Archivos para enero 2011

Panda Show

enero 31, 2011

Sus dos hijos habían logrado escapar para desaparecer bajo el manto de aquella noche desértica, peculiarmente iluminada. Juan se apoyó en un árbol y alzó su cabeza para saborear el aire frío y dulce que llegaba del norte. Por una fracción de segundo sintió que podía tocar el sueño americano. No obstante, es sabido que las decepciones prosperan en donde se conciben los sueños. Su corazón estuvo a punto de autoinmolarse cuando sintió la mano del agente fronterizo sobre su hombro. Fue justo entonces que decidí sintonizar el Discovery Channel. Suspiré aliviado y estiré los brazos mientras veía cómo un oso panda masticaba una caña de bambú en mi pantalla de plasma con una parsimonia por demás envidiable. “Que vivan los exilios domésticos”, dije en silencio para no sonsacar al pinche oso.

Con dedicatoria especial a las feminazis lesbosatánicas

enero 28, 2011

La solidaridad incondicional entre las suricatas (del suahili: gatas de personalidad limítrofe) no tiene ningún mérito afectivo. En el fondo no son más que esbirras del absurdo.

Los brazos firmes de la ley.

enero 21, 2011

“No me sueltes, pareja… abrázame como si fuera el 11 de septiembre”.

Blasfemias ilustradas (sólo la puntita)

enero 11, 2011

ILUSTRADO POR EL MAESTRO JIS

Ráfagas de whiskey inflan las velas de esta odisea etílica que avanza hacia el borde de un horizonte flácido.

¿Qué, ahora cada vez que tiemble van a hablarnos de las profecías maya, de los gritos agónicos de la “Madre Tierra” y del imperialismo yanqui? Pinche Richter, ha sacado del clóset a más hippies que Timothy Leary.

Desprecio profundamente a la gente que saluda ofreciendo la mano como si yo fuera su manicurista.

¿Por qué los ateos no contamos con esos espacios pomposos en donde uno puede sentarse a contemplar la Nada?

La directiva de SeaWorld se pregunta cómo es que una BALLENA ASESINA con DOS AGRESIONES FATALES EN SU HISTORIAL y que lleva años viviendo dentro de un estanque que mide DIEZ METROS CUADRADOS, fue capaz de matar a una yuppie que le aventaba sardinas al hocico a cambio de humillarla públicamente de manera sistemática. Conozco a un chingo de vegetarianos que matarían por mucho menos que eso.

enero 10, 2011

Bloody mary

enero 9, 2011


(Random House Mondadori 2010)

La definición de la palabra “desdichado” según la Real Academia Española reza lo siguiente: “cualquier individuo que se ha visto expuesto en algún momento determinado de su vida ante la tortuosa situación de tener que opinar sobre la obra mediocre –en el mejor de los casos- de un amigo”. Cuando un ser querido te muestra la foto de un bebé deforme tiene que entender que, invariablemente, te está empujando hacia tres salidas de emergencia: fingir una repentina sordera selectiva y refugiarte en un silencio por demás incómodo; arremeter con una tanda de puntapiés contra la pobre criatura con la esperanza de que ésta cobre una forma más presentable; o bien, pasar una lupa que flote detenidamente y a escasos milímetros de las ‘sutilezas’ de la bestia en busca de algún eufemismo oportuno. “Tiene la frente de un científico”, se me ocurrió describir en una ocasión el cráneo descomunalmente amplio del neonato de un amigo cuyo nombre se irá conmigo a la tumba. Por eso es que suspiré con franco alivio cuando alcancé el punto final de Bloody mary: un bebé que se sabe rufián desde que avista el pezón de su madre.

Advertencia al lector: en ningún momento los personajes de esta novela buscarán complacer a los ‘republicanos de las letras’ ni mucho menos apapachar las conciencias políticamente correctas que proliferan en las tediosas tertulias cafeinadas, ¡NO! La amargura y la acidez que despiden las páginas de Bloody mary desconocen cualquier tipo de concesión o tregua. Como es el caso del padre de Esteban –el personaje principal–, Sebastián Buentello, quien nunca desaprovecha una oportunidad para despotricar contra el convencionalismo en turno:
“—Seguramente usted me dijo gachupín por el color de mi piel, así que es necesario que sepa que soy más mexicano que cualquier mestizo ignorante como usted. Amar a la patria bajo la sombra del desconocimiento es lo mismo que amar el vacío pues la patria no es otra cosa que su historia. Ser mexicano no me impide, además, defender el imperio.
—No sea mamón, pinche güerito.
—Usted y los suyos lo que tendrían que hacer, en vez de insultarme, es dejar de reproducirse como animales. Por eso está el país como está; si al menos los pudiéramos vender como ganado.”, contesta con una convicción que se mantiene imperturbable a lo largo de la novela.
Pero Bloody mary no se sostiene exclusivamente a base de declaraciones llamativas, ni tampoco permite la interrupción de una fluidez claramente premeditada. Todo tiene su razón de ser. Las pautas narrativas labradas por Muñoz Oliveira parecen obedecer a una suerte de marea que llega y retrocede para animar a sus protagonistas, uno tras otro, al ritmo de un oleaje simétrico que choca contra sus pies para obligarlos a levantar la mirada y medir su existencia contra el horizonte. La temprana orfandad de Esteban Buentello —su madre muere en medio de un aborto; su padre es un vividor— lo sitúa en un mundo que ha sido secuestrado por la superstición en un abrir y cerrar de ojos. El infante Buentello logra esquivar a los santos y a las vírgenes confeccionadas por su tía justo a tiempo, poco antes de que la plasticidad imaginativa que permite la infancia chocara con el rigor del desencanto que le sigue a la inocencia. Pero las desventuras de Esteban no tardan en llegar. El huérfano Buentello se encuentra frente a un problema dolorosamente tangible; desde el instante en que aparece en escena, su horizonte se ve obstruido de manera constante por el contorno de su padre que le impide tasar su propia dimensión. A partir de ese momento Esteban desperdicia la mayor parte de su vida boxeando contra la indomable sombra de Don Sebastián Buentello, quien gracias a ese carisma innato del cual gozan los auténticos proxenetas, logra arrebatarle el protagonismo —entre muchas otras cosas— a su hijo sin siquiera derramar una sola gota de sudor. Aun cuando la tinta se detiene en el gran abanico de personajes que conforman Bloody mary, el lector siempre está pendiente de las andanzas de Sebastián.
Para cuando Esteban decide reencarnar en Sebastián ya es demasiado tarde. El espejo nos muestra el rostro lacerado de un viejo que desatendió su juventud para superar la de su padre.

¡Salud!, Don Sebastián Buentello, donde quiera que estés.