Archivos para diciembre 2011

Reliquias de ‘El ocaso del pensamiento’

diciembre 30, 2011

Uno puede decir con toda tranquilidad que el universo no tiene ningún sentido. Nadie se enfadará. Pero si se afirma lo mismo de un sujeto cualquiera, éste protestará e incluso hará todo lo posible para quien hizo esa afirmación no quede impune.

Así somos todos: nos exoneramos de toda culpa cuando se trata de un principio general y no nos avergonzamos de quedarnos reducidos a una excepción. Si el universo no tiene ningún sentido, ¿habremos librado a alguien de la maldición de ese castigo?

Todo el secreto de la vida se reduce a esto: no tiene sentido; pero todos y cada uno de nosotros le encontramos uno.

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Todos esos momentos en que la vida calla para que oigas tu soledad…, tanto en París como en el más alejado villorrio, el tiempo se retira, se acurruca en un rincón de la conciencia y se queda contigo mismo, con tus luces y tus sombras. El alma se ha aislado y, presa de convulsiones indefinidas, sube hasta la superficie, como un cadáver pescado en las profundidades. Entonces te das cuenta de que también existe otro sentido de pérdida del alma distinto del bíblico.

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Siempre que la palabra extravío acude a mi mente, trae consigo la revelación del hombre. Y también es como si las montañas reposaran sobre mi frente.

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Si yo fuera Moisés, sacaría con mi bastón pesadumbres de las rocas. Sea como fuere, ése es también un modo de apagar la sed de los mortales…

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Todos los pensamientos se asemejan a los gemidos de una lombriz pisada por los ángeles.

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La fuente de la histeria religiosa en los conventos no puede ser otra que escuchar al silencio, la contemplación del espectáculo de sosiego de la soledad. ¿Pero qué hay del pálpito interior del Tiempo, de la pérdida de la conciencia en el balanceo del oleaje temporal? La fuente de la histeria laica…

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El Tiempo es un sucedáneo metafísico del mar. Uno sólo piensa en él cuando quiere vencer la nostalgia marina.

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Cuando estoy en una iglesia, a menudo pienso qué fantástica sería la religión si no hubiese creyentes, si sólo hubiese la inquietud religiosa de Dios de la que nos habla el órgano.

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La mediocridad de la filosofía se explica por el hecho de que solamente se puede pensar cuando se tiene la temperatura baja. Cuando dominas la fiebre, ordenas tus pensamientos como si fueran muñecos, manejas las ideas como si fueran marionetas en la cuerda y el público no se sustrae a la ilusión. Pero cuando siempre que te miras a ti mismo ves un incendio o un naufragio, cuando el paisaje interior es una suntuosa devastación de llamas evolucionando hacia el horizonte de los mares, entonces das rienda suelta a los pensamientos, columnas embriagadas por la epilepsia del fuego interior.

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En Shakespeare hay tanto crimen y tanta poesía que sus dramas parecen concebidos por una rosa demente.

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Ha habido dos cosas que me han colmado de una histeria metafísica: un reloj parado y un reloj en marcha.

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El tiempo es una estación de la eternidad; su fúnebre primavera.

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Cuando menos te interesan los hombres, más tímido te vuelves delante de ellos, y cuando llegas a despreciarlos, te pones a balbucear. La naturaleza no te perdona que pases por encima de su inconsciencia y te acecha en todas las sendas de tu orgullo, cubriéndolas de pesares. ¿Cómo se explicaría de otro modo que a todo triunfo sobre la condición humana se le asocie el correspondiente pesar?

La timidez presta al ser humano algo de la discreción íntima de las plantas, y a un espíritu agitado por él mismo, una melancolía resignada que parece ser la del mundo vegetal. Sólo tengo celos de una azucena cuando no soy tímido.

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La palidez es el color que cobra el pensamiento en el rostro humano.

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Un hombre que practica toda su vida la lucidez, se convierte en un clásico de la desesperanza.

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La locura es la introducción de la esperanza en la lógica.

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La ventaja de la nada frente a la eternidad es que no puede ser contaminada por el tiempo. Por tal razón, se asemeja a una sonrisa melancólica.

 

 

El humor, la vida y la filosofía

diciembre 16, 2011

Al final de sus días Charles Chaplin dijo: “La vida ha dejado de ser un chiste para mí, no le veo la gracia”, seguramente porque a su edad ya le era imposible llevarse a la cama a alguna lozana muchacha. Sobre la vida, la muerte y otras cuestiones fundamentales se han ocupado filósofos y artistas, y ejemplos de hondas reflexiones los tenemos en obras tan distintas como los amargos aforismos de Cioran, la reciente y deslumbrante película El árbol de la vida, de Terrence Malick, y el flamante libro Blasfemias ilustradas, de Jis y Ari Volovich, publicado en estos días por Tusquets.

Creado al alimón por el escritor y periodista Ari Volovich y el conocido humorista Jis, este libro bien pudo haberse titulado Humor y filosofía. Encuentro de dos mundos: el chiste intelectual judeo-tapatío. El caso es que el volumen del que ahora celebro su aparición es un ejercicio poco común en el veleidoso ámbito de las letras republicanas y del bellaco humor nacional —copado por moneros de dudosa filiación política, exaltados fieles de caudillos redentores—; es también la más puntual apología de la verdadera incorrección política, un cubetazo de acidez espiritual, una serie comprimida de ricochets existencialistas, vértigos súbitos emanados de la especulación profunda sobre el ser y la nada —sobre todo de esta última.

Este compendio de sentencias, aforisbooks —perpetrados por Volovich en el espacio en expansión de Zuckerberg—, profecías caducas, delirium tremens y blasfemias es el fruto de una memorable colisión entre dos caballeros de plumas punzocortantes agazapados a la sombra de ese rufián mitológico al que conocemos desde tiempos bíblicos como “humor negro” —invento, por cierto, del dios más cruel que haya padecido pueblo alguno sobre la faz de la Tierra: “¡No me escojas, compadre!”.

“Disculpe usted, señorita, pero soy incapaz de bailar cualquier ritmo tropical. Sucede que he leído demasiada literatura rusa”, escribe Volovich, desertor del Ejército israelí y disidente de toda identidad y nacionalismo, paria de la literatura mexicana que tiene por amable costumbre obsequiar soplos de extraña sabiduría como el anterior, salpicados de whisky, a quien quiera escucharlos en cantinas otrora prestigiadas (otro: “Sonrío cada vez que veo gurús levitando sobre montañas de dólares para observar la ingenuidad patológica de sus fieles desde una distancia saludable”). Jis, como lo saben, es, además de monero, filósofo autodidacta: uno de los pocos sabios contemporáneos del Jalisco profundo —la tierra donde se dan los hombres, dice el dicho—. He aquí que este dúo de dinamismo zen ha zarpado con rumbo a una odisea incierta empapada en infusiones opiáceas sin detenerse hasta estrellarse contra el punto final —o contra el descrédito: lo que los llevaría al suicidio: una tragedia que este país malhadado ya no podría soportar.

Las máximas tipográficas de Volovich, sublime bufón tragicómico de vivificante aliento grouchomarxista, han sido transustanciadas en trazos divinos por la mano genialmente impura de Jis, asceta y viajero frecuente por los meandros de la mente, dando por resultado binomios terribles que desatarán, sin duda, la ira del dios más rencoroso del firmamento. Una noción del humor altamente depurada, impropia para cerebros poco afinados, que habrá de provocar y corromper a quienes habían buscado alguna forma de trascendencia: héla aquí. Un libro destinado al estante de los clásicos malditos del fin de los tiempos.

Blasfemias en 15

diciembre 12, 2011

Un ‘tiki taka’ con Carlos Puig de blasfemias desarticuladas por el déficit de sueño, rescatadas gracias a una pelona ilustre y adulteradas cortesía de una papada cotorra.

¡Par de blasfemos!

diciembre 11, 2011

(entrevista hecha por Mónica Maristain y publicada en Milenio Semanal)

¿Qué es el libro de Jis y de Ari Volovich? ¿Cómo se encuentran un dibujante flaco y de repente abstemio con un escritor voluminoso y pocas veces sobrio? Tusquets y su editora Verónica Flores han publicado recientemente Blasfemias ilustradas, un trabajo singular y gozoso, adjetivos que no resultan exagerados: Volovich es un escritor indisciplinado que cuando muestra el pasaporte israelí es tachado de colonizador, fascista y asesino, y cuando muestra el mexicano lo acusan de ser corrupto, narcotraficante y ladrón. “Las fronteras sacan lo peor de mí”, admite.

Jis es Jis sin Trino y sin él. Se trata de José Ignacio Solórzano, quien narró junto a Trinidad Camacho Las aventuras del Santos, y quien en sus tiras en solitario ha cultivado un humor fino, intelectual y elegante, no siempre entendido y pocas veces valorado en su justa medida.

No se sabe cuál de los dos blasfema más, pero el dibujante tapatío está empeñado en defender su buen nombre y se apresura a revelar que “por supuesto, el que blasfema más es Ari. Yo casi manejo el humor blanco, soy felizólogo a su lado”.

“Bueno, a tú lado me di cuenta de que no soy tan calvo”, retruca Volovich.

“Y tú, muy gordo”, acusa Jis.

Los autores se conocieron sus respectivos rostros en persona hasta cuando la editorial los juntó para presentar el libro que habían realizado vía Internet.

MM: Ari, usted tiene una carrera de escritor y periodista un poco más tradicional, ¿cómo nació Blasfemias ilustradas?

AV: Es una compilación de mis escritos en Facebook y Twitter, experiencia que me hizo explorar el aforismo, una técnica que nunca había intentado. Soy fan del aforismo y las redes sociales limitan el espacio de expresión, así que en mis ratos de ocio, que son muchos, le di de lleno al tema. Ahora no digo que soy periodista, digo que soy “aforista”. Este es el fruto de dos años de estados contemplativos, de distintos estados de ánimo, de ocurrencias.

JIS: Somos amigos de Facebook. De hecho, estamos aprovechando estas entrevistas de promoción para conocernos. Hola, Ari, ¿cómo estás?

AV: Bien, muy bien… ¿y tú?

MM: O sea, que lo que Facebook ha unido, que ni Dios ni el Diablo lo separen…

JIS: Sí, así es, por increíble que parezca. Aunque ahora me estoy sintiendo un poco abandonado, porque Ari es más tuitero y yo soy más facebookero. Una de nuestras tantas diferencias, de todas de las que me fui dando cuenta una vez que acepté entrar en el proyecto, es ésa. Honestamente, Ari es mucho más amargo que yo. Más bien estoy en una etapa de mi vida en la que me siento saludable, luminoso, hago yoga en las mañanas. Y este hombre está en unos viajes de oscuridad, de borracheras tremendas, de crudas horribles, despotrica, insulta… el libro básicamente está formado por sus escritos. Lo que yo hice fue subirme al tren de la amargura de este monstruo.

AV: Difiero con Jis. Siento que el libro es un maridaje perfecto y que sus ilustraciones le dan una fuga a esa amargura. También le dan chance al lector de irse por otro lado.

MM: Pero hay algo que los une y es ese humor reflexivo, de no reírse a la primera…

JIS: Exacto. Y uno de los temas que tocamos los dos es esa desazón existencial. Nos desune la política, creo. Él está haciendo referencia constante a los políticos con nombre y apellido, y yo soy profundamente apolítico. En el aspecto espiritual, él es ateo y yo me considero más bien “misticoide”.

MM: Lo que los separa también es la edad. ¿Será que se viene toda una generación de comprender a Jis?

JIS: Sí, puede ser. También pasa que siempre me ha gustado el trabajo en colaboración. El caso más notorio es con Trino, pero ha habido otros. Con Ari no fue fácil, porque muchos de sus aforismos ya venían con el chiste incluido, eran redondos, no había que dibujarles nada.

AV: Creo que una parte de la riqueza de este libro es que Jis fue muy selectivo a la hora de elegir los aforismos que iba a ilustrar. En ese sentido, el trabajo tiene mucho oxígeno, no es barroco, no está cargado de más…

MM: Lo triste es que hayan revelado que para mucha gente la vida es un eterno déjà vu. Ya se sabía, pero no era como para andar contándoselo a todo el mundo…

AV: ¡Alguien tenía que señalarlo!

DOS MÁS DOS ES UNO

Jis está un poco obsesionado con la idea de que en Blasfemias ilustradas el lector logre notar las diferencias de pensamiento y espíritu que hay entre él y Volovich. “Tiene miedo de que lo linchen en Guadalajara”, apunta el escritor.

MM: Este es un libro hecho a partir de las redes sociales, pero las redes sociales no aparecen en él. Blasfemias… es un objeto clásico de dibujo y texto.

JIS: Sí, es verdad. En algún momento incluso pensé en establecer un diálogo en contrario con Ari, retrucándole algunas de las cosas que decía en sus aforismos, pero no lo logré, así que me dediqué a acompañarlo.

MM: Como pareja recién formada, ¿quisieron en algún momento devolver la libreta de matrimonio?

JIS: Creo que el que más dudas tuvo al respecto fui yo. Ya estaba con el vestido puesto, ya había dicho que sí, las invitaciones habían sido enviadas, y de pronto me di cuenta de que me iba a casar con una bestia. Que no quepa duda: entre nosotros, yo soy la Bella y Ari es la Bestia.

AV: Yo para nada. Para mí fue un verdadero halago que Jis haya querido hacer este libro conmigo. No lo considero un monero solamente, sino un artista conceptual, integral. Nuestra juntada fue espontánea. Diana, la hermana de Jis, nos presentó en Facebook. Él me dijo que le gustaba lo que yo escribía. Le propuse hacer un libro, me dijo inmediatamente que sí y luego, ya ves, se arrepintió.

MM: ¿Le pasa mucho eso, que le digan que sí y luego se arrepientan?

AV: Me pasa muchísimo, pero no lo pongas.

JIS: ¡Sí, ponlo!

AV: ¡Hasta con mis padres me pasó! Cuando nací, dijeron: “¿Qué hicimos?”.

MM: ¿Trino no se puso celoso, Jis?

JIS: Fíjate que ya ni me habla…

AV: Una de las cosas que nos pasa con el libro es que el humor corrosivo que manejamos resulta un poco fuerte para mucha gente en México. Viví mucho tiempo en Israel, donde es más común el humor más directo; en cambio, aquí por poco algunas personas nos llaman el Anticristo. Y en mi caso, al menos, esta manera de expresar lo que pienso es lo natural, así soy, no se trata de un gesto de valentía ni de provocar ni nada. Esto, que será escandaloso y desolador para muchos, es algo genuino en mi vida.

MM: En un país donde mucha gente pide que no le hablen “golpeado”, tal vez este libro sea demasiado.

AV: Sí, estamos viviendo una guerra del medioevo con tipos decapitados en las calles, con cadáveres que cuelgan de los puentes, pero dices “cabrón” en la radio y por poco te fusilan.

MM: Si tuvieran que poner este libro en un estante de la tienda, ¿dónde lo pondrían?

JIS: Tendría que estar en la sección de humor, si es posible junto a los libros de Guillermo Sheridan, de quien soy fan.

AV: Al lado de los de Groucho Marx, por favor.

MM: Hubo épocas en la historia del arte en las que se juntaban, por ejemplo, Luis Buñuel y Salvador Dalí y salía El perro andaluz… ahora es mucho más difícil que los artistas se junten para hacer cosas.

JIS: Es verdad, quizás por eso me están gustando tanto las redes sociales. Allí se producen verdaderas tertulias en torno al arte, al trabajo, que me encantan. Vivimos tiempos cuando la gente es muy peleonera, es más fácil deshacer que hacer. En Facebook transcurren verdaderos talleres creativos ante mis ojos, es como estar en una especie de café discutiendo con amigos acerca de la pintura, del dibujo, de la literatura.

AV: Y lo que podría diluirse en una charla de cantina, se convierte en un libro. Sale un libro del ocio, del Facebook…

JIS: Sí, de pronto tengo problemas con mi mujer porque dice que le dedico demasiado tiempo al ocio facebookero, así que lo que quiero hacer ahora es llegar a mi casa con el libro en la mano y demostrarle a mi esposa que todavía soy un ciudadano ejemplar.

AV: Un buen samaritano digital.

MM: Lo cierto es que no hay arte sin disciplina, aunque ustedes hablen bastante del ocio.

AV: Soy contemplativo, me dejas mirando el horizonte y me puedo quedar días; ahora me propuse dedicarle menos tiempo a la cantina y más a la pluma.

JIS: Tal vez haya artistas malditos que trabajan en medio de la perdición total, pero yo pertenezco al otro lado. Idolatro la concentración.

Ese maldito Cioran

diciembre 9, 2011

¡Si se comenzara por suprimir a todos aquellos que sólo pueden respirar sobre un estrado!.

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Regreso de una incineración. Devaluación instantánea de la Eternidad y de todos los grandes vocablos.

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Devorado por la nostalgia del paraíso sin haber conocido un solo acceso de fe verdadera.

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Siendo el hombre un animal enfermizo, cualquiera de sus palabras o de sus gestos equivale a un síntoma.

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Yo soy diferente de todas mis sensaciones. No logro comprender cómo. No logro ni siquiera comprender quién las experimenta. Y por cierto, ¿quién es ese yo del comienzo de mi proposición?

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Se ha comparado el nirvana con un espejo que no reflejaría ya ningún objeto. Es decir, con un espejo puro para siempre, para siempre deshabitado.

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Septuagenaria, lady Montague confesaba haber dejado de mirarse en el espejo desde hacía once años. ¿Excentricidad? Quizá, pero únicamente para aquellos que ignoran el calvario del encuentro cotidiano con su propia jeta.

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No guardamos rencor a quienes hemos insultado; estamos, por el contrario, dispuestos a reconocerles todos los méritos imaginables. Desgraciadamente, esta generosidad no se halla nunca en el insultado.

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Todo aquel que ha soportado una adversidad mira por encima del hombro a quienes no la han padecido. La insoportable infatuación de los operados…

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Pobre del escritor que no cultive su megalomanía, que la vea menguar sin reaccionar. Pronto se dará cuenta de que uno no se vuelve normal impunemente.

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Para poder vislumbrar lo esencial no debe ejercerse ningún oficio. Hay que permanecer tumbado todo el día y gemir…

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Según la Cábala, Dios permite que su esplendor disminuya para que los ángeles y los hombres puedan soportarlo. Lo cual equivale a decir que la Creación coincide con un debilitamiento de la claridad divina, con un esfuerzo hacia la sombra que el Creador ha consentido. La hipótesis del oscurecimiento voluntario de Dios tiene el mérito de abrirnos a nuestras propias tinieblas, responsables de nuestra irreceptividad a cierta luz.

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No se habita un país, se habita una lengua. Una patria es eso y nada más.

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Hay algo de charlatán en todo aquel que triunfa, sea en la materia que sea.

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Haber pregonado a bombo y platillo nuestras dudas sin dejar de invocar esa escuela de discreción que es el escepticismo.

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Sólo me entran ganas de trabajar cuando tengo que ir a una cita. Voy siempre a ella con la certeza de dejar escapar una ocasión única de superarme.

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Las religiones, al igual que las ideologías, que han heredado sus vicios, no son en el fondo más que cruzadas contra el humor.

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Abuso de la palabra Dios, la utilizo con frecuencia, con demasiada frecuencia. Lo hago cada vez que alcanzo un extremo y necesito un vocablo para nombrar lo que hay después. Prefiero Dios a lo Inconcebible.

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<<Este mundo no ha sido creado según el deseo de la Vida>>, se dice en el Ginza, texto gnóstico de una secta de Mesopotamia.

A recordar siempre que no se disponga de un argumento mejor para neutralizar un desencanto.

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Quien vive demasiado malogra su… biografía. En resumidas cuentas, sólo pueden considerarse plenamente realizados los destinos rotos.

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<<Dios no ha creado nada que odie más que este mundo y tanto lo odia que desde el día que lo creó no ha vuelto a mirarlo>>.

No sé quién fue el místico musulmán que escribió esto, ignoraré siempre el nombre de ese amigo.

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<<La vejez es la cosa más inesperada de todas las que le suceden al hombre>>, escribe Trotsky unos años antes de morir. Si de joven hubiera tenido la intuición exacta, visceral, de esa verdad, ¡qué lamentable revolucionario hubiera sido!

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¿Por qué tras haber hecho una buena acción se tienen ganas de seguir una bandera, cualquier bandera?

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La puntualidad es una variedad de la <<locura del escrúpulo>>. Por llegar a la hora, yo sería capaz de cometer un crimen.

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El hombre olvida con tanta facilidad que es un ser maldito porque lo es desde siempre.

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<<Cuando el pájaro del sueño pensó hacer su nido en mi pupila, vio las pestañas y le aterró la red>>.

¿Quién, mejor que aquel Bel al-Hamara, poeta árabe de Andalucía, ha percibido lo insondable del insomnio?

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Parecerse a un corredor que se detiene en plena carrera para intentar comprender qué sentido tiene correr. Meditar es un signo de sofoco.

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Haber levantado toda la noche Himalayas –y llamar a eso sueño.

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Leer es dejar a otros padecer por nosotros. La forma más delicada de explotación.

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Se necesita una inmensa humildad para morir. Lo raro es que todo el mundo la posea.

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Nada me repugna tanto como la duda metódica. Dudar, de acuerdo, pero únicamente cuando me venga en gana.

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Se muere desde siempre y sin embargo la muerte no ha perdido nada de su lozanía. Ahí reside el secreto de todos los secretos.

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¿Para qué sirve nuestro cuerpo sino para hacernos comprender lo que la palabra torturador significa?

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De todo lo que nos hace sufrir, nada tanto como la decepción nos produce la sensación de que alcanzamos por fin lo Verdadero.

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En cuanto comenzamos a envejecer, en lugar de afligirnos, deberíamos invocar el derecho a dejar de ser nosotros mismos.

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Los desastres demasiado recientes poseen el inconveniente de impedirnos discernir sus lados positivos.

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La melancolía se alimenta de sí misma, de ahí que no pueda renovarse.

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En cuanto sospechéis de alguien que posee el menor gusto por el Porvenir, sabed que conoce la dirección de más de un psiquiatra.

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Cuanto más se ha sufrido, menos se reivindica. Protestar es una prueba de que no se ha atravesado ningún infierno.

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El sueño, mucho más que el tiempo, es el antídoto ideal contra las congojas. El insomnio, por el contrario, amplificando la mínima contrariedad y convirtiéndola en tragedia, vela sobre nuestras heridas, impidiendo que se marchiten.

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Un silencio en medio de una conversación nos hace volver de repente a lo esencial: nos revela el precio que debemos pagar por la invención de la palabra.

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Después de todo, yo tampoco he perdido el tiempo, yo también me he zangoloteado como todo hijo de vecino en este universo descabellado.

¡Qué puta risa!

diciembre 6, 2011

Los privilegiados de la sociedad figuran entre los pocos grupos que pueden darse el lujo de mofarse de la flagrante ignorancia de Peña Nieto; pero todos sabemos que los marginados –léase: la arrolladora mayoría- van a votar por él, independientemente de las lagunas culturales que se escondan debajo de ese copete ampuloso. Así que más vale que empiecen a grabar sus risas, camaradas, aunque sea para fines nostálgicos.

Destellos “Contra el trabajo” presentados por Tumbona Ediciones.

diciembre 1, 2011

“La vida más breve y acongojada es de aquellos que se olvidan del pasado , descuidan el presente y temen el futuro; cuando esos desdichados llegan al final, comprenden demasiado tarde que han estado ocupados todo el tiempo en no hacer nada.

Y mientras que son llevados y llevan a otros, mientras que mutuamente se interrumpen el descanso, haciéndose desgraciados los unos a los otros, su vida transcurre sin fruto, sin gusto, sin ningún provecho para el espíritu.

Es en verdad miserable la condición de toda la gente ocupada, pero todavía más la de aquellos que no trabajan en sus propias ocupaciones, adaptan su sueño al de otros, andan al paso ajeno, reciben órdenes para amar y odiar, que son las cosas más libres de todas. Si ellos quieres saber cuán breve es su vida, no tienen más que pensar en qué medida ha sido realmente suya”. Séneca.

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“Una sociedad que trabaja rudo y sin descanso gozará de la mayor seguridad, que es lo que el presente adora como si se tratara de una divinidad suprema. Pero lo crucial (¡oh terror!) es que el trabajador es precisamente quien se ha vuelto peligroso. Los individuos peligrosos son legión, y detrás de ellos está el peligro de peligros: el individuum”. Nietzsche

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“A través del trabajo, el hombre ha mudado de sujeto a ser objeto; en otras palabras, se ha convertido en un animal deficiente que ha traicionado sus orígenes. En lugar de vivir por sí mismo –no de manera egoísta sino creciendo espiritualmente- el hombre en el malogado e impotente esclavo de la realidad exterior . ¿A dónde se han ido el éxtasis, la visión, la exaltación? ¿Dónde está la suprema locura o el genuino placer del mal? (…) No estoy contrastando el trabajo con la contemplación pasiva o con las ensoñaciones vagas, sino con una transfiguración irrealizable; de cualquier modo, prefiero una pereza inteligente y observadora a una actividad intolerable y terrorífica.

Para despertar de este mundo moderno uno debe elogiar la pereza. El perezoso tiene una percepción mucho más aguda de la realidad metafísica que la que tiene el activo. Me atraen las distancias lejanas, el inmenso vacío que proyecto en el mundo. Una sensación de vacuidad crece en mí; infiltra mi cuerpo como un ligero e impalpable fluido. En su avanzar, como una dilación hacia el infinito, percibo la misteriosa presencia del más contradictorio de los sentimientos que hayan habitado jamás el alma humana. Estoy a un tiempo feliz y triste, exaltado y deprimido, sobrecogido tanto por el placer como por la desesperación en la más contradictoria de las armonías. Estoy tan alegre y al mismo tiempo tan entristecido que mis lágrimas reflejan al mismo tiempo el cielo y la tierra. Si tan sólo fuera por la felicidad de mi tristeza, desearía que no hubiera muerte en esta Tierra”. E.M. Cioran