Publicado mayo 21, 2018 por @ari_volovich
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El trastorno incomprendido

Publicado abril 14, 2018 por @ari_volovich
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Captura de pantalla 2018-04-14 a la(s) 11.02.15.png(Publicado en El Cultural)

A propósito del Día Mundial del Trastorno Bipolar que se celebra, por decirlo de algún modo, cada 30 de marzo, decidí entrevistar a la doctora Claudia Becerra: especialista en trastorno bipolar, por lo que abordé el belicoso transporte público matutino rumbo al sur profundo de la ciudad

Los vigilantes que custodian la entrada del Instituto Nacional de Psiquiatría me escrutan con la mirada.

—¿Es visitante? —me cuestiona uno de ellos.

Permanezco en un silencio tenso durante unos segundos para descartar un posible buscapiés en su pregunta. He leído El pabellón número 6 más de la cuenta, deduzco antes de asentir. Ninguno de ellos se ve convencido con mi respuesta; no obstante, acceden a canjear mi licencia por un gafete.

Espero a la doctora en un sillón rodeado de cubículos y con la cabeza inclinada hacia el acantilado insondable de omelettes, mascotas y neonatos de amigos que aparecen en mi celular. “¿Acaso la locura es algo más que esto?”, me pregunto y evito responderme para sortear un autodiagnóstico desfavorable. Me detengo en el sonido liviano de los tacones que surcan el piso de madera laminada hasta que escucho unos pasos que se distinguen del resto, con ese aplomo inherente a la autoridad. Adivino la llegada de la doctora Becerra. Cuando alzo la mirada me topo con un rostro sonriente y con una mano extendida que me invita a pasar a su oficina.

Me gustaría empezar la plática hablando de los mitos y leyendas que giran en torno a la bipolaridad.

Lo primero es que de unos cinco años a la fecha, el tema de la bipolaridad se puso de moda. Tanto de boca de personajes famosos como por parte de la industria farmacéutica. Como si fuera una enfermedad que no existía y que brotó de un día para otro por estos dos factores. Tampoco ayuda mucho el hecho de que en general, la gente suele bromear respecto a cualquier cambio anímico brusco calificándolo como bipolaridad. Por una parte esto sirve en el sentido de que le da mayor visibilidad al trastorno, aunque no de la manera correcta. No es información útil para quienes realmente padecen de este trastorno que, en realidad, existe desde tiempos antiguos, sólo que antes se le conocía como enfermedad maniacodepresiva. El cambio a trastorno bipolar se hizo porque sentían que describía mejor la enfermedad, y más que nada, con la intención de combatir el estigma que acarreaba el término maniacodepresivo.

Según tengo entendido, ahora se habla de dos tipos de bipolaridad.

Lo que ha cambiado es que se dice que ya no es un solo trastorno, sino trastornos bipolares, ya que son varios subtipos. No es muy diferente a la diabetes I y la diabetes II. Entonces más bien se hablan de trastornos bipolares contemplando todo el espectro de las presentaciones clínicas existentes. La amplitud del espectro de la bipolaridad es un tema de cuidado, porque de pronto se dan sobre diagnósticos de bipolaridad a quienes manifiestan algunos síntomas que caben dentro de estos márgenes.

¿Cómo se aseguran de no caer en ese error?

 Tenemos que ser muy estrictos. Están las clasificaciones diagnósticas que utilizamos en medicina y psiquiatría, que son la CIE-10 y el DSM V. Aunque en realidad siguen habiendo dos trastornos que son los clásicos, que en teoría son más fáciles de diagnosticar: el trastorno bipolar tipo I en donde el paciente a fuerzas tiene un período de manía, y puede o no haber síntomas depresivos, mientras que el trastorno bipolar tipo II predominan los episodios depresivos, sin embargo no se presentan cuadros maniacos.

En el periodo de manía hay muchas conductas de riesgo que, a diferencia de la depresión, no tienen una finalidad autodestructiva. Puedes ser situaciones de riesgo que están ligadas a una confianza desmesurada de sus capacidades, y pueden manifestarse con el derroche excesivo de dinero, por ejemplo. También hay conductas de riesgo como manejar a 200 kilómetros por hora en el Periférico, en cuanto a abuso de substancias, de relaciones interpersonales, lo mismo que conductas de riesgo de tipo sexual. Hay pacientes que durante múltiples episodios de manía en los que aumenta el deseo sexual, tienen relaciones sexuales sin protección con cualquier desconocido y terminan contagiados de alguna ETS, pero insisto, no es una conducta autodestructiva, sino que no miden los daños.

Hay unos cuadros que se llaman cuadros combinados, en donde sobre la manía o la depresión pueden presentarse síntomas intercalados de la otra polaridad. Digamos que yo estoy en manía y tengo algunos síntomas aislados de depresión. Por ejemplo: estoy en estado eufórico, o quizás psicótica o alucinando, pero estando ahí me quiero matar, que no es propio del episodio de manía sino de la depresión. Se intercalan, y esos son cuadros combinados. Antes se les llamaba episodios mixtos, ahora son episodios de manía con síntomas depresivos y viceversa.

¿Cómo se explica la bipolaridad desde la perspectiva bioquímica?

 Es muy interesante porque el aspecto de la neurobiología del trastorno ya no está enfocado únicamente en la bioquímica. Antes se hablaba de un trastorno de los neurotransmisores, y entonces era muy fácil señalarlo, todo estaba en la serotonina, la noradrenalina y la dopamina, como en una depresión unipolar. Ahora entendemos que esos neurotransmisores están alterados debido a una consecuencia de algo mayor. Si se te modifica la dopamina, o el mecanismo de recaptura de serotonina, entonces van a manifestarse estos cambios de conducta que nosotros observamos; pero eso es sólo un paso antes: atrás de esto hay muchos otros cambios biológicos, algunos sí centrados en el sistema nervioso central, pero otros son sistémicos, otros se presentan en todo el organismo.

¿En qué momento descubrieron que no sólo se trataba de una cuestión bioquímica?

Desde hace aproximadamente doce años. Se fue observando sobre la marcha. Porque, originalmente tu veías al paciente con trastorno bipolar, o cualquier paciente psiquiátrico para el caso, y te enfocabas en el sistema nervioso central. Pero de pronto se observó que los pacientes además del trastorno psiquiátrico, tenían mayor propensión a padecer de diabetes o alguna disfunción tiroidea, etcétera. Y cuando notaron que muchos pacientes psiquiátricos mostraban las mismas predisposiciones físicas, se centraron en este hallazgo. Entonces, de entrada descubrieron que hay cuestiones genéticas alteradas, y cuando los genes están alterados la producción o la codificación de las proteínas se altera, y esas proteínas van pegando a que las sustancias químicas, sustancias que miden respuestas inflamatorias en el organismo, o cambios hormonales, estén alteradas; y si uno sigue el rastro de esta cadena de eventos puede llegar a ver los cambios en la conducta.

Se ha descubierto que los pacientes con trastorno bipolar son parecidos a una persona en estado de sepsis: sus mediadores de inflamación, las sustancias químicas de respuesta inmunológica de su organismo están alteradas.

Supongo que estos hallazgos implicaron una aproximación completamente distinta para el tratamiento de la bipolaridad, ya que antes la psiquiatría se enfocaba únicamente en curar lo que ahora sabemos eran sólo los síntomas.

Exactamente. De hecho todos los medicamentos se manejaban bajo esa suposición y se centraban en controlar los síntomas de conducta.

Por ejemplo si consultas en algunas guías psiquiátricas, ya se sugieren medicamentos antinflamatorios, de los que se usan para la artritis, etcétera, para el tratamiento de manía o depresión. No como primera elección, pero en caso de que el paciente no muestre respuesta al tratamiento convencional, se sugiere proceder con antinflamatorios.

En otras palabras: la conducta es una manifestación más de todo el complejo de síntomas.

¿Qué tanto influye la predisposición genética en la enfermedad?

Eso es lo que quería complementar. La neurobiología tan solo representa un aspecto, pero en realidad el trastorno bipolar es multifactorial. Claro que hay una cuestión genética; hay mayor riesgo de ser bipolar cuando cuentas con familiares de primer grado con este trastorno: se llega a doblar el riesgo. Pero no es la única causa. De hecho no es un solo gen sino muchos genes en sitios distintos que pueden estar alterados, algunos de estos se comparten con enfermedades como la esquizofrenia; después está el aspecto ambiental, desde la crianza, la alimentación, la estimulación ambiental, etcétera. Luego está la otra parte que sigue siendo inherente a la persona, aunque es combinada con el ambiente y tu capacidad de resistencia. Claro que si uno viene de un ambiente familiar violento, el riesgo de desarrollar el trastorno es mucho mayor, aunque si se tiene buenos mecanismos cognitivos para lidiar con el estrés, el cerebro es capaz de adaptarse, repararse y reponerse y la enfermedad nunca llega a detonar.

Después del medio ambiente familiar, los mayores detonantes son las substancias, de las cuales sobresale el alcohol como el de mayor riesgo. Un bipolar en potencia que abusa de las substancias es lo equivalente a un pre diabético que come pastel todos los días.

Es fundamental ofrecerles herramientas de autoconocimiento sobre el trastorno bipolar, los trastornos ansiosos y la depresión para que ellos puedan detectarlo y así poder recibir el tratamiento adecuado. Hay que cuidar mucho el manejo de fármacos. Es muy común que muchos de los familiares tengan depresión, y no iban hacia un trastorno bipolar, pero les empiezan a dar antidepresivos y eso favorece una inducción de cuadro de manía.

¿Cuál es tu postura ante el tratamiento alternativo?

Depende de cuál. En México hay muchísima oferta alternativa, además, con las limitaciones que tiene la medicina alópata, como los efectos secundarios, por ejemplo, no es sorprendente que la gente busque una opción alternativa. Pero bien, si yo voy a tomarme un tratamiento de flores de Bach a la par de mi tratamiento de litio, pues adelante. Pero si yo voy a escoger controlar la enfermedad exclusivamente con las flores de Bach, es cuestión de tiempo, no se puede saber cuánto, de que se vean obligados a retomar el tratamiento convencional. A lo mejor no llegan debido a que sus parientes los contienen, pero todo ese tiempo que están sin tratamiento, sus cerebros se están degenerando. Una cosa es la parte conductual, pero lo importante es el daño irreversible que sufre el cerebro sin el debido tratamiento.

Normalmente, el cerebro, así como el resto del cuerpo de una persona con trastorno bipolar se encuentra en un estado pro-inflamatorio, y esto supone un daño debido a la desregulación química. Esto lo sabemos por los estudios de neuroimagen. Si tienes un paciente que lleva treinta años con la enfermedad, y ves su resonancia magnética, puedes notar cambios en las estructuras del cerebro, como por ejemplo la disminución del tejido cerebral, entre otros. Gracias a esta tecnología, ahora sabemos que no solamente dentro de los episodios se presentan estas alteraciones, no es como que se corrija. Hay estudios con tensor de difusión en los que tú puedes ver literalmente el cableado del cerebro. Hemos observado que tanto en los pacientes como en familiares de primer grado, ese cableado no está íntegro, está deshilachado.

Sé que el Instituto Nacional de Psiquiatría ha destinado parte de sus recursos para la investigación del trastorno bipolar. ¿Podrías platicarme un poco de qué va?

 Nosotros tenemos un proyecto muy grande financiado en parte por el Conacyt y en parte con nuestros recursos, en donde estamos estudiando diferencias entre trastorno bipolar con depresión unipolar y resistente a tratamiento, y estamos estudiando todo. Desde cuestiones de género, por ejemplo, si en las mujeres y en los hombres es diferente la respuesta al tratamiento, la evolución, sobre todo mediado por factores hormonales, que es un punto muy particular para las mujeres con trastorno bipolar cuando se embarazan, durante la menopausia. También estamos estudiando cuestiones relacionadas con la calidad de vida y con el funcionamiento laboral: cómo es su percepción de calidad de vida, si perciben una recuperación, porque todo esto afecta en el cumplimiento del tratamiento. Estamos estudiando cuestiones de genética en relación con la respuesta farmacológica, qué variantes genéticas pueden existir que condicionen que yo responda  a uno u otro medicamento. Estamos estudiando cuestiones de neuroimagen, al igual que las características cognitivas en cuanto a funciones mentales durante un episodio depresivo o un episodio de manía, y algo muy importante que casi no se está haciendo en ningún otro lugar es la rehabilitación cognitiva. Es decir, si uno padece de una serie de funciones mentales disminuidas a raíz de los episodios, nosotros vemos qué herramientas podemos ofrecerle para que las recupere y mejore su atención, por ejemplo.

¿Por qué se destinan tantos recursos a la investigación de enfermedades físicas y tan pocos a las mentales?, a pesar de que los números que maneja la OMS sobre los trastornos mentales son escandalosos.

 En mi opinión, como son pacientes crónicos, no resultan ser un negocio para las farmacéuticas debido a que los medicamentos tienen patente por un tiempo limitado, y para que este medicamento llegue al mercado requiere de muchísima inversión de dinero y tiempo de investigación, y precisamente como no es algo unicausal sino multifactorial, entonces yo puedo tener el mejor medicamento, pero de todos modos son demasiados factores involucrados en la evolución de la enfermedad, por lo que no es una relación causa-efecto tan directa para el ingreso, aunque aún así las farmacéuticas generan muchísimo dinero. Otro factor es que como se trata de una población con una condición crónica, la mayoría de ellos se va deteriorando y perdiendo calidad de vida; entonces van perdiendo la posibilidad de generar ingresos; tendrían que contar con una estructura social muy sólida para lograr volver a su funcionamiento previo: en pocas palabras se van quedando sin dinero. Eso es en cuanto al aspecto comercial, pero hay un problema de políticas gubernamentales, que por más que la OMS esté diciendo que la depresión le está ganando al cáncer, a enfermedades cardiovasculares, los gobiernos alrededor del mundo invierten una cantidad ridícula en pro de la salud mental.

Te voy a decir algo que es a lo mejor mi sesgo psiquiátrico, y es una discusión continua que he sostenido con los antipsiquiatras. Es cierto que hay mucho interés económico de por medio, pero los medicamentos que tenemos en la actualidad en comparación con los que teníamos hace treinta o cuarenta años son notablemente mejores. Tienen otros efectos secundarios que hay que estar vigilando. Digo, antes era estar al pendiente de que el paciente no se pusiera rígido del cuerpo, que no se le torciera el cuello; en cambio ahora, los efectos secundarios se limitan a una libido baja, al sobrepeso, a cambios en la glucosa, el colesterol, digo, ningún medicamento es infalible, ni una aspirina es completamente pura. Si yo fuera bipolar y me tuviera que tomar un medicamento que me aumentaría veinte kilos, lo haría sin pestañar. Me parece un precio razonable a pagar frente al deterioro neurológico y en lo que se refiere a la calidad de vida drásticamente disminuida que supondría la negligencia de mantenerse al margen del tratamiento.

Me despido de la doctora Becerra bajo ese tenor pragmático y desciendo por las escaleras  que me separan de la sala de admisión.

A diferencia de Andrei Yefymich, logro evadir mi condición y a los guardias de seguridad para salir del hospital, tras disimular una salud mental ejemplar en mi semblante vesánico.

Con atención especial a la Gestapo moralina que patrulla estos feudos digitales:

Publicado marzo 13, 2018 por @ari_volovich
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El humor (del color que sea) es un recurso sumamente eficaz para lograr aproximarse y penetrar temas que de otra suerte nos serían denegados. En cambio, el silencio condescendiente de los políticamente correctos resulta contraproducente para cualquier tipo de resolución. Es un método infalible para lograr postular la apatía como una virtud. Quien se conduce por la vida sin sacar las manos del contorno de la corrección política, debe asumir que vive dentro de un gueto vigilado, patrullado y habitado por él mismo.

El centinela del gulag

Publicado enero 29, 2018 por @ari_volovich
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¿Disparar frases como quien sube a lo alto de una torre y comienza a abatir a los que pasan por la calle? ¿Lanzar sentencias, pues, con la precisión del francotirador? Las metáforas virulentas acuden a la mente pero quizá iluminen menos de lo que se quisiera. Porque equiparar un juego de ingenio tan sutil como el aforismo con los crudos golpes de un serial killer no deja de ser un exceso. Algo hay, sin embargo, en los golpes verbales que le asesta Ari Volovich al lector, que lo expone a uno a las tentaciones de la comparación.

A contrapelo de quienes creen, no sin candor, que las redes han desarrollado sus propios géneros literarios, Ari Volovich ha comprendido que facebook o twitter no son sino las plazas públicas en las que la gente se encuentra hoy día. Y en ellas expone, con el generoso desinterés del virtuoso, su arte: acuñar frases veloces, exactas, incómodas, hilarantes, dolorosas, con las que cotidianamente increpar a la manada humana, con especial énfasis en sus especímenes más lustrosos: vacas sagradas políticas, religiosas, culturales…

El escepticismo no equivale automáticamente a inteligencia, decía el entrañable Chesterton. Ari Volovich devuelve la bola con gracia. A su descreimiento feroz no lo sobrevive nada. Le basta esbozar una paradoja precisa y risible para que las convicciones más arraigadas en su lector muestren sus puntos flojos y, al fin, se requebrajen.

No objetemos la ejemplar brevedad de las páginas por venir extendiéndonos más. Abramos paso al lanzador de cuchillos; disfrutemos sus lanzamientos exactísimos.

Antonio Ortuño

Las réplicas internas del 19-S

Publicado noviembre 11, 2017 por @ari_volovich
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(publicado en El cultural)

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A poco más de un mes del sismo conmemorativo, del simulacro de Gobierno que le siguió y de la conmovedora reacción ciudadana que ahora parece un rumor extraído de la mitología nórdica, lo único que se sostiene de pie son los residuos del desasosiego que siguen aquejando la psique de esta ruina filistea que les escribe. Por lo que decidí llamarle a Gady Zabicky —el Golden Boy de la adictología egresado de la Universidad Rockefeller de Nueva York, y una de las voces más frescas de la psiquiatría en México— con el objetivo de agendar una consulta disfrazada de entrevista. “Que de algo sirva el estatus de periodista”, me digo a modo de consuelo a la vez que mi yema busca la zeta.

Alcanzo a apreciar en el fondo una versión en marimba de Smells Like Teen Spirit mientras espero a Gady en un Vips, y la alegoría sonora a mi juventud disminuida me resulta por demás ofensiva. Para mi fortuna el buen doctor llega antes de sumergirme de lleno en una espiral descendente hacia los pormenores del sacrilegio nostálgico del tiempo. Nos enfrascamos en el obligado intercambio de experiencias vividas durante la rabieta de esa infanticida natural mal denominada madre antes de retomar la seriedad protocolaria que exigen las consultas encubiertas. Zabicky ordena un café y yo aclaro la garganta:

Mucho se hablaba tras el sismo del estrés postraumático para referirse al padecimiento colectivo, cuando en realidad se trataba de estrés agudo. ¿Podrías esclarecer las diferencias entre estos dos padecimientos?

El estrés agudo y el estrés postraumático son dos puntos en una misma línea, diferenciados en el tiempo. Entonces, la reacción que tenemos frente a una situación de este tipo, que los estadounidenses llaman un life changing event, una situación límite, es el trastorno por estrés agudo, que también se denomina “reacción de ajuste” y puede manifestarse de distintas formas en los seres humanos. Algunos tendemos a notarnos deprimidos, abatidos, tristes después de lo ocurrido; otros desarrollan síntomas psicóticos, hay quienes disparan su consumo de alcohol, y en un muy alto porcentaje, el estrés agudo tiende a desaparecer por sí solo. Es en ese punto en donde la ayuda psicológica cobra mayor importancia, para lograr la abrasión, la catarsis, la resolución de los problemas activos en ese momento, el duelo, en caso de que haya llegado a eso. Pero hay un grupo pequeño de pacientes que desarrollan lo que llamamos Trastorno por Estrés Postraumático, donde el criterio de diferenciación —insisto— es el tiempo. Estas personas presentan pesadillas recurrentes, síntomas semejantes a los de un ataque de pánico al exponerse a detonadores que les recuerdan esta situación, el piso en que vivían, al escuchar una alarma, o bien al observar un video del evento. Esta condición que los estadounidenses llaman the arousal significa una activación autonómica, donde el sujeto puede tener pesadillas, en algunos casos muy extremos, frente a detonadores que se asemejan al evento traumático, y pueden actuar como si en realidad éste ocurriera nuevamente. Desde un soldado que desenfunda una pistola y la acciona en un McDonald’s, o alguien que sale disparado de un restaurante porque pasó un camión y se movió mínimamente una lámpara, hasta mujeres que reaccionen con ataques de pánico al pasar por el lugar en donde fueron agredidas sexualmente.

¿Cuáles son los síntomas más visibles del estrés agudo?

Pesadillas, incapacidad para dormir, estados de disforia (que es el término técnico para referirse al malhumor), pensamientos recurrentes (lo que denominamos ideas fijas) con respecto al evento en cuestión, y el criterio que siempre aparece en la clasificación es malestar clínicamente significativo que deteriora nuestra capacidad para funcionar… si ése fuera el caso te diría que todos los chilangos tuvimos trastorno por estrés agudo, pero no lo es, porque a los dos o tres días la mayoría estábamos trepados en el Metro y haciendo nuestros quehaceres; sacados de onda, seguro, pero sin presentar malestares clínicamente significativos.

¿Cuáles son las manifestaciones físicas que dispara?

En el sentido físico de la pregunta, hay toda una parte de síntomas que se activan normalmente con el sistema que domina el nervio vago; por eso les llamamos síntomas vagales o neurovegetativos o autonómicos, que se desatan en esta condición de “pelea o huida” que viene de nuestra parte instintiva, y que se manifiestan con sudoración en las manos o en las plantas de los pies, temblores, boca seca, taquicardia, opresión
en el pecho, falta de aire, adormecimiento en extremidades, náuseas, mareo, vértigo, colitis, zumbido de oídos, o un estado al que llamamos estado de desrealización, en el que la gente experimenta momentos en los que piensa o siente que está en una película. Una paciente me decía: “Siento que lo único que existe en esos momentos es mi mirada, no existe mi cuerpo físico”.

¿Hay quienes son más susceptibles de padecer del estrés agudo?

Por supuesto, porque mira, ésta es una situación interesante para la epistemología en la psiquiatría, dado que por una parte tienes una condición que se presenta sine quan non (que sin ella no existe), se necesita de manera sine quan non un evento traumático. Pero aún así, probablemente uno pensaría, si requiere de un evento externo de esta magnitud entonces podemos restar el factor genético, pero no es el caso, porque todos nos sometemos al mismo evento traumático y no tenemos una respuesta cerebral igual, nuestra pauta de respuesta es distinta, y eso ya tiene que ver con diferencias inherentes al sujeto, tanto psicológicas como de constitución biológica, tanto de otros factores como su desarrollo y contactos sociales, escolares, experiencias previas de vida. Pero sí hay cerebros que tienen una tendencia a responder de cierta manera. Una vez más, a esto súmale el aprendizaje. ¿Qué quiero decir con esto? Imagínate una familia en donde la madre que perdió a dos de sus hermanos en el temblor del 85 responde frente a un evento sísmico con un cuadro conversivo como es el ejemplo de la ceguera parcial, o la inmovilidad de una de sus extremidades. A este fenómeno le llamamos globo histérico, es un síntoma  típico de la gente que experimenta pánico o que padece de mucha ansiedad, el típico “siento que tengo algo en la garganta y no puedo tragar”. Es un síntoma físico que se queda atrapado de alguna manera en el cuerpo de la gente. Entonces la hija de esta señora, por una parte hereda el cerebro de su madre, que es un cerebro híper reactor: un cerebro que tiene una respuesta distinta. Por ejemplo, está comprobado que este tipo de cerebros son más hipnotizables, son más sugestionables, son más sicosomatizadores. Y aparte de que la niña heredó este cerebro con la referida proclividad, la vio hacer cuadros conversivos; aprendió que éstos forman parte de las respuestas emocionales. Entonces surge otra vez esta disyuntiva eterna de la psiquiatría-psicología de naturaleza vs. crianza, y ésa es la manera perfecta de entender este fenómeno, de cómo interactúa la expresión de nuestros genes con el influjo de los fenómenos medioambientales, los determinantes medioambientales, sociológicos, gadgeteros, educacionales y religiosos.

Piensa una vez más en este paradigma, la niña crece como una pistola cargada
en la recámara, y depende del medio ambiente que vaya a dispararse el arma. Imagínate que esta niña que heredó el cerebro de su madre es dada en adopción y crece en una familia donde todos hacen yoga y toman té a las cinco; probablemente no desarrolle un cerebro donde esta híperreactividad vaya a expresarse. Eso sí, es más susceptible que los demás.

Pareciera que nuestros cerebros acarrean un rezago evolutivo.

Hasta hace seis meses, pensábamos que el origen del homo habilis se remontaba a unos 150 mil años aproximadamente. Los últimos hallazgos demostraron que su origen data de hace 300 mil años, prácticamente el doble de tiempo. Entonces volvamos 300 mil años en el tiempo, remontémonos al momento en que aun vivíamos en las cavernas, cuando aun éramos una horda. La expectativa de vida del ser humano era de 25 años y el mundo era un lugar extremadamente hostil y peligroso y la subsistencia era una lucha diaria. Entonces, desde que los animales son seres multicelulares, desarrollaron mecanismos para pelear y para huir, es algo básico, y esto está mediado por la parte más profunda de nuestros cerebros que es el hipotálamo, donde se encuentra nuestra zona instintiva. Llamémosle a esto “instintos primarios”. En los exámenes de neurofisiología uno se acuerda de esta zona como la zona de la C: la de comer, cagar, coger, combatir y correr. Todos los seres humanos, los animales, los mamíferos y los reptiles contamos con esta parte instintiva. Cuando la evolución encuentra algo que funciona le va construyendo encima, no se deshace de ello, como la pirámide de Cholula. Supongamos que este homo habilis representa el pináculo de esta evolución, lo que nos diferencia de un cocodrilo o un tiburón, para mencionar especies arcaicas que siguen funcionando con cerebros súper primitivos, es la corteza cerebral, que es donde radica lo contrario a los instintos. Sobre todo los lóbulos frontales de esta corteza cerebral representan el intelecto: son Mozart, la física cuántica, la astronomía. Entonces vivimos en una constante condición de freno y acelerador.

¿El cerebro reptiliano tiene alguna relevancia en nuestro estilo de vida actual?

Piensa en los síntomas que te mencionaba anteriormente. Cuando yo estaba viviendo en las cavernas y tenía que defenderme del tigre dientes de sable, o tenía que cazar al pinche venado a como diera lugar, mi organismo tenía una reacción primaria de animal, de tiburón. El corazón late más rápidamente para llenarte de sangre; te pones pálido porque los músculos acaparan esa sangre, se te dilatan las pupilas, estás tembloroso y tenso porque tienes que actuar como un resorte; se paraliza el intestino o defecas porque en ese momento la función intestinal pasa a un cuarto plano; salivas o se te seca la boca porque tienes que estar listo para morder durante el ataque; respiras más rápidamente porque tu cuerpo necesita oxigenarse para poder combatir mejor. Ahora bien, en estos 300 mil años, que son un eructo en términos evolutivos, nuestra sociedad cambió por completo. En ese sentido, cuando tu jefe te grita, o entra un sujeto armado al restaurante donde estás o tiembla, tu respuesta es idéntica a la de ese cavernícola, pero en este contexto es totalmente disfuncional, y de ahí vienen todos los trastornos de ansiedad: los ataques de pánico, la ansiedad generalizada, el estrés postraumático, etcétera. Es un problema meramente evolutivo.

¿Se puede hacer algo para prevenir el estrés agudo?

No sólo no se puede prevenir, sino que es complicado investigar al respecto. Porque tienes una variable dependiente no contingente, lo que significa que se necesita de una circunstancia que lo detone porque sin ella no sabes que existe. Como si me presentaras un experimento que es increíblemente bueno pero que tiene que llevarse a cabo en condiciones de cero gravedad, entonces tendrías que estar en una estación espacial y pues eso no es de fácil acceso. Sólo podemos hacer estudios de cohorte.

Probablemente una ciudadanía muy consciente y entrenada para ese riesgo sí puede estar psicológicamente prevenida. Una ciudadanía que sabe que puede reaccionar a un evento específico como un temblor, probablemente presente una menor vulnerabilidad psicológica.

Supongo que curarlo implica taparlo con ansiolíticos.

No, de hecho no. Sería lo que haríamos los psiquiatras, pero yo no creo que ese sea el camino, sino todo lo contrario. Me llamó mucho la atención porque oí varias historias
comunes en ese sentido, supe de los niños que se encontraban al borde de la locura por la semana que pasaron sin clases dibujando edificios derrumbados con lenguas de fuego. Una de las mamás se asustó y tomó una actitud evasiva, quería que su hijo dibujara unicornios o arcoíris. La tendencia es al revés, el niño está expresando de esa manera sus emociones y está hablando de su memoria con el fin de resolver. Esta es un área en la que yo te digo humildemente como psiquiatra que no tenemos medicamentos; sí tenemos ansiolíticos, que usualmente no son el camino para resolver nada que no sea de manera temporal. El Rivotril, el Valium, el Tafil no son tratamiento de primera elección casi para ningún padecimiento. Esta es un área en la que la psicoterapéutica juega un papel determinante. Normalmente lo que haría un terapeuta cognitivo conductual sería llevar al paciente al lugar que más miedo le da, como el último piso de la Torre Latinoamericana, por ejemplo.

¿Y si les toca un temblor?

¡Ja! Entonces sería una terapia doblemente efectiva. Hablando en serio, en muchos casos la terapia cognitivo conductual es indispensable. No importa qué tan bien mediques al paciente, las obsesiones son enfermedades muy persistentes.

¿Estos eventos suelen disparar el alza en el consumo de estupefacientes?

No lo sabremos sino hasta la próxima Encuesta Nacional de Adicciones. Yo creo que sí debe de haber algún cambio, no sé bien cómo se manifieste, porque uno suele llevarse sorpresas en esas mediciones. Por ejemplo, si te vas ahora a Irak o a Siria, que son países en una guerra de alta intensidad —contemplando que el sistema de salud está arruinado y el registro se complica—, los índices de psicopatología, al menos de tipo neurótico, bajan a cero. Las prioridades son buscar comida, agua y esconderse de los morteros. Cuando termine la guerra seguramente la población estará hecha pedazos, pero los que sobreviven normalmente se tornan muy resilientes durante el conflicto.

Gady se levanta para ir al baño y a mí me invade la tentación de hurgar su mochila en búsqueda de un ansiolítico de última generación. “Un Rivotril me vendría mejor que cincuenta visitas a la Torre Latinoamericana”, murmuro a regañadientes tras desistir de mis instintos de supervivencia reptilianos. Me asaltan algunas reminiscencias visuales de la inusitada solidaridad vivida en las calles de la ciudad que se ven mermadas por la desazón que dejó tras de sí la predecible inoperancia del GDF. En cuanto vuelva Zabicky le voy a pedir dramamine para paliar el vértigo que resiento a causa de la ausencia del Estado.

Del aborto y otros servicios a la humanidad

Publicado agosto 19, 2017 por @ari_volovich
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 (Publicado en El Cultural)
A la memoria de Simone Veil

Una de las mayores certezas astrofísicas de nuestros tiempos es que la polémica que proyecta el tema del aborto puede observarse desde cualquier butaca del vecindario solar. Los debates que giran en torno a esta milenaria manzana de la discordia atraen y reúnen más disciplinas de las que caben en los juegos olímpicos modernos. Representa una de las fuerzas más polarizantes y a la vez unificadoras a escala mundial. ¿En qué otro escenario, además del futbol, podemos contemplar a cristianos, judíos, católicos y musulmanes sosteniendo las mismas pancartas y coreando los mismos lemas?

Pero bien, estas líneas no pretenden detenerse más de la cuenta en los dilemas religiosos, biológicos y filosóficos que incita el tema del aborto; más bien buscan centrarse en las secuelas negativas que supone la criminalización y demonización de este derecho humano fundamental, vistas desde una perspectiva primordialmente pragmática.

Además de los riesgos a la salud física y psicológica —un aproximado de 22 mil mujeres mueren anualmente alrededor del mundo debido a la práctica de abortos clandestinos y a métodos anticonceptivos poco confiables—, a los que se ven expuestas las mujeres debido a la penalización del aborto y al deliberado encubrimiento de información sobre los métodos anticonceptivos, existen consecuencias de mayor alcance que valdría la pena tomar en consideración. Me refiero específicamente al impacto social de los embarazos no deseados (en los países en vías de desarrollo, 81 por ciento de estos embarazos ocurren a causa del escaso acceso a métodos anticonceptivos modernos). Los datos que crecen en la lupa empírica suelen incomodar a las facciones opositoras, aunque la lógica rara vez hace mella en las creencias y en la gente de ideas fijas (por no decir varadas).

Uno no puede surcar esta existencia sin chocar de frente con preguntas del tipo: “¿Y si la mamá de Beethoven hubiera decidido abortar?” A lo que uno puede responder, en caso de que exista una franca disposición de nutrir el infantilismo: “¿Y si la madre de Hitler hubiera tenido a bien tomarse la píldora del día después? El Zyklon B y los bombarderos han interrumpido más vidas que el Nexpanon”. Supongamos que la preocupación de quienes dicen luchar para preservar la denominada santidad de la vida es genuina. Entonces, ¿cómo explicar que esos mismos grupos muy a menudo se expresan a favor de la pena de muerte? ¿Acaso no debería estar en la misma latitud prioritaria condenarla, aunque sea por cortesía a la congruencia? Las propuestas de los Pro-Vida et al, malviven en un punto medio entre la ironía, la comedia involuntaria y la contradicción.

Insisto, no considero prudente detenerse —acabo de caer en el error— en estos buscapiés con ínfulas de argumentos. Sólo consiguen distraernos del punto primordial: nadie, absolutamente nadie tiene el derecho de dictarle a otro qué hacer con su propio cuerpo. Mucho menos si no están dispuestos a reparar en los daños que suponen los embarazos no deseados en la sociedad, las madres, y claro, en los que nacen.

CEAUŞESCU Y SU POLICÍA MENSTRUAL

El efecto Ceauşescu ilustra muy bien el impacto negativo de los embarazos no deseados y las lamentables consecuencias de su criminalización. Para ello tendríamos que remontarnos a mediados de la década de los sesenta.

Hasta 1966, Rumania gozaba de una de las leyes pro aborto más liberales del mundo. La interrupción voluntaria del embarazo en ese país figuraba como el método anticonceptivo por omisión: la relación era de cuatro abortos por cada nacimiento vivo. Todo esto cambió de manera súbita en el momento que Nicolae Ceauşescu asumió las riendas del poder. Un año después de haber iniciado su carrera de tirano —que duraría 23 años—, Ceauşescu penalizó el aborto, tras declarar que “El feto es propiedad de la sociedad entera”. Las únicas que podían eludir esta nueva ley eran las madres de cuatro hijos o mujeres bien posicionadas dentro del partido comunista. El objetivo era por demás obvio. Su intención era estimular el crecimiento de la población para el supuesto fortalecimiento de la Nación. Sobra decir que logró su cometido, al menos en el aspecto cuantitativo de su propuesta: un año después de imponer esta prohibición, la tasa de natalidad se duplicó.

Al mismo tiempo que criminalizó la práctica del aborto, Ceauşescu bloqueó todas las vías de información para la planificación familiar; prohibió la educación sexual, lo mismo que los anticonceptivos. Instauró un organismo cuyo nombre resulta más alusivo a una banda punk que a otro brazo de la ley: la Policía Menstrual, cuya tarea consistía en sorprender a las mujeres en sus lugares de trabajo para administrarles pruebas de embarazo. Lejos de hacer honor a las acepciones cómicas que inspira su denominación, la Policía Menstrual obligaba a pagar el “impuesto del celibato” a las mujeres que se “resistían” a concebir.

El resultado de esta cruzada —conocida como el Decreto 770— en favor de la procreación nacional arrojó resultados claramente desfavorables. Un aproximado de diez mil mujeres murieron debido a las complicaciones comunes de los abortos clandestinos; los niños que llegaron al mundo en nombre de la madre patria nacieron en un país que sólo beneficiaba a quienes pertenecían a la élite comunista; a un país que no contaba con la oferta laboral y educativo que exigía la precipitada alza demográfica.

A estas circunstancias adversas habría que sumar tres factores determinantes para el desempeño de los recién nacidos: el resentimiento de las madres que nunca quisieron serlo, el hecho de que los hijos no deseados nacieron en hogares de escasos recursos y bajo la tutela de un solo progenitor. Estos puntos representan el mayor obstáculo para el sano desarrollo psicológico de los hijos indeseados. Se manifiesta en todos los aspectos de la vida: desde la adaptación social, la inserción en el mercado laboral, hasta la posibilidad de mantener relaciones afectivas duraderas. Basta con apoyarse en la lógica para ver la relación entre los embarazos no deseados y las altas tasas de crímenes violentos, entre otras secuelas.

Una fracción considerable de las más de noventa mil personas que asistieron y se manifestaron en la plaza central de Bucarest durante el último discurso de Ceauşescu eran adolescentes y jóvenes que lograron llevar al tirano y su esposa a un juicio improvisado, seguido de una visita guiada al paredón de fusilamiento, la mañana de Navidad de 1989. El padre intelectual murió a manos de los huérfanos que legó a Rumania. La justicia poética no está exenta de paradojas.

EL CASO DE ESTADOS UNIDOS

En sentido contrario, entra a cuadro la precipitada disminución en los índices de criminalidad en Estados Unidos durante la década de los noventa.

El origen de este fenómeno nos remite a finales de los años sesenta, cuando algunos estados comenzaban a permitir la práctica del aborto, aunque sólo bajo circunstancias excepcionales como la violación, el incesto o si la vida de la mujer corría peligro. Para 1970, Nueva York, California, Washing-ton, Alaska y Hawái eran los únicos estados donde la interrupción voluntaria del embarazo era completamente legal y accesible. No obstante, el resto del territorio estadounidense se resistía al cambio. Todo esto dio un vuelco drástico con la aparición del caso Roe contra Wade.

Una mujer de 23 años llamada Norma McCorvey —bajo el pseudónimo de “Jane Roe”— llegaría para desafiar las leyes texanas —el aborto en ese estado era permitido únicamente si existía algún riesgo físico para la mujer— tras alegar que su embarazo era el resultado de una violación. La corte falló en su favor pero no modificó las leyes estatales. Después de varias apelaciones, el archivo de McCorvey llamó la atención de la Suprema Corte que terminó por inclinar la balanza hacia el sentido común para despenalizar el aborto en todo el país.

Lo que nos regresa a la década de los noventa. La tasa de criminalidad en Estados Unidos había disminuido de golpe, sobre todo en lo que se refiere a los homicidios. En un principio, los expertos atribuían esta repentina caída en la incidencia criminal a las innovadoras estrategias policiales, a los refuerzos de seguridad en las prisiones, a los cambios en el mercado de las drogas, al envejecimiento de la población, a medidas más estrictas respecto al control de las armas, a la mejora económica y al incremento de policías.

Todas estas teorías fueron desmitificadas de manera categórica. Pero quizá valdría la pena detenernos en la menos descabellada de todas: la mejora económica. Ha sido demostrado que la tasa de desempleo es proporcional a los crímenes no violentos. Durante el boom económico de los noventa el desempleo había disminuido tan sólo un 2 por ciento, mientras que el índice de criminalidad mostró una caída libre de 40 por ciento. Se ha comprobado que el crecimiento económico surte de poco a nulo efecto en los crímenes violentos. Donde más hace mella es en los crímenes relacionados con el dinero, como es el caso de los robos. Más allá de eso, en los años sesenta Estados Unidos también gozaba de un notable crecimiento económico, que se vio acompañado de un incremento en el crimen.

Otro de los beneficios que trajo consigo la despenalización del aborto en Estados Unidos fue la drástica disminución en lo que se refiere a los infanticidios, a los matrimonios forzados y al número de neonatos puestos en adopción.

Lamentablemente, el tiempo es subjetivo. El elenco medieval que ahora malvive en la Casa Blanca se ha encargado, o al menos tiene toda la intención de retroceder las agujas del reloj histórico gracias a sus políticas retrógradas motivadas por la avaricia, la estupidez y el fanatismo. Habrá quienes consideren irrelevante lo que suceda en Estados Unidos, pero la incidencia de ese país en el mundo es más real que la hambruna. Un ejemplo negativo de ello es la guerra que han desatado contra la planificación familiar y los derechos reproductivos, cortando toda la asistencia monetaria destinada a las organizaciones no gubernamentales alrededor del mundo. Las consecuencias que suponen estas nuevas medidas pueden ser devastadoras: un incremento precipitado de la pobreza extrema, de la mortandad en los recién nacidos y de las mujeres que mueren debido a los abortos clandestinos, lo mismo que a causa de embarazos riesgosos; alzas desmesuradas en cuanto a las enfermedades de transmisión sexual como el VIH y el SIDA; la insustentabilidad que representa la sobrepoblación mundial, entre un sinfín de estragos que estas políticas obtusas multiplicarán hasta el hastío.

No obstante y a pesar de este panorama desolador, aún hay quienes están dispuestos a remar contra la corriente de oscurantismo que fluye del capitolio washingtoniano, como es el caso de Women On Waves (WOW): una organización holandesa de carácter caritativo y sin fines de lucro fundada en 1999 por la médico Rebecca Gomperts. Cada año, la tripulación de WOW iza las velas de su emblemático velero azul y blanco para difundir información sobre los abortos seguros y ofrecer interrupciones voluntarias de embarazos a quienes los necesiten, a bordo de su clínica flotante que abre sus puertas a los países y regiones donde este servicio es inaccesible e ilegal.

A propósito de la presencia de la embarcación Adelaide en aguas mexicanas (Ixtapa-Zihuatanejo) hace algunos meses, me comuniqué con Leticia Zenevich, la coordinadora de campaña de Women On Waves. Comparto a continuación algunos extractos de ese intercambio telefónico:

¿Cuál es el mensaje de WOW para México?

Tenemos tres mensajes principales: El primero es que el aborto es una cuestión de justicia social. Las mujeres con recursos, a pesar de las leyes, pueden viajar a la Ciudad de México o a Estados Unidos para llevar a cabo el procedimiento de una manera segura, independientemente del estatus legal del aborto.

En México son las mujeres pobres, lo que se refiere casi siempre a las mujeres indígenas, quienes más resienten las consecuencias de la ley; mujeres que se encuentran lejos de los centros urbanos y están sujetas a la carga que conlleva la criminalización. Aquí mismo en Guerrero pueden ser procesadas y terminar tras las rejas por el simple hecho de acceder a clínicas públicas, lo que implica una absoluta violación a sus derechos humanos.

Lo último es que buscamos generar conciencia respecto a los diez años desde que el aborto fue despenalizado en la Ciudad de México y sus consecuentes beneficios, mediante una comparación del índice de complicaciones. En la Ciudad de México, donde los procedimientos son legales y accesibles, el índice de complicaciones es menor al 0.68 por ciento, mientras que en el resto del país el índice asciende al 36 por ciento. La descriminalización no conduce a más abortos, simplemente los hace mucho más seguros.

¿Cómo logran transmitir su mensaje a las comunidades más marginadas?

La cantidad de mujeres que pueden beneficiarse de manera efectiva de nuestra campaña —al menos en lo que se refiere a los servicios que brindamos en la clínica flotante— es simbólica. Más bien usamos esta campaña como un medio para acaparar la atención de los medios y así lograr que las mujeres puedan leer al respecto y generar un debate nacional sobre el aborto; también para que sepan que el aborto es legal en muchos países, que es un procedimiento muy sencillo, y si tienen acceso a la información necesaria pueden llevarlo a cabo ellas mismas al margen de la ley. Intentamos brindarles esa información. Creamos una línea de apoyo (01 755 980 0548) para que las interesadas cuenten con las herramientas para llevar a cabo abortos de manera segura. Hemos logrado transmitir exitosamente esta información a más de setenta mujeres que han llamado a nuestro número. También hemos encauzado a las mujeres a fuentes existentes como es el caso de Fondo María, adonde las mujeres pueden llamar para recibir toda la información necesaria. A través de la campaña mediática, podemos llegar a las mujeres que ven la tele y leen los periódicos, exponiendo este debate con la esperanza de que decidan formar parte de éste.

¿Cuál ha sido la reacción de las autoridades mexicanas?

Las autoridades mexicanas no han interferido en nuestra misión. No obstante, tuvimos una experiencia muy distinta en Guatemala, donde no pudimos zarpar ya que hubo una intervención militar y de figuras políticas que actuaron bajo la orden expresa del presidente. Esto fue importante para que la gente viera que el derecho al aborto forma parte de un conjunto de libertades fundamentales, porque todo un ejército intentó detener una pequeña embarcación y negarle a las mujeres el acceso a la información. Insisto: la naturaleza de este debate va sobre las libertades fundamentales que deberían existir en toda sociedad democrática.

El choque con el ejército guatemalteco fue más que nada una muestra de la ausencia del Estado de derecho en ese país. Sentimos un poco de miedo, o más bien, nos sentimos preocupadas cuando nos enteramos que nuestro amparo se había perdido en los tribunales. El ejército hacía declaraciones ante la prensa sobre presuntas demandas que estaban levantando en nuestra contra; pero cuando nos presentamos en la corte nos enteramos de que no había tales, y descubrimos que nuestro amparo había desaparecido. Utilizaron muchas tácticas de intimidación, en todo momento se mantuvieron al margen de las reglas básicas de una sociedad democrática, lo que implica el derecho a un juicio justo.

¿Han tenido otros desencuentros con los estados soberanos en los que intervienen?

Sí, en Marruecos, por ejemplo. Habría que recordar que no se trata de un país democrático: está bajo el mandato del rey Abdulah. En cuanto se enteraron de nuestra presencia cerraron el puerto. Pero la verdad es que fuimos bastante ingeniosas. Pudimos trepar periodistas a bordo de nuestra embarcación y al menos logramos navegar alrededor del puerto para que los periodistas fotografiaran el número de nuestra línea de apoyo telefónico para que saliera impreso al día siguiente y fuera accesible a todas las mujeres marroquíes que lo necesitaran. Nuestra acción en Marruecos también sirvió para insertarnos en los países árabe parlantes.

En Portugal fuimos recibidas por dos buques de guerra, razón por la cual los citamos en la Corte Europea de Derechos Humanos, donde establecieron que nuestras acciones eran completamente legales y que cualquier intento por callarnos sería una violación a nuestro derecho de libre expresión. Este incidente marcó un hito en lo que respecta a los derechos de las mujeres en Europa. Pero al margen de las autoridades, siempre hemos contado con un apoyo masivo de parte de las mujeres. Y cuando las mujeres tienen el poder de decisión siempre van a abogar en pro del derecho a los abortos seguros, aun cuando se manifiestan en contra del aborto en términos generales.

¿Quiénes son sus mayores detractores?

Nuestro mayor obstáculo no son tanto las instituciones en sí, sino la falta de información. El hecho de que las mujeres no estén conscientes de que tienen el derecho a un aborto seguro y que lo pueden llevar a cabo con sus propias manos sin la supervisión de las autoridades e instituciones. Así que no estamos en guerra con ningún Estado: más bien, nuestra lucha consiste en develar la información para que sea accesible a todas las mujeres; para que sepan qué hacer con sus propios cuerpos y procurar su salud.

¿Cuál es el modus operandi de WOW?

Trazamos nuestra ruta dependiendo de contactos previos con los partidos políticos, las organizaciones no gubernamentales o con grupos de mujeres que nos buscan para arrojar algo de luz mediática sobre el tema, y, finalmente, investigamos acerca de las leyes en los países que planeamos visitar.

En México contamos con el apoyo de más de cuarenta ONGs que firmaron nuestros comunicados de prensa. Esta campaña es más mexicana que internacional. Aunque estemos aquí en muestra de solidaridad con las mujeres mexicanas, ellas son quienes están a cargo de este movimiento y lo han dirigido desde hace décadas.

* * *

Women On Waves es una de las organizaciones internacionales que abogan en pro de este derecho humano fundamental. En México también existen organizaciones no gubernamentales y asociaciones civiles, entre ellas MEXFAM, Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir, Comunicación e Información de la Mujer, A. C. (CIMAC) y Católicas por el Derecho a Decidir, consagradas a la loable tarea de asistir e informar a la población en general y a las mujeres en particular sobre todo lo que respecta a los derechos reproductivos, la salud sexual y la planificación familiar.

Lamentablemente, hay senderos más sinuosos que otros. Las vías de acceso a la información muy a menudo se ven obstruidas por los estigmas y prejuicios que marcan las vidas de millones de mujeres, quienes se encuentran sometidas a los caprichos anacrónicos de sus sociedades. La educación mueve montañas, la fe sólo consigue desdibujarlas. Que la madre de Beethoven me perdone, pero el mundo no es precisamente un himno a la alegría.

 

Del boxeo

Publicado agosto 8, 2017 por @ari_volovich
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Muhammed-Ali

(Publicado en la Revista de la UNAM)

“El boxeo pretende ser superior a la vida en la medida en que es, idealmente, superior a todo accidente. Nada contiene que no sea del todo intencionado”, escribe Carol Oates al inicio de este ensayo categórico que abarca todos los matices del “arte del aporreo”.

A pesar de su profunda carga poética, los primeros pasajes de Del boxeo se desplazan con una agilidad sorprendente, con la elegancia quirúrgica empleada por Oates, quien no desperdicia ni una sola gota de tinta en su panorámica introductoria. Y es que Carol Oates sublima mediante una visión romántica este deporte a menudo brutal y tan dolorosamente alegórico de la condición humana.

La poeta metafísica nos introduce a un cuadrilátero donde:

 El boxeador se enfrenta a un contrincante que es una distorsión onírica de sí mismo en el sentido de que sus debilidades, posibilidad de error y de ser gravemente herido, sus desaciertos intelectuales, todo, puede ser interpretado como puntos fuertes pertenecientes al Otro; los parámetros de su ser íntimo no son más que los ilimitados asertos de la personalidad del Otro. Esto es sueño, o pesadilla: mis fuerzas no son del todo las mías, sino las debilidades de mi adversario; mi fracaso no es totalmente el mío, sino el triunfo de mi adversario. Él es mi personalidad-sombra, no mi (mera) sombra. El combate de boxeo, tan “serio, completo y de cierta magnitud” —para emplear la definición aristotélica de la tragedia— es un evento que necesariamente subsume a ambos […].

El cuadrilátero que se desdobla a lo largo y ancho de esta gema ensayística parece adquirir las dimensiones del universo. Se transforma en un escenario delimitado por los trazos de Oates en donde se exhibe toda la tragedia humana en su expresión más cruenta y elemental. El tiempo y el espacio parecen estar suspendidos de tal modo que da la sensación de que todas las batallas libradas por la humanidad se llevaron a cabo debajo de esos mismos reflectores y de manera simultánea.

“El tiempo, al igual que la posibilidad de muerte, es el adversario invisible del cual los boxeadores […] son profundamente conscientes. Cuando un boxeador es noqueado no significa […] que haya quedado sin sentido o incluso incapacitado; significa, más poéticamente, que ha sido sacado del tiempo”.

A pesar de sus pinceladas románticas, Del boxeo no pretende ser una apología de la violencia ni su glorificación; la autora sólo advierte que ésta es inherente a todo lo humano. Encauza la violencia en el ring para exaltarla a una escala personalizada: “Con todo, sugerir que los hombres pudieran amarse y respetarse en un sentido directo, sin el violento ritual del combate, es malinterpretar la pasión más grande del hombre: por la guerra, y no la paz. El amor, si ha de haberlo, viene después”. Sin embargo, Oates repara en los aspectos más siniestros del boxeo y desdibuja toda noción enaltecida de esta práctica tan elegante como salvaje y primitiva. Las cualidades inmortales que a veces atribuyen a los boxeadores no están exentas de la inevitable fugacidad de lo efímero, de la vida misma.

 Que el combate de boxeo sea una historia sin palabras no significa que no tenga texto ni lenguaje, que sea de algún modo “bruta”, “primitiva”, “inarticulada”; ocurre que el texto se improvisa en la acción; el lenguaje es un diálogo de la más refinada especie entre los boxeadores (podría decirse que tan neurológico como psicológico: un diálogo de reflejos detonados en fracciones de segundos) en una respuesta conjunta a la misteriosa voluntad del público […].

 La parte técnica de este ensayo —muy bien documentado— es una compilación cuidadosa de viñetas anecdóticas y de frases célebres de la boca de pugilistas de renombre mundial. Sirve para marcar y dar inicio a los asaltos impuestos por Oates. En estos pasajes la autora hace un recorrido histórico y lúdico que refleja una edición sumamente meticulosa: “Nada contiene que no sea del todo intencionado”.

Si bien es cierto que Joyce Carol Oates no es la primera escritora en abordar el boxeo —la letanía de plumas que han incursionado en las lonas incluye a tótems del calibre de Faulkner, Hemingway, Jack London, Norman Mailer, tan sólo por mencionar a los primeros que salen a flote—, lo que la distingue del resto es que no se limita al ámbito impresionista, metafórico o anecdótico, sino que más bien se apoya en esta práctica brutal para ventilar cada matiz de la psique humana y resaltar la eterna dualidad del ser: la bestia no puede escapar del hombre y viceversa.

El bullicio del público resuena en los tímpanos aun mucho después de haber cerrado el libro. No obstante, uno queda con la sensación de que Del boxeo, más que otro ensayo boxístico, representa una nueva lectura de la contradictoria condición humana.

Ya lo señalaba Bertolt Brecht: “El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma”.