La tragedia de Clipperton

SobrevivientesClipperton

A casi cien años y mil 250 kilómetros de distancia de los parachuts, las calandrias, las irritantes brigadas de motos acuáticas, el humo y el cortejo artificial de las voluptuosas discotecas de la costera; de las parejas que, una tras otra, parecen recrear algún pasaje de una melodía luismiguelera caminando a lo largo de una playa empalagada de tantos años de susurros y promesas perfumadas; a mil 250 kilómetros del horizonte kitsch acapulqueño se esconde una isla que contiene una historia de terror cuyas imágenes podrían ofuscar el efecto romántico de cualquier atardecer.

Breviario de una disputa internacional
Aunque el primero en avistar esta isla fue el navegante portugués Fernando de Magallanes ⎯sin poner pie en ésta⎯ en 1521 para registrarla bajo el nombre Médanos en la vasta bitácora de las pertenencias del Imperio español, la isla es mejor conocida por el nombre del temerario pirata inglés John Clipperton, quien utilizó esta diminuta plataforma de arena (de 7 km2 y una laguna salada en medio que ocupa el 90 por ciento de la superficie de la isla) a principios del siglo XVIII como escondite, bodega para almacenar sus saqueos y para planificar sus embestidas en contra de blancos españoles y la Nao de China que llegaba al puerto de Acapulco. En 1711 los capitanes de los buques franceses La Princesse y La Découverte redescubren la isla e inmediatamente la bautizan como La Île de la Passion para adjudicarla a la soberanía de Luis XIV. La independencia mexicana heredó, entre otras cosas, los residuos de tierra desparramados por el disminuido imperialismo español. Parte de esta herencia incluía La Isla de la Pasión que fue anexada a territorio nacional en la Constitución de 1824. Los años consiguientes convirtieron este terruño minúsculo en un escenario de conflictos mercantiles entre ingleses y estadounidenses para conseguir los derechos de extracción de guano, sobre todo durante la guerra hispano-estadounidense en 1898. Al enterarse del potencial económico de la Isla, los franceses no tardaron en cuestionar la legitimidad de la soberanía inglesa, estadounidense y mexicana sobre ésta, exigiendo su parte del pastel y haciendo una alusión a la declaración de toma de posesión hecha en 1858 por el teniente Víctor Le Coat de Kerveguen en nombre del emperador Napoleón III.* Porfirio Díaz rechazó las demandas francesas ⎯argumentando que México era el único acreedor de los antiguos territorios españoles⎯ al mismo tiempo que pactaba un acuerdo con la compañía inglesa Pacific Islands Company que se dedicaba a la extracción de guano en el Pacífico ⎯como indica explícitamente su nombre. Bajo la supervisión del Porfiriato, la compañía inglesa construyó un muelle y un asentamiento minero, poblándolo con más de 100 trabajadores de distintas nacionalidades traídos de San Francisco.

Los infortunios de los Arnaud
En 1907 Porfirio Díaz ordenó edificar un faro de luz a un pequeño pelotón comandado por el capitán Ramón Arnaud Vignon ⎯de padres franceses, paradójicamente⎯ quienes además de inspeccionar las labores de explotación por parte de las compañías foráneas, su estancia tenía el propósito de imponer una presencia simbólica en la ínsula que ondeara ante las posibles miradas que acechaban detrás de los binoculares de los buques franceses. La pobre calidad del guano clippertoniano finalmente obligó la retirada de la Pacific Islands Company en 1908 para luego convertirse en The Pacific Phosphate Company. Ese mismo año y durante una breve visita a su natal Orizaba, el capitán Arnaud contrajo matrimonio con Alicia Rovira Gómez. La joven pareja, al contrario de muchas, llegó a una pequeña isla tropical para ponerle fin a su luna de miel. El ahora denominado “gobernador de la Isla”, Ramón Arnaud, caminaba erguido sobre la estrecha playa, manteniendo la disciplina y la cordura de sus soldados a base de ejercicios rutinarios mientras que una nueva generación de clippertonianos nacía ⎯incluyendo a dos de los tres hijos del matrimonio Arnaud⎯ durante este periodo de calma. Para ese entonces el barco de suministros llegaba para abastecer a los isleños cada dos meses de manera puntual y sin mayores contratiempos. No fue sino hasta 1913, en una visita autorizada que hizo la familia Arnaud en Acapulco, cuando se enteraron de los violentos cambios que azotaban al país. Ni el exilio forzado de Porfirio Díaz a París, ni el asesinato de Francisco Madero y José María Pino Suárez ordenado ese mismo año por un resentido Victoriano Huerta, ni el hecho de que el mismo ejército del “gobernador de la Isla” estaba a punto de entablar una guerra contra los constitucionalistas fueron argumentos suficientes como para lograr disuadir a un testarudo Arnaud en cumplir las órdenes caducas de un general que, dicho sea de paso, se encontraba a 10 mil kilómetros de distancia, en el corazón del “enemigo”, degustando vinos y tragando croissants.
Y así, Arnaud y familia regresaron a gobernar a los isleños de su reinado tropical. Para 1914, todas las maniobras militares y políticas estaban enfocadas hacia la turbulenta Revolución mexicana, despojando al pequeño destacamento del capitán Arnaud de cualquier relevancia sustancial para los propósitos estratégicos que presentaban los nuevos tiempos. El barco de suministros dejó de llegar. La playa de La Isla de la Pasión se llenaba gradualmente de miradas expectantes que se dirigían hacia un horizonte cada vez más hostil e imponente. Arnaud y sus isleños se vieron obligados a limitar su dieta a los huevos de pájaros bobos (la población más grande en el mundo), pescados y los pocos cocos que daban las escasas palmeras. Para esas instancias, muchos de los habitantes de la isla habían muerto de escorbuto.
En lo que seguramente fue un día sumamente estimulante para los clippertonianos, durante una tormenta apareció un naufragio estadounidense frente a la costa de Clipperton. Arnaud y sus soldados lograron salvar a los sobrevivientes estadounidenses, aunque con la baja de uno de los rescatadores que fue devorado por un tiburón. Una vez recuperados y al enfrentar la posibilidad de haber sido víctimas de un abandono intencional, tres marineros estadounidenses se osaron a remar mil 250 kilómetros para llegar a tierra firme en una pequeña balsa. En contra de todas las posibilidades lograron su cometido e inmediatamente notificaron a las autoridades, quienes no mostraron ningún interés en rescatar a un pelotón huertista perdido. Ninguno de los habitantes de La Isla de la Pasión sospechaba que había comenzado la Primera Guerra Mundial, ni que el Tampico ⎯el buque de las provisiones que zarpó del puerto de Topolobampo⎯ sería perseguido y hundido a manos del Vicente Guerrero de los revolucionarios en lo que fue la única batalla naval registrada en la Revolución Mexicana.
No fue sino hasta que el USS Cleveland ⎯un barco de la marina estadounidense⎯ ancló al lado de la costa de Clipperton el 14 de junio de 1914 cuando Arnaud se enteró de los sucesos que sacudían al mundo entero. El USS Cleveland había llegado con la intención de salvar al resto de náufragos norteamericanos y ofreció llevarse a bordo a Arnaud, sus soldados y familias a tierra firme. En un gesto de insolencia patriótica, el gobernador de la Isla rechazó la oferta hecha por el capitán del Cleveland argumentando que no contaba con órdenes directas de sus superiores, que tenían suficientes raciones para sobrevivir cinco meses y porque no podía tratar con el enemigo. El USS Cleveland y los náufragos estadounidenses desaparecieron en el horizonte. Sin embargo, Arnaud escondía un motivo que podía explicar su obtusidad flagrante. Años antes había sido acusado de desertor y el abandonar su puesto podía ser interpretado como una segunda deserción.
El tiempo transcurría y el horizonte seguía despejado. Los muertos eran enterrados debajo de la arena de la laguna. Los pocos cocos eran reservados para las mujeres y los niños. Los hombres ya mostraban señales claras de delirio y desesperación. Dos años después de la partida del USS Cleveland, en octubre de 1916, el gobernador Arnaud avistó un barco y le ordenó a sus soldados ⎯prácticamente a todos los hombres de la isla menos al farero, Victoriano Álvarez⎯ a seguirlo a la pequeña lancha de remos para intentar alcanzar el navío. Las mujeres y niños observaron boquiabiertos cómo la pequeña tripulación comandada por Arnaud bajaba del buque y volvía hacia la isla. El terror se apoderó de las esposas e hijos al ver cómo las olas hundían la endeble embarcación de sus maridos y padres hasta perderlos de vista para siempre dentro de la aguas infestadas de tiburones.

El Marqués de Clipperton
La larga desventura de las recientes viudas ⎯entra las que estaba Alicia Rovira Gómez ⎯ y huérfanos estaba a punto de tomar un curso aún más tenebroso. Victoriano Álvarez, al verse libre de cualquier figura autoritaria, se autoproclamó rey de la Isla, convirtiendo gradualmente a las sobrevivientes femeninas en sus esclavas sexuales. Tanto las mujeres como las niñas de la Isla se encontraban a la merced de la violencia caprichosa de Álvarez. Las violaciones formaban parte de la rutina diaria. La viuda del capitán Arnaud había logrado repeler a Álvarez hasta el 18 de julio de 1917. Lo siguió, resignada, acompañada de sus hijas hasta llegar al faro. Aprovechándose de un descuido del farero endemoniado, las mujeres de Clipperton lograron tirarlo al piso de un golpe y ponerle fin a su reinado de terror a base de patadas y martillazos. Alicia Rovira, en un arrebato de ira le pidió a su hijo de siete años ⎯Pedro Ramón Arnaud⎯ que fuera por el petróleo que tenía escondido. “¡Vamos a quemarlo!”, gritaba Alicia en medio de la excitación colectiva.
En un hecho que pone en cuestión la palabra casualidad, ese mismo día y con el cadáver del violador aún tibio, un barco de guerra norteamericano ⎯el USS Yorktown, al mando del capitán H.P. Perril⎯ que surcaba la zona, avistó y rescató a las cuatro mujeres y siete niños que sobrevivieron a este episodio antagónico de la Revolución Mexicana.

*El 2 de marzo de 1909, ante la persistencia francesa, Porfirio Díaz firma un documento en el cual México y Francia pactan llevar el caso Clipperton a una tribunal arbitral. El juez en cuestión fue Víctor Manuel III, el rey de Italia, asignado por el Vaticano. El veredicto se pronunció a favor de Francia. Víctor Manuel III concluyó de manera tajante que la soberanía de la isla le pertenecía a Francia desde la toma de posesión hecha en nombre de Napoleón III el 17 de noviembre de 1858. Debido a un cúmulo de circunstancias, la Primera Guerra Mundial entre tantas más, la sentencia del jerarca italiano no se dio a conocer sino hasta el 28 de enero de 1931. Las iniciativas de personas como del explorador francés Jean Louis Étienne y la investigadora del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICML) de la UNAM, entre otras, han ofrecido la mejor solución a la disputa territorial entre ambos países. La Isla de Clipperton se ha convertido en un laboratorio oceanográfico en donde científicos de ambos países trabajan en conjunto para estudiar la fauna de la zona.

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One Comment en “La tragedia de Clipperton”

  1. don lalo Says:

    esta isla pertenese moralmente a la nueva españa y por ende a mexico deben ser patrimonios ecologicos sin fines mercantilistas debe llamarse isla arnaud


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