Archivo para octubre 2012

[Arszchivenko File -АРХИВ 20723-b9] Corea del Norte:

octubre 18, 2012

Distinguidos camaradas, la interpretación que se desplegará a continuación parte del primer documento abandonado que yo, Demyan Evgeny Arszchivenko, hallé a tres horas de mi encarcelamiento en las inmediaciones del sótano de la Sección de Documentos Pendientes de la Biblioteca Central de la Madre Patria (SDPBCMP), una vez que mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, gracias a una técnica de supervivencia que aprendí en mi primer año —en el marco del Programa de Entrenamiento Básico para el Joven Agente de la Ideología Armada— en la KGB, la cual consiste en una intensa sesión de dilatación forzada de las pupilas mediante la entonación in crescendo de un mantra profundamente nostálgico, tarareado por incontables generaciones de pescadores ucranianos a lo largo y ancho del mar Negro. Lo primero que hice al recuperar la vista fue tallarme los párpados para corroborar la aparatosa contradicción que despedía el título que tenía en manos. Debo admitir que no me sentí sorprendido al ratificar mi primera impresión; después de todo, los instintos de Demyan Arszchivenko siempre han sido tan finos y punzantes como los diamantes que adornan al más puro de los vodkas. El encabezado del documento rezaba: Corea del Norte (un mito comercial).

Debido a que éste, como el resto de los ahora autodenominados Documentos Arszchivenko, fue escrito bajo el estricto código secreto ideado por la Comisión Extraordinaria Panrusa para la Supresión de la Contrarrevolución y el Sabotaje —fundada como consecuencia de la revolución bolchevique en 1917—, sólo puedo ofrecerles una traducción fragmentada de mis análisis. Los advierto, camaradas, el contenido de los siguientes documentos cambiará su percepción del mundo de una manera irreversible. Si están conformes con las mentiras, mitos y “verdades irrefutables” con las cuales los han alimentado sus gobiernos hasta este preciso momento, deténganse antes de que termine el tercer punto suspensivo… de lo contrario, como solemos decir en mi tierra natal: Ласкаво просимо!

El documento АРХИВ 20723-b9 es el informe del espía номер X, enviado a Corea del Norte durante el invierno de 1949. El sello distintivo de la KGB  marca el 10 de julio de 1950 como la fecha en la que el documento fue recibido por la SDPBCMP. Los dos primeros párrafos narran los acontecimientos de los tres meses posteriores al aterrizaje del номер X en territorio norcoreano. Su pobre dominio de los códigos secretos sólo se ve superado por un ruso más limitado que el de un mujik georgiano. Lo poco que logré rescatar de esos pasajes accidentados fue que el paracaídas del agente X quedó enredado en lo que parecía ser una antena de radio, desde donde pudo otear una vasta planicie donde una legión de ganado pastaba hasta colmar el horizonte. “Mi esfínter huele a pasto y me salen vacas de los ojos”, es lo único que tuvo a bien apuntar ese analfabeta siberiano para enfatizar las desfavorables condiciones a las que se vio expuesto durante aquellos noventa días. Sin embargo, lo que pude descifrar del tercer párrafo, gracias a esa paciencia inquebrantable tan característica de los Arszchivenko, es que el desventurado espía, tras haber inspeccionado tres cuartos del territorio en cuestión, finalmente pudo abrirse el paso entre aquel Ganges infestado de deidades hindúes, hasta que sus ojos se encontraron con una enorme plaza que se escondía detrás de la única colina que pudo avistar. “Enfoqué mis binoculares y ahí estaba, parado sobre un estrado, delante de una cámara cinematográfica y de una gran multitud uniformada que escuchaba con una atención imperturbable las consignas lanzadas por aquel hombre diminuto”, afirmó номер X, refiriéndose a quien después me quedó claro que era la persona del mismísimo “líder querido”, a.k.a. Kim Il-Sung. (Cabe mencionar que durante aquella semana en la que me entretuve con el documento АРХИВ 20723-b9, ya me las había arreglado para entrenar a una rata —gracias a un método de telepatía-interespecies milenaria que adquirí en un monasterio durante mi breve estancia en la provincia central de Henán a finales de los años sesenta— con el propósito de adiestrarla específicamente en el contrabando de velas, cigarros, cerillos y recortes de las noticias más sobresalientes de los diarios internacionales).

“‘¡Corte!’, vociferó en inglés el megáfono que se encontraba detrás del camarógrafo, e inmediatamente se escuchó un quejido uniforme por parte de los soldados —escribió номер X—, quienes adoptaron una postura mucho más relajada. Algunos prendían un cigarrillo mientras que otros bromeaban entre ellos para luego estirar los brazos hasta soltar un fuerte bostezo. El hombre del megáfono subió a la tarima para hablar a solas con el líder. Me encontraba demasiado lejos como para poder escuchar lo que le decía, pero podía ver con claridad que le estaba dando una serie de instrucciones trazadas sobre un cuaderno. ‘¡Prevenidos!’, advirtió con un tono severo a la vez que bajaba del estrado para volver a posicionarse detrás del camarógrafo. Los soldados se cuadraron antes de que el hombre del megáfono alcanzara a gritar ‘¡ACCIÓN! Y así, la escena se repitió hasta el atardecer: ¡Acción!, consignas, ¡corte!, murmullos y más acción”. Las tres semanas de apuntes que le siguieron a ese día, narran la misma serie de sucesos de manera sistemática. Sobra decir, distinguidos camaradas, que su fiel narrador se adelantó a las deducciones que se encontraban retenidas en ese cerebro anquilosado y desnutrido de aquel pobre heraldo siberiano del Kremlin. Los informes posteriores sólo sirvieron para confirmar lo que mi instinto anunciaba desde un principio, aunque para ser justos, debo admitir que algunos de los detalles que expondré a continuación sí llegaron a estimular mi mermada capacidad de asombro. Las conclusiones del documento АРХИВ 20723-b9 demostraban de manera contundente que el temible ejército del “líder querido” estaba conformado por un elenco de chinos californianos contratados a través de una compañía de extras basada en San Francisco; que el intérprete de Kim Il-Sung era un actor y empresario texano que luego fungiría como el representante de McDonald’s en Asia; que el draconiano régimen norcoreano se reducía a una escenografía montada por el referido emporio estadounidense, tanto para despistar al enemigo como para encubrir la deforestación destinada a la recría del ganado bovino, y también con el fin de mantener en estado de alerta constante a los Imperios disidentes aledaños, y, por último, todas las pruebas reunidas por el agente номер X indicaban que Nicolás Lumière trabajaba para la CIA.

No fue sino hasta casi tres décadas después de encontrarme con el documento АРХИВ 20723-b9, que me enteré —gracias a Wikipedia—  del lamentable destino del pobre agente номер X. En julio de 1950 fue sorprendido mientras intentaba robarse unos bocadillos del servicio de catering. Una vez revelada su identidad verdadera, el agente fue aprehendido por el staff del mayor de los hermanos Lumière para ser trasladado directamente a una corte texana, en la que fue juzgado y sentenciado en octubre del mismo año a tres cadenas perpetuas por cargos de espionaje comercial. Por razones que sólo el azar puede responder, murió el jueves 9 de noviembre de 1989, mientras los ladrillos del Muro de Berlín se desplomaban en los noticieros alrededor del mundo.

En fin, camaradas, los dejo con la esperanza de que este documento llegue a ver la luz antes de que los sicarios de Putin den con mi escondite.

Acotación al margen de todo lo anteriormente dicho: durante mi encarcelamiento, a falta de un reloj y de luz solar, me veía obligado a extraer unas cuantas gotas de mi propia sangre para dejarlas caer sobre un pedazo de vidrio y observar su estado de oxigenación, para así, poder medir el tiempo con el objetivo de anticipar la inspección diaria que los guardias llevaban a cabo en el sótano a las 15:00 horas en punto; y claro, también lo hice con la intención de llevar una cuenta exacta de mi aislamiento, para cuando llegara aquel día anhelado en el cual le exigiría una rendición de cuentas al abominable traidor de Leningrado, también conocido por el nombre que le dio la mujik adolescente que lo parió: Vladímir Vladímirovich Putin.

The Arszchivenko Files (introducción):

octubre 17, 2012

Demyan Evgeny Arszchivenko

El ahora autoproclamado historiador, politólogo, ‘detective de casos abandonados por el desinterés premeditado’, etnólogo, devoto y difusor de todas las teorías de la conspiración mundiales jamás expresadas, Demyan Arszchivenko, fue expulsado de la “extinta” KGB pocas horas después de que durante la madrugada del 2 de enero de 1974, con una voz avinagrada por el vodka y fuertemente marcada por el delirio, le confesó a su íntimo amigo y antiguo compañero del Comité para la Seguridad del Estado, Vladimir Vladimirovich Putin, de sus firmes intenciones de derrocar a la administración de la cafetería de la cede vietnamita —debido a la pobre calidad del fideo y a las miradas hostiles de los lavaplatos autóctonos—, en donde ambos camaradas estaban estacionados a lo largo de una década, para cumplir con una misión muy mal detallada e ininteligible a todas luces; conocida en secreto por los dos sicarios del Kremlin y su superior inmediato como “Operación Vodka-Cong”, a falta de un nombre oficial. Aunque las puertas del Gulag ya estaban cerradas para ese entonces debido a la orden 20-c450 emitida por el Ministerio del Interior de Rusia (MVD por sus siglas en ruso) el mismo mes de 1960; el entonces joven y emprendedor Vladimir Vladimirovich, en lo que fue una clara movida para acortar su ascenso político, le propuso a su superior georgiano encerrar al “enemigo del Estado Arszchivenko” en la Sección de Documentos Pendientes de la Biblioteca Central de la Madre Patria (SDPBCMP). El desdichado Arszchivenko, dedicó los dieciséis años en los que vivió en las vísceras de aquel gélido y mohoso sótano de la SDPBCMP para recopilar los documentos de operaciones secretas llevadas a cabo por la KGB, enrollando sus apuntes dentro de una hoja sacada de un ejemplar del Archipiélago Gulag de Aleksandr Isáyevich Solzhenitsyn, para finalmente guardarlos el día de su liberación, insertándolos dentro de un condón carcomido por las descomunales ratas que pululaban en el underground moscovita. En 1990, tiró de la delgada placenta que despedía la perestroika para salir de su residencia forzada en la SDPBCMP y volver a su natal Zboriv, ubicada dentro de los límites de la Óblast (provincia en ucraniano) de Ternópil, donde desde entonces ha estado refugiado en el ático de la única iglesia adventista (léase: una bodega abandonada) del pueblo, con el propósito de eludir las miras de los esbirros en turno del Kremlin, y por supuesto, para descifrar las verdades que se encontraban ocultas dentro del condón de quien, al menos hasta principios de 1974, consideraba que era su Madre Patria. En la única entrevista que concedió Demyan —a una joven y despampanante reportera checa de El Corriere della Sera en 2011— vía una teleconferencia en Skype, el septuagenario Arszchivenko le declaró abiertamente la guerra al gobierno “del alfeñique de San Petersburgo y a su títere Medvédev”, amenazando con exponerlo por lo que es: “el feto de una mujik descerebrada”. Además, un cada vez más irascible y claramente excitado Arszchivenko, confesó –eso sí, sin soltar la mirada por un solo instante del escote infiltrado en su pantalla por el mencionado diario italiano— que había cagado, literalmente, los documentos suficientes como para “poner en ridículo a aquel metrosexual de cabellos plateadados y sus infundamentados WikiLeaks”. También amenazó con publicar sus hallazgos y teorías antes de que terminara 2012, pero sus ojos estaban tan inyectados de sangre que, ni siquiera pudo advertir que la bella Mirka Dvořák había cerrado la sesión hacía tiempo y que su inusitada erección se había escurrido de su puño para siempre.

Algunos ganchos ‘Del boxeo’ de Joyce Carol Oates:

octubre 15, 2012

Cada combate de boxeo es una historia: un drama sin palabras, único y sumamente condensado. Incluso cuando no sucede nada sensacional: entonces el drama es <<meramente>> psicológico. Los boxeadores están ahí para establecer una experiencia absoluta, una pública rendición de cuentas de los límites máximos de su ser; ellos saben, como pocos podríamos saber de nosotros mismos, qué poder físico y psíquico poseen: de cuánto son capaces. Entrar al ring  medio desnudo y para arriesgar la propia vida es hacer de su público una especie de voyeur… el boxeo es tan íntimo.

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El ceremonial toque de campana es un llamamiento a la vigilancia total para los dos boxeadores y para los espectadores. Pone en marcha, además, la autoridad del Tiempo.

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Hay boxeadores poseídos de intuición tan extraordinaria, de tan misteriosa presciencia, que podría pensarse que están de algún modo rememorando sus combates, no peleando tal como los vemos.

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El boxeo pretende ser superior a la vida en la medida en que es, idealmente, superior a todo accidente. Nada contiene que no sea del todo intencionado.

El boxeador se enfrenta a un contrincante que es una distorsión onírica de sí mismo en el sentido de que sus debilidades, posibilidad de error y de ser gravemente herido, sus desaciertos intelectuales, todo, puede ser interpretado como puntos fuertes pertenecientes al Otro; los parámetros de su ser íntimo no son más que los ilimitados asertos de la personalidad del Otro. Esto es sueño, o pesadilla: mis fuerzas no son del todo las mías, sino las debilidades de mi adversario; mi fracaso no es totalmente el mío, sino el triunfo de mi adversario. El es mi personalidad-sombra, no mi (mera) sombra. El combate de boxeo, tan <<serio, completo y de cierta magnitud>> —para emplear la definición aristotélica de la tragedia— es un evento que necesariamente subsume a ambos boxeadores, del mismo modo que cualquier ceremonia subsume a sus participantes.

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Cuando un boxeador es noqueado no significa, como suele pensarse, que haya quedado sin sentido, o incluso incapacitado; significa, más poéticamente, que ha sido sacado del tiempo.

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En sus momentos de mayor intensidad parece contener una imagen de la vida tan completa y potente –belleza de la vida, vulnerabilidad, desesperación, coraje incalculable y a veces autodestructivo- que el boxeo es la vida […] Durante un combate pugilístico de altura, nos sentimos profundamente conmovidos por la comunión del cuerpo consigo mismo a través de la intransigente carne de otro. El diálogo del cuerpo con su personalidad-sombra… o con la muerte.

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Los espectadores de juegos públicos extraen gran parte de su placer al recrear las emociones colectivas de la niñez,  pero los espectadores de los combates de boxeo reviven la infancia homicida de la raza.

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Y sin duda es cierto que algunos boxeadores (véase la obra autobiográfica de Toro salvaje, de Jake LaMotta) propician la lesión como medio para mitigar la culpa, en un intercambio, al estilo Dostoievski, de bienestar físico por tranquilidad de espíritu.

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El combate de boxeo es la mismísima imagen –la más aterradora, por ser tan estilizada– de la agresividad colectiva de la humanidad, de su continua demencia histórica.

De lágrimas y de santos (E. M. Cioran):

octubre 7, 2012

No es el conocimiento lo que nos acerca a los santos, sino el despertar de las lágrimas que duermen en lo más profundo de nosotros mismos. Entonces únicamente, a través de ellas, tenemos acceso al conocimiento y comprendemos cómo se puede llegar a ser santo después de haber sido hombre.

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Resulta extraño pensar que varios santos hayan podido vivir en la misma época. Intento imaginarlos juntos, pero carezco de fervor y de imaginación. ¡Teresa de Ávila, a los cincuenta y dos años, célebre y admirada, encontrando en Medina del Campo a un San Juan de la Cruz de veinticinco años, desconocido y apasionado…! La mística española es un momento divino de la historia humana.

¿Quién podría escribir el diálogo de los santos? Un Shakespeare aquejado de inocencia o un Dostoievski exiliado en una Siberia celeste.

Toda mi vida merodearé en las inmediaciones de los santos…

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Frecuentar a los santos es como frecuentar la música o las bibliotecas. Desexualizados, ponemos nuestros instintos al servicio de otro mundo. En la medida en que resistimos a la santidad, demostramos que nuestros instintos están sanos.

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<<No puedo diferenciar las lágrimas de la música>> (Nietzsche). Quien no comprenda esto instantáneamente, no ha vivido nunca en la intimidad de la música. Toda verdadera música procede del llanto, puesto que ha nacido de la nostalgia del paraíso.

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¡Levantar bajo la amenaza del látigo bloques de piedra, pero verlos entrar en la eternidad y sentir nacer el vacío alrededor de las pirámides mediante la deserción del tiempo…! El último esclavo estaba más cerca de la eternidad que cualquier filósofo occidental. Los egipcios vivían en el éxtasis del sol y de la muerte. Para nosotros, el cielo se ha convertido en una lápida fúnebre. El mundo moderno ha sucumbido a la seducción de las cosas acabadas.

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Señor, ¿no eres tú un error del corazón, como el mundo es un error del espíritu?

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Habiendo agotado el contenido de la eternidad, la Edad Media nos da derecho a amar las cosas pasajeras.

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La conciencia apareció gracias a los instantes de libertad y de pereza. Cuando estás acostado con los ojos fijos en el cielo o en un punto cualquiera, entre el mundo y tú se origina un vacío sin el cual la conciencia no existiría. La inmovilidad horizontal es la condición indispensable de la meditación. Cierto es que en esa postura apenas se conciben pensamientos alegres. Pero la meditación es la expresión de una no-participación y como tal de una no-tolerancia, de un rechazo del ser.

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La música me ha dado demasiada audacia frente a Dios. Eso es lo que me aleja de los místicos orientales…

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Que la especie humana haya resistido sin corromperse a las profundidades del cristianismo me parece ser la única prueba de su vocación metafísica. Pero hoy el hombre no soporta ya el terror de las postrimerías. El cristianismo ha legalizado sus angustias y lo ha mantenido en tensión. Sólo un descanso de algunos milenios podría remozar a ese ser devastado por tantos cielos.

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Cuando pienso en mis noches, en tantas soledades y tantos suplicios en esas soledades, sueño con partir, abandonando los caminos trillados. Pero ¿adónde ir? Hay fuera de nosotros abismos comparables a los del alma.

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Hay seres de los que Él no puede ocuparse sin perder su inocencia.

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Si la verdad no fuera tan aburrida, la ciencia habría eliminado rápidamente a Dios. Pero al igual que los santos, Dios es una ocasión de escapar a la abrumadora trivialidad de lo verdadero.

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Si Dios creó el mundo, fue por temor de la soledad; ésa es la única explicación de la Creación. Nuestra razón de ser, la de sus criaturas, consiste únicamente en distraer al Creador. Pobres bufones, olvidamos que vivimos dramas para divertir a un espectador cuyos aplausos todavía nadie ha oído sobre la tierra… Y si Dios ha inventado a los santos –como pretexto de diálogo- ha sido para aliviar aún más el peso de su aislamiento.

Por lo que a mí respecta, mi dignidad exige que Le oponga otras soledades, sin las cuales yo sería un payaso más.

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¿Perdonaré alguna vez a la tierra el hecho de encontrarme en ella únicamente como un intruso?

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El único mérito de los filósofos es haberse ruborizado, de vez en cuando, de ser hombres. Platón y Nietzche son una excepción: su vergüenza no cesó jamás. El primero intentó arrancarnos del mundo, el segundo hacernos salir de nosotros mismos. Ambos podrían dar una lección a los santos. El honor de la filosofía queda así salvado.

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Dios se instala en los vacío del alma. Se le van os ojos tras los desiertos interiores, pues al igual que la enfermedad, se arrellana en los puntos de menor resistencia.

Una criatura armoniosa no puede creer en Él. Fueron los enfermos y los pobres quienes le dieron a conocer, para uso de atormentados y desesperados.

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Por el beso culpable de una santa, aceptaría yo la peste como una bendición.