Los Beatles!”, según aseguraba la portada de la revista Time hacía tan sólo seis meses atrás, en la que el denominado Puño Nero —apodo acuñado por el reportero estrella de Il Giornale Di Calabria— aparecía acariciándose la barbilla para sostener una sonrisa engreída que se desplegaba a lo largo y ancho de todos los puestos de periódicos bajo el sol.

Sucede que el hijo único de la unión Houston-Al Zahrani había perdido sus superpoderes la mañana que cumplió cuarenta años. Era una condición hereditaria, lo sabía. Mauricio Valdes San Emeterio, su mejor amigo y médico de cabecera, lo había advertido sobre esta predisposición genética de los Houston, heredada de abuelo a nieto (otra raya más al resentimiento del padre). Arkadi también estaba consciente de que su condición sólo podía empeorar. Pero la negación nunca advierte la inevitable embestida de la realidad. Aunque en el fondo y para ser precisos, lo que más le dolía a Arkadi —más allá de su físico disminuido, de compartir piso con su padre y de su afásica digestión cronológica— era la desvergonzada ingratitud de la humanidad. A la gente le importaba tres pitos el hecho de que el Puño Nero, el mismo que pulverizó con sus propios nudillos el asteroide que amenazaba con aniquilar toda forma de vida en el Planeta, ahora se veía obligado a vivir con su padre, a habitar su misma latitud neurótica y comer de la misma caja de Corn Flakes.

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Recorrió su barba con los dedos y echó un último vistazo al espejo antes de apagar la luz del baño. Una vez de vuelta en la recámara, observó su maleta con el rabillo del ojo. Se negaba a desempacarla, consciente de que una vez guardado el último calzón, sus días de gloria habrían culminado. Arkadi hurgó en el bolsillo de su bata púrpura para sacar su celular. Decidió marcarle una vez más a su agente. Dejó correr el buzón de voz a la vez que husmeaba en los cajones que aparentemente habían quedado intactos desde que cumplió los diecisiete años: edad en la que había abandonado la casa de H. Houston para consagrarse a la tarea de custodiar la Tierra. Pero entre las revistas pornográficas, los mixtapes y algunos títulos de Benedetti, el Puño Nero se encontró con una caja metálica que no logró reconocer a primera vista. La echó sobre la cama para inmediatamente bajar la vista y observar con repudio aquella panza amorfa que cubría su entrepierna. En la televisión de la recámara adjunta, Chuck Norris libraba una batalla campal en pro de la paz mundial. El soliloquio bélico del texano retumbaba en la delgada frontera de yeso que lo separaba de su progenitor. Dibujó una mueca de disgusto sin quitar la vista de la pared.

El abatido superhéroe arrastró sus crocs color hueso y su larga bata hacia la cocina. Los ronquidos del viejo comerciante no se alcanzaban a distinguir del imparable estruendo de las ametralladoras que agrietaban la pantalla. Abrió el refrigerador y sacó un cartón de leche para verterla sobre las hojuelas de glutamato monosódico que se desbordaban del plato. De pronto su bata se sacudió por la vibración del teléfono. Era el jeque Al Zahrani. Su rostro se iluminó de inmediato antes de contestarle a su abuelo con la calidez y cordialidad acostumbrada. Cogió el plato y apretó el teléfono contra su hombro para encerrarse en su cuarto. El abuelo quería saber cuándo iría a visitarlo. Arkadi le prometió que haría un intento por ir lo más pronto posible. Luego sostuvieron una larga conversación en torno a la crisis espiritual que azotaba a Suiza. Al momento de colgar, Arkadi sufrió un estrepitoso arrebato melancólico que lo obligó a acostarse en la cama. Ya no podía volar al penthouse del viejo jeque como en los viejos tiempos, sin más que su pijama, su cepillo de dientes y el tibio viento del Golfo que acariciaba su contorno con la misma delicadeza de la madre que nunca conoció más que de la voz de su abuelo. No, ahora tendría que pasar por los tortuosos inconvenientes que presenta el aerotransporte, sin mencionar los costos.

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El pomo de la puerta giró con violencia, seguido por unos golpes que a punto estaban de tumbarla. El Puño Nero se incorporó de un saltó con aquel ímpetu de antaño, resuelto a confrontar a su padre, pero sus pantorrillas sufrieron un calambre simultáneo que lo doblegaron a la vez que intentaba sofocar el dolor con sus manos. Estaba completamente anonadado por esta nueva sensación propia de los mortales. No tuvo tiempo de teorizar el dolor cuando su voluminosa nariz ya había impactado la alfombra. Se llevó los dedos al rostro y lanzó un grito que ahuyentó a su padre de la puerta. Estuvo cerca de soltarse en llanto, pero Arkadi fue educado para asociar las lágrimas con la debilidad, así que se limitó a reprimir su frustración golpeando el piso con los puños. El dolor lo acosó nuevamente. Impotente y vulnerado, arrastró su pecho sobre la alfombra hasta entrar al baño. Contempló con asombro la sangre que brotaba de sus nudillos antes de sujetarse del lavabo para alzar su persona malherida. Apoyó sus codos sobre la superficie de mármol y abrió la llave a duras penas para dejar que el agua fría corriera sobre sus puños. De pronto recordó las instrucciones de San Emeterio. Cerró la llave y estiró su brazo para alcanzar el maletín donde guardaba el coctel de opiáceos recetados por el referido médico, con el objetivo de contrarrestar su inevitable exposición a la gravedad. Se hizo de las fuerzas suficientes para arrastrarse hasta la cama y acostarse junto a la pequeña caja de metal que se había encontrado poco antes. Separó una ampolleta con una mano temblorosa para después hundir la jeringa ahí donde indica el sentido común. El peso de su cuerpo iba perdiendo relevancia. Tenía la mirada clavada sobre un punto en la pared que con cada segundo que transcurría, se transformaba en una luz blanca que penetraba sus pupilas para inundarlo de una tranquilidad nunca antes experimentada. Arkadi esbozó una sonrisa que parecía transmitir esa blancura exquisita en donde no cabía otra cosa que no fuera una paz absoluta. Su abdomen se sintió atraído por aquella luz que perforaba el techo, arqueando su cuerpo y dándole la sensación de estar flotando sobre la cama. Hizo caso omiso de los golpes que sacudían la puerta. Ahora no sonaban más que a estruendos de algodón que se disipaban a lo lejos. Recostó su sien sobre la almohada y observó la caja con el detenimiento que permite la serenidad. Pasó su dedo índice sobre los grabados de geishas que la adornaban antes de destaparla y ponerla sobre su barriga zen.

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La caja contenía recortes de prensa coleccionados por Donald H. Thompson a lo largo de los años, en los que se narraban exclusivamente los escándalos mediáticos acumulados por el Puño Nero. Arkadi no pudo evitar soltar una buena carcajada cuando se encontró con una de las notas más destacadas, en donde se señalaba aquel affaire de su arresto domiciliario por causarle una fisura anal a Putin mediante un intercambio de miradas hirientes durante su participación en la convención de los G20. Otras ilustraban sus famosos derroches monetarios y algunas evasiones de impuestos que lo obligaron a usar corbata en más de una ocasión. También se topó con pasajes que contaban su divorcio de la princesa de Jordania y aquella vez cuando mató al vocero de Pro-Life debido a un estornudo incontenible.

Al cerrar la caja, Arkadi consideró que había aportado lo suficiente a este mundo. Sin embargo y obedeciendo a un mero reflejo, decidió marcarle a su agente una vez más. El falso entusiasmo que despedía la voz del buzón logró irritarlo lo suficiente como para extinguir la luz que ahora caía del techo a cuentagotas. Se armó de fuerzas y se levantó de la cama. Para su asombro, sentía sus pies más ligeros que nunca, como si el helio hubiera sustituido su sangre. Antes de salir de la recámara cubrió su cuerpo con la bata púrpura de modo que sólo se asomaban sus crocs. Al pasar junto a la puerta de Donald H. Houston, algunos pensamientos oscuros se estaban apoderando del Puño Nero, pero pronto volvió a sus casillas y sopesó las posibles consecuencias para convencerse de que el parricidio no era digno de un Al Zahrani. Arkadi siguió su paso parsimonioso y salió de la residencia Houston en dirección a la torre de vigilancia. Mientras subía la escalera de caracol que ascendía hasta la médula de la noche, observó la luna llena y se acordó de Fátima, su princesa jordana. Fue en esa roca fotogénica que el Puño Nero le propuso matrimonio a la hija del rey.

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Una vez que sus crocs pisaron el borde de la plataforma metálica que delimitaba la cima de la torre, Arkadi tomó una buena bocanada de aire para expulsarla lentamente. Cerró los puños y estiró los brazos para simular el vuelo que su predisposición genética le había arrebatado. Contempló el cielo durante unos instantes antes de dar un paso al vacío. La sonrisa volvió a descomponer su rostro. Pensó en su abuelo y en el trágico destino de su madre, a la vez que su bata púrpura cacheteaba el aire en su estrepitoso descenso hacia el útero negro.

La tragedia de Clipperton

Publicado enero 3, 2015 por arivolovich
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SobrevivientesClipperton

A casi cien años y mil 250 kilómetros de distancia de los parachuts, las calandrias, las irritantes brigadas de motos acuáticas, el humo y el cortejo artificial de las voluptuosas discotecas de la costera; de las parejas que, una tras otra, parecen recrear algún pasaje de una melodía luismiguelera caminando a lo largo de una playa empalagada de tantos años de susurros y promesas perfumadas; a mil 250 kilómetros del horizonte kitsch acapulqueño se esconde una isla que contiene una historia de terror cuyas imágenes podrían ofuscar el efecto romántico de cualquier atardecer.

Breviario de una disputa internacional
Aunque el primero en avistar esta isla fue el navegante portugués Fernando de Magallanes ⎯sin poner pie en ésta⎯ en 1521 para registrarla bajo el nombre Médanos en la vasta bitácora de las pertenencias del Imperio español, la isla es mejor conocida por el nombre del temerario pirata inglés John Clipperton, quien utilizó esta diminuta plataforma de arena (de 7 km2 y una laguna salada en medio que ocupa el 90 por ciento de la superficie de la isla) a principios del siglo XVIII como escondite, bodega para almacenar sus saqueos y para planificar sus embestidas en contra de blancos españoles y la Nao de China que llegaba al puerto de Acapulco. En 1711 los capitanes de los buques franceses La Princesse y La Découverte redescubren la isla e inmediatamente la bautizan como La Île de la Passion para adjudicarla a la soberanía de Luis XIV. La independencia mexicana heredó, entre otras cosas, los residuos de tierra desparramados por el disminuido imperialismo español. Parte de esta herencia incluía La Isla de la Pasión que fue anexada a territorio nacional en la Constitución de 1824. Los años consiguientes convirtieron este terruño minúsculo en un escenario de conflictos mercantiles entre ingleses y estadounidenses para conseguir los derechos de extracción de guano, sobre todo durante la guerra hispano-estadounidense en 1898. Al enterarse del potencial económico de la Isla, los franceses no tardaron en cuestionar la legitimidad de la soberanía inglesa, estadounidense y mexicana sobre ésta, exigiendo su parte del pastel y haciendo una alusión a la declaración de toma de posesión hecha en 1858 por el teniente Víctor Le Coat de Kerveguen en nombre del emperador Napoleón III.* Porfirio Díaz rechazó las demandas francesas ⎯argumentando que México era el único acreedor de los antiguos territorios españoles⎯ al mismo tiempo que pactaba un acuerdo con la compañía inglesa Pacific Islands Company que se dedicaba a la extracción de guano en el Pacífico ⎯como indica explícitamente su nombre. Bajo la supervisión del Porfiriato, la compañía inglesa construyó un muelle y un asentamiento minero, poblándolo con más de 100 trabajadores de distintas nacionalidades traídos de San Francisco.

Los infortunios de los Arnaud
En 1907 Porfirio Díaz ordenó edificar un faro de luz a un pequeño pelotón comandado por el capitán Ramón Arnaud Vignon ⎯de padres franceses, paradójicamente⎯ quienes además de inspeccionar las labores de explotación por parte de las compañías foráneas, su estancia tenía el propósito de imponer una presencia simbólica en la ínsula que ondeara ante las posibles miradas que acechaban detrás de los binoculares de los buques franceses. La pobre calidad del guano clippertoniano finalmente obligó la retirada de la Pacific Islands Company en 1908 para luego convertirse en The Pacific Phosphate Company. Ese mismo año y durante una breve visita a su natal Orizaba, el capitán Arnaud contrajo matrimonio con Alicia Rovira Gómez. La joven pareja, al contrario de muchas, llegó a una pequeña isla tropical para ponerle fin a su luna de miel. El ahora denominado “gobernador de la Isla”, Ramón Arnaud, caminaba erguido sobre la estrecha playa, manteniendo la disciplina y la cordura de sus soldados a base de ejercicios rutinarios mientras que una nueva generación de clippertonianos nacía ⎯incluyendo a dos de los tres hijos del matrimonio Arnaud⎯ durante este periodo de calma. Para ese entonces el barco de suministros llegaba para abastecer a los isleños cada dos meses de manera puntual y sin mayores contratiempos. No fue sino hasta 1913, en una visita autorizada que hizo la familia Arnaud en Acapulco, cuando se enteraron de los violentos cambios que azotaban al país. Ni el exilio forzado de Porfirio Díaz a París, ni el asesinato de Francisco Madero y José María Pino Suárez ordenado ese mismo año por un resentido Victoriano Huerta, ni el hecho de que el mismo ejército del “gobernador de la Isla” estaba a punto de entablar una guerra contra los constitucionalistas fueron argumentos suficientes como para lograr disuadir a un testarudo Arnaud en cumplir las órdenes caducas de un general que, dicho sea de paso, se encontraba a 10 mil kilómetros de distancia, en el corazón del “enemigo”, degustando vinos y tragando croissants.
Y así, Arnaud y familia regresaron a gobernar a los isleños de su reinado tropical. Para 1914, todas las maniobras militares y políticas estaban enfocadas hacia la turbulenta Revolución mexicana, despojando al pequeño destacamento del capitán Arnaud de cualquier relevancia sustancial para los propósitos estratégicos que presentaban los nuevos tiempos. El barco de suministros dejó de llegar. La playa de La Isla de la Pasión se llenaba gradualmente de miradas expectantes que se dirigían hacia un horizonte cada vez más hostil e imponente. Arnaud y sus isleños se vieron obligados a limitar su dieta a los huevos de pájaros bobos (la población más grande en el mundo), pescados y los pocos cocos que daban las escasas palmeras. Para esas instancias, muchos de los habitantes de la isla habían muerto de escorbuto.
En lo que seguramente fue un día sumamente estimulante para los clippertonianos, durante una tormenta apareció un naufragio estadounidense frente a la costa de Clipperton. Arnaud y sus soldados lograron salvar a los sobrevivientes estadounidenses, aunque con la baja de uno de los rescatadores que fue devorado por un tiburón. Una vez recuperados y al enfrentar la posibilidad de haber sido víctimas de un abandono intencional, tres marineros estadounidenses se osaron a remar mil 250 kilómetros para llegar a tierra firme en una pequeña balsa. En contra de todas las posibilidades lograron su cometido e inmediatamente notificaron a las autoridades, quienes no mostraron ningún interés en rescatar a un pelotón huertista perdido. Ninguno de los habitantes de La Isla de la Pasión sospechaba que había comenzado la Primera Guerra Mundial, ni que el Tampico ⎯el buque de las provisiones que zarpó del puerto de Topolobampo⎯ sería perseguido y hundido a manos del Vicente Guerrero de los revolucionarios en lo que fue la única batalla naval registrada en la Revolución Mexicana.
No fue sino hasta que el USS Cleveland ⎯un barco de la marina estadounidense⎯ ancló al lado de la costa de Clipperton el 14 de junio de 1914 cuando Arnaud se enteró de los sucesos que sacudían al mundo entero. El USS Cleveland había llegado con la intención de salvar al resto de náufragos norteamericanos y ofreció llevarse a bordo a Arnaud, sus soldados y familias a tierra firme. En un gesto de insolencia patriótica, el gobernador de la Isla rechazó la oferta hecha por el capitán del Cleveland argumentando que no contaba con órdenes directas de sus superiores, que tenían suficientes raciones para sobrevivir cinco meses y porque no podía tratar con el enemigo. El USS Cleveland y los náufragos estadounidenses desaparecieron en el horizonte. Sin embargo, Arnaud escondía un motivo que podía explicar su obtusidad flagrante. Años antes había sido acusado de desertor y el abandonar su puesto podía ser interpretado como una segunda deserción.
El tiempo transcurría y el horizonte seguía despejado. Los muertos eran enterrados debajo de la arena de la laguna. Los pocos cocos eran reservados para las mujeres y los niños. Los hombres ya mostraban señales claras de delirio y desesperación. Dos años después de la partida del USS Cleveland, en octubre de 1916, el gobernador Arnaud avistó un barco y le ordenó a sus soldados ⎯prácticamente a todos los hombres de la isla menos al farero, Victoriano Álvarez⎯ a seguirlo a la pequeña lancha de remos para intentar alcanzar el navío. Las mujeres y niños observaron boquiabiertos cómo la pequeña tripulación comandada por Arnaud bajaba del buque y volvía hacia la isla. El terror se apoderó de las esposas e hijos al ver cómo las olas hundían la endeble embarcación de sus maridos y padres hasta perderlos de vista para siempre dentro de la aguas infestadas de tiburones.

El Marqués de Clipperton
La larga desventura de las recientes viudas ⎯entra las que estaba Alicia Rovira Gómez ⎯ y huérfanos estaba a punto de tomar un curso aún más tenebroso. Victoriano Álvarez, al verse libre de cualquier figura autoritaria, se autoproclamó rey de la Isla, convirtiendo gradualmente a las sobrevivientes femeninas en sus esclavas sexuales. Tanto las mujeres como las niñas de la Isla se encontraban a la merced de la violencia caprichosa de Álvarez. Las violaciones formaban parte de la rutina diaria. La viuda del capitán Arnaud había logrado repeler a Álvarez hasta el 18 de julio de 1917. Lo siguió, resignada, acompañada de sus hijas hasta llegar al faro. Aprovechándose de un descuido del farero endemoniado, las mujeres de Clipperton lograron tirarlo al piso de un golpe y ponerle fin a su reinado de terror a base de patadas y martillazos. Alicia Rovira, en un arrebato de ira le pidió a su hijo de siete años ⎯Pedro Ramón Arnaud⎯ que fuera por el petróleo que tenía escondido. “¡Vamos a quemarlo!”, gritaba Alicia en medio de la excitación colectiva.
En un hecho que pone en cuestión la palabra casualidad, ese mismo día y con el cadáver del violador aún tibio, un barco de guerra norteamericano ⎯el USS Yorktown, al mando del capitán H.P. Perril⎯ que surcaba la zona, avistó y rescató a las cuatro mujeres y siete niños que sobrevivieron a este episodio antagónico de la Revolución Mexicana.

*El 2 de marzo de 1909, ante la persistencia francesa, Porfirio Díaz firma un documento en el cual México y Francia pactan llevar el caso Clipperton a una tribunal arbitral. El juez en cuestión fue Víctor Manuel III, el rey de Italia, asignado por el Vaticano. El veredicto se pronunció a favor de Francia. Víctor Manuel III concluyó de manera tajante que la soberanía de la isla le pertenecía a Francia desde la toma de posesión hecha en nombre de Napoleón III el 17 de noviembre de 1858. Debido a un cúmulo de circunstancias, la Primera Guerra Mundial entre tantas más, la sentencia del jerarca italiano no se dio a conocer sino hasta el 28 de enero de 1931. Las iniciativas de personas como del explorador francés Jean Louis Étienne y la investigadora del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICML) de la UNAM, entre otras, han ofrecido la mejor solución a la disputa territorial entre ambos países. La Isla de Clipperton se ha convertido en un laboratorio oceanográfico en donde científicos de ambos países trabajan en conjunto para estudiar la fauna de la zona.

Apocalipsis ahorita: la vida es una sala de espera

Publicado enero 10, 2014 por arivolovich
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Predicadores, lunáticos, charlatanes, fundamentalistas, profetas lúcidos o pordioseros esquizofrénicos, todos ellos han estado anunciando el fin del mundo desde que existe la conciencia colectiva del mismo. La historia está plagada de líderes espirituales carismáticos —sobra mencionar a los protagonistas de las tres grandes religiones— que aparecen para promover su concepto del paraíso y ofrecer una contrapropuesta al desencanto y al tedio de un mundo lleno de sufrimiento, de gobiernos injustos y de burócratas desalmados. Si bien los apocalípticos difieren en los incentivos, la religión, la filosofía o los cálculos que los llevan a predicar la catástrofe final, hay un patrón de conducta que los caracteriza. Existe la promesa de la redención a través de una “corrección” espiritual para lograr la salvación, ya sea de un grupo selecto o de la humanidad entera. Eventualmente y sin excepciones, todos comparten un profundo sentimiento de decepción o, en su defecto, la muerte.

Los milleristas la llamaron “la Gran Decepción” después de experimentar en carne propia las profecías incumplidas de su líder, William Miller, en lo que llegó a ser uno de los fenómenos de catastrofistas más famosos del Continente Americano. Miller era un granjero originario de Low Hampton, Nueva York. Víctima de una profunda obsesión, William pasó años encerrado en su granja con la intención de descifrar las Escrituras Sagradas. A pesar de que para 1818 Miller estaba convencido de la precisión de sus cálculos, no fue sino hasta cinco años después cuando se dispuso a exponer los frutos de su interpretación ante la luz pública. Miller aseguraba, basándose en la profecía de Daniel 8:14 (“Y él me dijo: Hasta dos mil y trescientos días de tarde y mañana; y el santuario será purificado”) e iniciando su cuenta a partir del decreto de Artajerjes I para la “reconstrucción” de Jerusalén en el año 457 a.C., que la Segunda Venida de Cristo estaba fijada entre el 21 de marzo de 1843 y 1844. El primer minuto del 22 de marzo de 1844, en lo que seguramente fue el silencio más incómodo registrado en la historia y mientras presenciaba su terrible fracaso reflejado en los miles de rostros alargados de sus seguidores —quienes se habían congregado en los puntos topográficos más elevados de Estados Unidos—, Miller se apresuró a retomar sus notas para tachar, corregir sus cuentas y concluir que en realidad la fecha verdadera del Segundo Advenimiento se daría en menos de un mes: el 18 de abril del mismo año. Después de un rotundo y conclusivo fracaso, un William Miller desinflado y cabizbajo se disculpó y confesó su error ante una muchedumbre de creyentes inconsolables para ponerle fin a su carrera apocalíptica. No obstante, “la Gran Decepción” llegó meses después durante el amanecer del 23 de octubre del mismo año, cuando algunos milleristas, a pesar del sensato retiro de su profeta, insistieron una vez más en congregarse —basándose en otra interpretación del mismo pasaje, retomada por el predicador adventista Samuel Snow— para volver a encarnar la desilusión.

William Miller fue el impulsor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Casi 150 años después, una secta disidente y desprendida de ésta llevaría sus creencias apocalípticas hasta las máximas consecuencias. Los Davidianos –encabezados por Vernon Howell, quien luego cambiaría su nombre a David Koresh ya que se consideraba el sucesor espiritual del Rey David—, se abastecieron de un arsenal de armas imponente y se encerraron en un fortín construido sobre el Monte Carmel situado en Waco, Texas, convencidos de que las profecías cristianas que anuncian el juicio final estaban por cumplirse, interpretando la Biblia partiendo de pasajes del Apocalipsis. Koresh respondía a las acusaciones que se le hacían respecto al abuso sexual contra menores dentro de su comuna argumentando que poseía un derecho divino que anulaba las prohibiciones aplicadas a su persona. Debido a la preocupación creciente por los informes de inteligencia que señalaban una compra de armas masiva por parte de los davidianos, el Departamento de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego lanzó un asalto contra Koresh y sus adeptos el 28 de febrero de 1993. Seis davidianos y cuatro agentes murieron como resultado del tiroteo. El FBI inmediatamente asumió el mando de las operaciones durante los 51 días que duró el intercambio de fuego entre fanáticos religiosos y agentes federales que culminó el 19 de abril cuando el FBI intentó ocupar las instalaciones del Monte Carmel. Los davidianos prendieron fuego a su refugio matando a 76 de sus habitantes, incluyendo mujeres y niños.

El 19 de marzo de 1997, días antes de suicidarse, Marshall Applewhite aparecía en un video casero donde afirmaba ante una audiencia invisible que “el Planeta Tierra estaba a punto de sufrir un reciclaje” y que nuestra única oportunidad de salvación era “irnos” con ellos. “No estamos diciendo que la Tierra está llegando a su fin, estamos diciendo que la Tierra está a punto de reformarse y prepararse para la llegada de otra civilización humana”, aseguraba. Applewhite, entre otras cosas, decía ser el heredero de la mente de Cristo. Applewhite y Bonnie Lu Nettles fueron los fundadores de Heavens Gate: un combo compuesto de cristianismo y ciencia ficción. Los miembros de este culto creían que el Hale-Bopp —un cometa particularmente brillante— era la señal que les indicaba que tenían que deshacerse de sus cuerpos terrenales (sus “recipientes”) para poder abordar la nave espacial que se encontraba detrás del cometa y que los llevaría a un plano de existencia más alto. A finales de marzo de 1997, la policía encontró los cuerpos inanimados de los 39 miembros del culto que se suicidaron por turnos —unos ayudaron a otros a ingerir la mezcla de fenobarbital y vodka— dentro de una mansión en el Rancho de Santa Fe, a las afueras de San Diego, California. Todos ellos calzaban tenis nike negros y ocho cuerpos estaban castrados. En 1970 Applewhite se internó en un hospital psiquiátrico con el propósito de callar las voces que sólo él podía oír y para “controlar sus deseos homosexuales”. Fue en ese hospital donde conoció a Nettles, quien trabajaba como enfermera. Casualmente, ella fue la encargada de alimentar y validar las alucinaciones de Applewhite para así crear un culto que homenajeó como pocos la estupidez colectiva.

El new age no se ha quedado al margen de las profecías apocalípticas. Uno de sus representantes de mayor vigencia hoy en día es el estadunidense José Argüelles: fundador del Instituto de Investigación Galáctica de la Fundación para la Ley del Tiempo. Argüelles se dio a conocer en el mundo en agosto de 1987 por haber promovido la “Convergencia Armónica”: un evento esotérico celebrado paralelamente en lugares “sagrados” alrededor del planeta. En 1998, Argüelles se declaró muerto para poder reencarnar como el sucesor de Pacal Votan (también conocido en las leyendas mayas como “el Señor del Tiempo”) con el nombre de Valum Votan. El hecho de que Argüelles (akaValum Votan) nunca estudió astrología, arqueología o antropología —es doctor en historia del arte— no le ha impedido dedicarse a distorsionar y reinterpretar a su antojo uno de los calendarios mayas: el Tzolk’in (a cada día del Tzolk’in se le asigna uno de 20 nombres y uno de 13 números, formando un ciclo de 260 días), ofreciendo como resultado una versión híbrida compuesta de una mezcla improbable entre la antigua civilización mesoamericana y un inquebrantable espíritu new age, en franco desafío de las leyes de la ciencia con sentencias construidas con base en un vocabulario tan disperso e impreciso como el de un horóscopo. Según Argüelles, existe una “cultura galáctica cuatridimensional cuya esencia radica en el conocimiento espiritual”; este conocimiento se puede adquirir a través del cultivo del holón. El holón, explica Argüelles, “es la estructura enteramente cuatridimensional de nuestra alma y mente” que hemos perdido debido a nuestro “escepticismo materialista”. Según Valum Votan, nuestro error radica en vivir y concebir el universo de manera tridimensional y en nuestra percepción artificial del tiempo que está provocando una acelerada separación del “orden natural del universo”. Argüelles, sus colegas y los seguidores de su Calendario de las 13 Lunas están convencidos de que hay dos tipos de seres humanos: los noosféricos (quienes cuentan con este “órgano sensorial planetario que permite una apertura hacia una conciencia galáctica”) y los no-noosféricos. La interpretación de Valum señala el 2012 como el año que marca el final del Gran Ciclo dentro del calendario maya. Para poder sobrevivir lo peor la humanidad tiene que apresurarse y adaptarse al “tiempo natural”. Según sus cálculos, el margen de tiempo que tenemos para poder hacer el cambio y adoptar el Calendario de las 13 Lunas y 28 Días empezó el 26 de julio de 2004 y termina el mismo día del 2012. Los interesados o futuros creyentes pueden aportar con un donativo a la causa del Instituto de Investigación Galáctica. Lo único que tienen que hacer es entrar al sitio web (www.lawoftime.org) donde le aseguran a los contribuyentes potenciales que todas las ganancias benefician el Plan de Paz Universal antes del 2012 de la Fundación para la Ley del Tiempo. Y como prueba de la seriedad detrás de este indispensable estudio cósmico, los donativos se pueden hacer obedeciendo los ciclos lunares. La “Donación Lunar” —así aparece publicada en el sitio— varía de siete a mil 40 dólares y el monto seleccionado es deducido de la tarjeta de crédito al mejor estilo del Calendario Maya: cada 28 días.

Pero dejemos atrás la humedad asfixiante de Palenque y sacudámonos de encima los delirios mesiánicos y las interpretaciones románticas que nos ofrece un hinchado Valum Votan y posicionémonos frente al enorme muro que se interpone entre el siglo XXI y una autonomía apocalíptica medieval ubicada en el centro-occidente de nuestro país. Y es que México también ha sido escenario de cultos catastrofistas. En las inmediaciones subtropicales del municipio michoacano de Turicato y encima del cerro Poder de Dios (anteriormente conocido como El Mirador) se erige uno de los ejemplos más espectaculares —debido a su imponente infraestructura y los 5 mil fieles que llegaron a habitar este espacio desde todos los rincones de la República— de los sectarismos apocalípticos. Se trata de la Nueva Jerusalén, fundada en 1973 por su líder Nabor Cárdenas Mejorada. Los creyentes de la Nueva Jerusalén aseguran que la Virgen María del Rosario apareció el 13 de junio de 1973 ante la vidente Gabina Sánchez —una campesina avanzada en edad— para señalar a Nabor Cárdenas, quien para ese entonces era sacerdote católico, como el elegido para llevar a cabo una misa en el cerro Poder de Dios. Cada vez más convencido de la autenticidad de estas “apariciones y mensajes”, Nabor buscó el visto bueno de la Iglesia Católica para ganar credibilidad. No tardó mucho en ser excomulgado. No obstante, Nabor se apresuró en construir una ermita y logró hacerse de una cantidad significativa de adeptos. Las peregrinaciones aumentaron en un abrir y cerrar de ojos. Algunos decidieron quedarse a vivir en la Nueva Jerusalén. Dice su mitología que Gabina Sánchez y Nabor Cárdenas debían cambiar sus nombres a Mamá Salomé y Papá Nabor en obediencia al mandato de la Virgen. En 1981, tras la muerte de Mamá Salomé, se creo una fuerte división entre los residentes de la Nueva Jerusalén debido a las disputas de poder para su sucesión. Papá Nabor intervino a favor de su candidata predilecta expulsando a los 4 mil disidentes. En cierto punto de su corta historia, la Nueva Jerusalén contó con 9 mil habitantes. Esta aldea medieval considera que el fax, la televisión, la computadora y el internet, entre otras cosas, no son más que “herramientas de conocimiento satánicas”. Además existen marcadas divisiones jerárquicas —los “consagrados” y los “vivientes”— y se siguen implementando los castigos corporales ante provocaciones tales como el uso de maquillaje. Con el transcurso del tiempo los mensajes de la Virgen se inclinaron más hacia claras advertencias apocalípticas. Los fieles de la Nueva Jerusalén se saben protegidos del fin del mundo. Su fe les sugiere que cuando llegue el momento de la verdad, se abrirán enormes grietas alrededor de la Nueva Jerusalén para aislarlos del mundo y salvarlos. Para un culto apocalíptico la vida no es más que una sala de espera, por eso es que se ha prohibido la reproducción, las escuelas y los centros de salud.

Papá Nabor falleció el 19 de febrero de 2008 a sus 95 años. Su muerte dio paso a una nueva oleada de luchas de poder dentro de la comunidad. Agapito Gómez Aguilar asumió el cargo de vidente como sucesor de Papá Nabor después de una larga y violenta disputa contra sus opositores que provocó la intervención de personal militar en lo que fue la única vez que un organismo laico penetró las puertas de la Nueva Jerusalén.

La demencia, el miedo al vacío o las creencias que uno decide asumir frente a la existencia y el más allá no son las únicas determinantes para querer adoptar una fe avant-garde: basta con sentarse frente a cualquier noticiero durante media hora para que un delirio utópico suene lo suficientemente tentador como para fantasear con la idea de algún confort religioso-conceptual que nos aleje de la “crudeza terrenal”. También queda claro que es reconfortante desmentir la mortalidad con fábulas o teorías vacuas e intangibles. Pero podemos dormir tranquilos: si la existencia del planeta dependiera exclusivamente de la cualidad bondadosa de nuestras acciones o de la pureza de nuestros pensamientos, ni siquiera alcanzaríamos a presenciar el fuego.

“Jet Lag” lejos de los reflectores de la FIL:

Publicado diciembre 4, 2013 por arivolovich
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Para todos aquellos que brillaron por su ausencia —fueron demasiados, aunque iba muy bien acompañado—, va el texto que mi queridísimo amigo y compañero de mil batallas sin objetivos claros, Enrique Blanc, leyó en la presentación de Jet Lag en Palíndromo, al margen de la FIL Guadalajara:

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“Antes que otra cosa, quiero decir, asumirme en esta presentación como un intruso. Y así, como el propio Ari Volovich se torna un consumidor más de Farmacias Similares cuando surge de la botarga del Doctor Simi en uno de los episodios más divertidos de Jet Lag, el libro que presentamos hoy, a mí me gustaría brincar de esta silla y colocarme entre el público para presenciar la que hipotéticamente hubiese sido la reunión de Rogelio Villarreal, quien aquí nos acompaña, y Guillermo Fadanelli. Reunión que no sólo me evoca algunas noches de exceso etílico y divagaciones bohemias durante los dos años que viví como huésped del primero en un departamento oscuro de la calle Veracruz en la Ciudad de México, entre 1999 y 2000, precisamente los años en que conocí y trasnoché en más de una ocasión por las calles de esa urbe con el propio Volovich. Reunión hipotética pues, que a mí, que conozco de cerca los ires y venires de la amistad entre los dos personajes antes referidos, me parecía genial, producto indudable de la perversidad del propio autor de Jet Lag, la misma perversidad que reconozco a medida que avanzo por sus páginas. Pero no, Fadanelli argumentó no sé qué y ahora, yo, que soy uno de los autores que publica en su editorial, debo sentirme tal como quien decide por puro interés periodístico (léase morbo personal) calzarse los zapatos de la botarga del Doctor Simi sólo para ver qué se siente y llenar el hueco de quien varios años atrás decidió fundar una editorial que diera cabida a un grupo de forajidos con bolígrafo como los tres que estamos aquí reunidos.

Dicho esto, quiero confesar que más allá de conocer a Volovich como un agudo y sarcástico observador de la vida, no había llegado a su literatura —llámenle periodismo, si así lo desean— hasta que cayó Jet Lag en mis manos. Y es hasta entonces que finalmente entendí la dimensión que ha tenido para su visión del mundo el haber nacido en la ciudad israelí de Ashdod —cuyo clima urbano tan bien describe en el relato titulado “Ashdod City”— y el caminar por la vida sabiéndose judío, condición que el propio Ari, así me parece que lo ilustra Jet Lag, ha utilizado como un pretexto más para echar a andar los motores de una imaginación aguda, lúdica e inevitablemente salpicada de humor negro.

Quien conozca de cerca a Volovich sabrá que tres de sus rasgos más característicos son: Su compulsión por encender y fumar tabaco, uno. Su recurrencia a tocarse la barbilla, manía que está muy bien ilustrada en las páginas de su libro, y que lleva a cualquiera a pensar que cavila con profundidad sobre algún asunto… de nimia importancia, dos. Y tres, sus estridentes carcajadas, las que imagino que suelta cada que de su cabeza brotan los aforismos que, a la par de reflexiones, crónicas y relatos, dan forma a Jet Lag, libro que en ese sentido es una suerte de miscelánea literaria y en el que la variedad y la sorpresa con las que uno se topa a cada vuelta de página, figuran entre sus virtudes. Cito uno a continuación, sólo para dejar testimonio de la chispa de genialidad que varios de éstos exhiben: “¿Si un rabino se golpea la cabeza ve estrellitas de David?”

Me gusta sobremanera la metáfora con que Volovich, en un par de ocasiones, simboliza su compulsión por abstraerse de la realidad, comparándola con el hecho de pasar uno o varios minutos bajo el agua, obvio, sin respirar. “Me gustaría quedarme aquí —escribe en la página 56 del libro—, al menos hasta que todo termine; pero el instinto de supervivencia —ese chip integrado, cortesía de la casa­— desobedece mis intenciones forzándome a salir a la superficie, derrotado por mis propias limitaciones.”

No obstante el tono de ironía que subyace en muchos de los textos que reúne Jet Lag, hay otro tratamiento que de igual manera impacta en la escritura de Ari Volovich y que tiene más que ver con la desazón, con la propia pesadumbre con que él los impregna. Destaco “Al-Jazeera Express”, el que abre el libro, y uno de mis favoritos. Una crónica que linda con el relato, en la que la tensión dramática conseguida con oficio está ligada al hecho de que en Medio Oriente —la anécdota acontece en Jerusalén— cada nuevo pasajero que sube al autobús urbano donde viaja el protagonista, resulta una amenaza que los demás escudriñan con recelo y clasifican de acuerdo a su apariencia. La posibilidad nada improbable de que algún terrorista elija ese vehículo para inmolarse es algo que está presente en el cálculo que todo habitante de esa región parece tener en cuenta cada que sale a la calle. “El autobús arriba a la terminal. Al fin los semblantes pueden descansar. Se ven adoloridos”, puntualiza Volovich en el párrafo que pone fin al episodio.

Otro texto en el que este sentimiento se percibe es “Viñeta de la posguerra”, en el que Volovich escribe en su primer párrafo: “Incluso el vuelo de las palomas muestra un dejo de fatiga en el Israel de la posguerra. El calor no ayuda. Los automóviles parecen fusionarse y arrastrarse sobre el asfalto como caracoles mutantes a lo largo de las autopistas principales, como una alegoría burda que refleja el sentimiento colectivo.”

Divertido e ilustrativo es también el episodio en el que Volovich recuerda sus penurias como tanquero en el Ejército de Defensa Israelí, al que burló primero, y del que desertó después, por razones que se antojan más que lógicas, en “Diciembre de 1993”.

Antes de concluir diré que Jet Lag nos extiende el pasaporte que ilustra su portada para que nos internemos por ciudades como Tel Aviv, Jerusalén y Ashdod, a través de un viaje con ojos y oídos bien abiertos, y la mirada profunda y afilada de su autor. Un viaje cuyo periplo temático deambula entre la comedia irremediable de una región del Medio Oriente marcada por sus irresolubles e impenetrables contradicciones y la tragedia terrorífica de sus víctimas, como las que animan el escalofriante relato “Bajo un mismo cielo”, en el que, como el propio Volovich lo describe: “un soldado israelí y un guerrillero del Hezbollá, ambos con la piernas y los brazos mutilados por la batalla librada la noche anterior, quedaron acostados cara a cara sobre el fango.” En otras palabras, como bien hace notar Villarreal en la introducción del libro, en estos cuentos “el autor transita angustiosamente del infierno en el Medio Oriente, al infierno semitropical mexicano”. Y yo entiendo que dicha frase debe aludir, precisamente, a la experiencia inexplicable de pretender convertirse en el Doctor Simi por quince minutos, en la aventura suicida de meterse en una botarga un día caluroso en la Ciudad de México. Una prueba más del arrojo y la vehemencia de este escritor con desplantes de kamikaze.

En lo personal, ahora sí creo que concluyo, me quedo sobre todo con los textos de más largo aliento, aquellos en los que no sólo está el Volovich suspicaz e irónico de aforismos y prosas, sino también el narrador pulcro y resuelto que brinda a Jet Lag las que sin duda son sus mejores páginas”.

Breviario de la literatura judía:

Publicado noviembre 30, 2013 por arivolovich
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[extraído de la Agenda de la luna de la editorial Resistencia]

Para poder alcanzar una definición más puntual de la literatura judía, tendríamos que reunir las siguientes características: toda obra escrita por judíos sobre temas judíos, o bien, cualquier trabajo literario escrito en lenguas judías (entiéndase: en hebreo, yidish o ladino).

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El  yidish (su traducción literal significa “judío”): Idioma que se originó en Alemania medieval y que se extendió a través de  Europa Central y  Europa del Este,  hasta llegar a América y otros destinos de migración judía. Gran parte de su sintaxis y de su léxico proviene del alemán, aunque también se vio influenciada por las lenguas eslavas, por el hebreo y el arameo, con adiciones de otras lenguas locales. La ortografía del yidish utiliza los caracteres del alfabeto hebreo. Aunque este idioma aún se conserva por ciertas fracciones de la comunidad asquenazí (los judíos descendientes de las zonas mencionadas) alrededor del mundo, quienes actualmente la mantienen en vigor son principalmente los judíos ultra-ortodoxos asquenazíes que consideran el hebreo como una lengua sagrada que, por ende, sólo debe de ser empleada en las plegarias, o para  el estudio de la Torá.

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El ladino (también conocido como judeoespañol o djudezmo): Idioma hablado por los judíos sefardíes (Sfarád significa “España” en hebreo) quienes habitaron la Península Ibérica hasta su expulsión en 1492 por órdenes de Isabel I de Castilla (Isabel la Católica). El ladino es un derivado directo del castellano medieval y hoy en día incluye rasgos de otras lenguas de los países en los que los judíos se establecieron después de su expulsión de España —como lo son Turquía, Grecia, etcétera— además del hebreo.

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Si partimos del entendimiento de que tanto la Torá (el Pentateuco) como el Talmud (interpretación de la Torá que abarca siglos de discusiones rabínicas enfocadas principalmente a las tradiciones, las costumbres, las historias, las leyendas y las leyes judías) se nutren de distintas fuentes literarias, bien podría decirse que la antología es la forma más representativa y antigua de la literatura judía.

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Salvo la producción literaria de los judíos andalusíes quienes se asimilaron a la cultura árabe dominante de la Península Ibérica del siglo X (la denominada literatura hispanohebrea), entre la cual destaca la obra del médico, filósofo y poeta Yehudah Halevi, y algunas notables excepciones como lo fueron las aportaciones de Moshé ben Maimón (mejor conocido como Maimónides) a la filosofía medieval, o del mismísimo Baruch Spinoza (quien es considerado uno de los grandes filósofos racionalistas del siglo XVII); antiguamente el pensamiento judío estaba consagrado principalmente a temas estrictamente religiosos, tomando en cuenta que los textos pertenecientes a la corriente mística de la Kabala como lo es el Zohar (resplandor), entre otros, no se desprenden del referido contexto.

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No obstante, durante el siglo XVIII surgió el movimiento de La Haskalá (El Iluminismo Judío) que jugó un papel crucial en el consecuente auge y expansión del pensamiento judío en general, así como en la literatura judía secular en particular. Los padres intelectuales del movimiento de La Haskalá (“educación” en hebreo) fueron el filósofo judeo-alemán Moses Mendelssohn (1729-1786),  su compatriota, el traductor y escritor Aaron Halle-Wolfssohn (1754-1835) y el escritor judeo-austriaco Joseph Perl (1773-1839). Este movimiento responde a la creciente urgencia de integración —la cual les había sido negada a los judíos por medio de la segregación étnico-cultural, largamente impuesta por los gobernantes en turno— y acceso al conocimiento universal que la población judía fue acumulando durante siglos. Dicha integración suponía, naturalmente, un conflicto con el apego a las formas tradicionales de la religión al encauzar el intelecto hacia una corriente  universalista, racionalista y secular. Mucho le debe la literatura judía —al igual que todas las formas de expresión intelectuales y artísticas— a este movimiento. Gran parte de la literatura judía contemporánea comprende a autores que relatan la vida cotidiana de sus comunidades en diversas partes del mundo, sus conflictos, relaciones, movimientos políticos, transformaciones y migraciones. También existen textos sobre el pensamiento y las costumbres judías. A la vez, es importante mencionar la atención que recibe el Estado de Israel a partir del nacimiento del movimiento sionista.

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Dentro del marco de los parámetros que definen a la literatura judía, como se menciona al inicio, podríamos postular —no sin antes asumir el riesgo de exclusión que se corre siempre que se despliega una letanía de esta índole— a las siguientes plumas como las grandes exponentes de la literatura judía moderna: Sholem Aleichem, A. B. Yehoshúa, Y. L. Peretz, Hayim Nahman Bialik, Theodor Herzl, Saúl Tchernijovsky, Méndele Mojer Sforim, Amos Oz, David Grossman, Meir Shalev, Martin Buber, Aharon Appelfeld, Shulamit Hareven, Eli Amir, Zvi Greenberg, Yehuda Amijai, Nathan Alterman, S. Izhar, Shmuel Yosef “Shai” Agnon, Sami Michael, Anita Diamant, Sholem Asch, Phillip Roth, Nelly Sachs, Saúl Bellow, Stefan Zweig, Howard Fast, Leon Uris, Bernard Malamud, Yoram Kaniuk, Primo Levi, Imre Kertész e Isaac Bashevis Singer.

 

 

 

 


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