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Oda al rey Louis

abril 29, 2017

(texto publicado en El cultural)

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La voz de una conductora de noticias suena en el fondo: “Trump sigue al frente de las encuestas por encima de Ted Cruz. En un mitin llevado a cabo en Des Moines, los simpatizantes de Trump expresaron que es la persona…”. Pete (baja el volumen de la tele): Trump, ¡por dios! Kurt: ¿Qué tiene? Momento, ¿por qué no Trump? Pete: Porque es un cretino. Rehúye a los debates y, no sé, creo que va arruinar este país.

Kurt: Bien, ¿y qué? ¿Por qué no? ¿Qué mierda tiene de bueno este país? Escucha, hermano, si votamos por él eso significa que queremos irnos al carajo, pues entonces vayámonos al carajo de una buena vez. Pete: Sí, supongo.

Kurt: Nada dura para siempre, ¿cierto? Así es como se deteriora una democracia. La población se degenera hasta que eligen a un sujeto como él y éste arruina lo que queda. Digo, solíamos ser un gran país. Contábamos con una enorme fuerza laboral. Solíamos ser educados. Fingíamos guiarnos por la moral, ¿cierto? Ahora todo está confeccionado en China por putos bebés. Todos son estúpidos por elección y a nadie le importa un carajo más que saciar sus placeres consumistas. Entonces, ¿qué tiene de malo Trump? Vamos a acabar con esta mierda de una vez por todas. Ése debería de ser su lema de campaña. Trump: Vamos a acabar con esta mierda de una vez por todas.

El diálogo que se desdobla arriba pertenece a uno de los fragmentos iniciales de Horace and Pete: el proyecto más reciente de Louis C .K . —una comedia dramática que se desenvuelve en las inmediaciones de un bar que, a su vez, es un negocio familiar heredado de generación en generación, lo que supone una condena más que una dicha— en el cual el escritor, actor y director aborda las profundas diferencias ideológicas que dividen Estados Unidos; los prejuicios en todas sus expresiones; la hipocresía de la corrección política militante; las brechas generacionales y sus inevitables choques; la enfermedad mental, lo mismo que el delirio colectivo, entre un tenso abanico de inquietudes que salen a flote de la boca de un elenco dotado de talento y que incluye a monstruos del tamaño de Alan Alda, Edie Falco y Steve Buscemi.

Pero bien, estos párrafos inconexos no pretenden convertirse en una reseña, sino más bien buscan rendirle homenaje a quien actualmente es el indisputable amo y señor de la comedia.

La razón por la cual extraje ese fragmento de Horace and Pete se debe a una discusión que sostuve con mi amiga Marilyn en torno a la tímida presencia de C. K. desde que el mundo libre eligió enjaular a un simio en el capitolio washingtoniano y a la indignación que este supuesto silencio generó en algunos de los más fieles devotos del dios pelirrojo (apodo bien acuñado por un viejo amigo y escritor: Daniel Herrera; incluso un reloj descompuesto acierta dos veces al día, dice aquel refrán inmaculado). Marilyn se mostraba francamente enfadada con Székely por la misma razón expuesta hace un instante. Le señalé el hecho de que, además de las repetidas alusiones y menciones al actual presidente de Estados Unidos en el guión de esta serie, C. K. (por cierto, “C. K.” no son las siglas de nada sino una onomatopeya de su apellido paterno: Székely) ya había expresado poco antes de la elección sus impresiones frente al fenómeno Trump, calificándolo como un Hitler en potencia. Pero Louis, lo mismo que todo adulto que aún conserve una endeble oxigenación cerebral, reconoce que las celebridades no deberían ser confundidas con líderes de opinión, por lo que se ha limitado a ventilar —excepto en contadas ocasiones— sus posturas políticas mediante la escritura. No obstante, sobran aquellos que insisten en atribuirle un peso excesivo a la opinión de las celebridades, especialmente hoy día en que las redes sociales llevan los estrados a las multitudes para facilitar el activismo político masivo. Claro que este concepto erróneo que algunos tienen de las celebridades no es un fenómeno nuevo, pero desde que Trump observó por primera vez las vestiduras de la limusina presidencial con desdén, el panorama mundial se ha convertido en terreno fértil para el surrealismo; tan es así que incluso el viejo Schwarzenegger puede hacerse pasar por un intelectual y luchador social sin dislocar demasiadas cejas. Esto no quiere decir que la comedia no tenga injerencia real en cuestiones de mayor peso. Para eso están comediantes de corte sociopolítico y progresista como es el caso del ahora retirado Jon Stewart (se le echa de menos) y John Oliver, tan sólo por mencionar a los mayores exponentes de este género. Cabe mencionar que no detecto mucho sentido del humor proveniente de la derecha, excepto la risa que causan sus lemas ideológicos.

Pero volvamos al universo C.K. porque en este punto de la historia es primordial cultivar y estimular nuestro sentido del humor. Bien. Hay aspectos que lo distinguen de la inmensa mayoría de los comediantes, como su profunda introspección y las sinceras inquietudes existenciales que aquejan a este genio neurótico cuyo humor sui generis incluso logra sacar a relucir la cara amable de la desazón existencial.

Székely es un ávido lector de Nikolái Gógol. La influencia del ilustre ucraniano ha hecho mella en el humor de C. K. Su manera minuciosa y particular de narrar situaciones aparentemente mundanas vistas desde un telescopio que magnifica los aspectos más absurdos de la condición humana, bien podría colocarlo dentro del selecto elenco de tintas que inyectaron vida al formalismo ruso (no se me vayan al cuello por esta declaración, sucede que me encuentro atrapado en un ánimo adulatorio).

C. K. es un virtuoso del lenguaje y evocador de imágenes imborrables tales como la dilatación del esfínter de su hija expulsando la misma cantidad de mierda que un oso pardo frente a sus ojos para enfatizar los desafíos que representa la paternidad, tan sólo por ofrecer un ejemplo.

Louis estira la incorrección política hasta alcanzar latitudes inusitadas, sólo para volver a sujetarla del cuello con el objetivo de llevarla hasta sus máximas consecuencias y volver a soltarla desde más alto para contemplar el impacto y proceder con una autopsia minuciosa. “Uno puede medir qué tan mala persona es según el tiempo que tardó en masturbarse después del 11 de septiembre. En mi caso fue entre el desplome de la primera y la segunda torre.”

C. K. no se queda en el terreno del humor efectista y complaciente en donde tantos comediantes de menor escala deciden echar sus anclas. Su ingenio, su innegable vena humanista y generosidad logran trascender del ámbito standopero para desafiar las categorías y regalarnos gemas emblemáticas como este fragmento extraído de su monólogo Oh My God (una obra maestra digna de insertarse en el salón de la fama):

Todos tienen una competencia en sus mentes entre los malos y buenos pensamientos. La esperanza es que ganen los buenos pensamientos. En mi caso siempre tengo ambos: por un lado están mis creencias, que representan los buenos pensamientos; pero también está esa cosa en la que no creo, pero sin embargo está ahí. Esto se ha convertido en una categoría en mi mente que denomino “por supuesto, pero por otro lado”. Permítanme darles un ejemplo. Por supuesto que los niños que son alérgicos a las nueces deberían ser protegidos. ¡Por supuesto! Tenemos que separar su comida de las nueces y tener su medicamento disponible en todo momento; y cualquiera que fabrique o sirva comida debe estar consciente de las alergias a las nueces. ¡Por supuesto!… Pero por otro lado, si el tacto con una nuez puede llegar a matarte, quizás deberías estar muerto. Por supuesto que no, ¡por Dios! Tengo un sobrino que es alérgico a las nueces. Me sentiría devastado si le sucediera algo. Pero por otro lado, si todos hiciéramos esto (se cubre los ojos con la mano) durante un año, nunca más tendríamos que lidiar con la alergia a las nueces. No, claro que no.

Por supuesto que si estás luchando por tu país y resultas herido, esto supone una gran tragedia. Por supuesto que sí. Pero por otro lado, si tomas un rifle y vas a otro país y te disparan, no resulta del todo raro. Tal vez si el bato a quien le estás disparando te dispara de vuelta es un poquito tu culpa.

Por supuesto que la esclavitud es lo peor que ha sucedido. Por supuesto que lo es, siempre que esto ha sucedido: ya sea el caso de los negros en Estados Unidos o los judíos en Egipto. Por supuesto que siempre que una raza ha sido esclavizada es terrible. Por supuesto, pero por otro lado también es cierto que todos los logros de la historia de la humanidad se consiguieron gracias a la esclavitud; cada uno de ellos. Siempre que te preguntas cómo construyeron esas pirámides: simplemente arrojaron la muerte y el sufrimiento humano hasta que las terminaron. ¿Cómo logramos atravesar la Nación con los ferrocarriles tan de prisa? Simplemente metimos chinos en cuevas y los hicimos estallar sin que nos importara un carajo. No existe un límite de lo que uno puede lograr siempre y cuando nos importara una chingada el destino de un grupo determinado de personas. Podemos lograr cualquier cosa. De ahí viene la grandeza humana: de que somos una mierda de gente; de que jodemos al prójimo. Incluso hoy en día: ¿cómo es que tenemos esta increíble micro tecnología (señala su celular)? Porque la gente salta de las azoteas de las fábricas en donde los ensamblan porque ahí dentro es una pesadilla. Uno de verdad tiene la opción de elegir: podemos volver a las velas y a los caballos y ser un poco más amables el uno con el otro, o bien permitir que otros sufran desmedidamente a lo lejos sólo para poder publicar un comentario mala leche en YouTube mientras cagamos.

La inusual visión del mundo e insondable curiosidad de C.K. han servido para impulsarlo del stand up hacia la pantalla, tanto la chica como la grande. Su evolución artística al igual que el nutrido catálogo de tormentos que lo aquejan para detonar su afable neurosis, hace que sea inevitable asociarlo con Woody Allen. Bien podría decirse que Louis es un Allen con la libido disminuida, a pesar de autodenominarse un gran entusiasta y ombudsman de la masturbación.

(La comedia es un género que muy pocos logran dominar. Los standoperos son lo equivalente a los gladiadores de nuestros tiempos, exponiendo los detalles más íntimos de su existencia para ser juzgados por las gradas en turno. Sería injusto omitir a otros grandes exponentes del stand up. Cada quien y sus letanías, pero la mía incluye a George Carlin, Dave Chapelle, Ricky Gervais, Eddie Izzard, Sarah Silverman, Bill Hicks y el humor color vantablack de uno de los más destacados punks de la comedia: Doug Stanhope —quienes vieron la serie Louie quizás recuerden un episodio en el que Stanhope interpreta a un viejo amigo de la adolescencia de C. K. que llega a confesarle sus intenciones suicidas, desenfadadamente y sin dramatismo alguno. No cabe la menor duda de que el entrañable y genial Stanhope merece un homenaje aparte.)

No hay nada imposible o demasiado descabellado en el universo C. K. Uno puede expulsar espermas cual calamar para disuadir al vecino de entablar una plática de elevador; aplicarle waterboarding a un bebé o viajar en el tiempo para poder violar a Hitler, aunque sólo sea con la intención de ventilar frustraciones sexuales.

“La comedia no es amable ni correcta ni precisa. Es simplemente un desastre, y así es como la abordo”: Louis C. K.

Pale Blue Dot

abril 3, 2017

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Look again at that dot. That’s here. That’s home. That’s us. On it everyone you love, everyone you know, everyone you ever heard of, every human being who ever was, lived out their lives. The aggregate of our joy and suffering, thousands of confident religions, ideologies, and economic doctrines, every hunter and forager, every hero and coward, every creator and destroyer of civilization, every king and peasant, every young couple in love, every mother and father, hopeful child, inventor and explorer, every teacher of morals, every corrupt politician, every “superstar,” every “supreme leader,” every saint and sinner in the history of our species lived there–on a mote of dust suspended in a sunbeam.

The Earth is a very small stage in a vast cosmic arena. Think of the rivers of blood spilled by all those generals and emperors so that, in glory and triumph, they could become the momentary masters of a fraction of a dot. Think of the endless cruelties visited by the inhabitants of one corner of this pixel on the scarcely distinguishable inhabitants of some other corner, how frequent their misunderstandings, how eager they are to kill one another, how fervent their hatreds.

Our posturings, our imagined self-importance, the delusion that we have some privileged position in the Universe, are challenged by this point of pale light. Our planet is a lonely speck in the great enveloping cosmic dark. In our obscurity, in all this vastness, there is no hint that help will come from elsewhere to save us from ourselves.

The Earth is the only world known so far to harbor life. There is nowhere else, at least in the near future, to which our species could migrate. Visit, yes. Settle, not yet. Like it or not, for the moment the Earth is where we make our stand.

It has been said that astronomy is a humbling and character-building experience. There is perhaps no better demonstration of the folly of human conceits than this distant image of our tiny world. To me, it underscores our responsibility to deal more kindly with one another, and to preserve and cherish the pale blue dot, the only home we’ve ever known.

— Carl Sagan.