¡Hay un límite! (objetores de conciencia)

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Si partimos del entendimiento de que los medios informativos son un negocio y que como todo negocio su intención es vender, podemos descifrar los motivos del porqué ciertas historias nunca llegan a nuestras pantallas. “La revolución no será televisada”, claro está. Sin embargo, la organización “Yesh Gvul”* o “Hay un Límite” es una muestra inequívoca de que el pensamiento alterno —a pesar del main stream arrollador de nuestros tiempos— aún existe, de que hay ideales que no han sido corroídos por la publicidad y el dogma. Independientemente de las posturas que uno pueda adoptar frente a cualquier tipo de expresión política, la existencia de la variedad del pensamiento es necesaria en cualquier país que se jacte de ser democrático, aunque sea para oponer un poco de resistencia.

La organización “Hay un Límite” fue fundada con el comienzo de la primera guerra entre Israel y el Líbano —en 1982— por un grupo de reservistas del Ejército de Defensa Israelí quienes firmaron una petición dirigida al gobierno y al ministro de Defensa en la que pedían cumplir con su servicio únicamente dentro de las fronteras del país y no sobre tierra libanesa. Esa carta reunió la firma de 3 mil soldados de las reservas. Alrededor de 160 de ellos fueron condenados a prisión por rehusarse a combatir en territorio libanés. Al día de hoy, la organización se mantiene firme en cuanto a sus convicciones y activismo político.
La siguiente es una entrevista a Peretz Kidrón: uno de los activistas más veteranos de “Hay un Límite”.

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“El ‘fenómeno’ de los objetores de conciencia viene mucho antes de que surgiera nuestra organización; poco después de la ocupación, en realidad. Cada vez eran más aquellos quienes se negaban a obedecer ciegamente las órdenes del sistema —especialmente con el inicio de la guerra contra el Líbano, en 1982—, hasta que la cantidad de personas llegó a tal punto que naturalmente necesitamos de una organización que nos representara. Entre nuestros integrantes puedes encontrar de todo, personas que crecieron con la educación de Zabotinski, otros son comunistas, religiosos, anti religiosos, sionistas, anti sionistas, etcétera. Tenemos varios puntos en común, pero al final del día somos uno frente al Sistema. Personas como yo nos encontrábamos con un gran dilema; durante los once meses del año éramos activistas en contra de la ocupación y en el doceavo mes nos llamaban del ejército, nos poníamos el uniforme y formábamos parte de ésta. Este dilema creó el movimiento de los objetores de conciencia, porque el gobierno nos obligaba a formar parte de algo que contradice enteramente nuestras convicciones. Es como si estás en contra de los impuestos y te mandan a trabajar en Hacienda. Nunca vimos el acto de objeción como nuestra meta sino como una herramienta para combatir la ocupación; a fin de cuentas somos objetores selectivos. Somos una organización política y por ende nuestras actividades son estrictamente políticas. Desde el nacimiento de ‘Hay un Límite’ hemos organizado manifestaciones y demostraciones en contra de la ocupación; también impartimos seminarios educativos, hacemos folletos instructivos que se distribuyen en grandes cantidades por todo el país”. Peretz me extiende un par. El formato de ambos es parecido —dados el tamaño y color— al de la cédula de identificación militar que cargan los soldados. Entre los títulos están: “La guía para el soldado sobre los crímenes de guerra” y “Sobre la negativa del servicio militar en los territorios ocupados.” Peretz compiló y editó un libro —“Refusenik, Los Soldados de Conciencia Israelíes”— que contiene, entre otras cosas, los testimonios de los soldados reservistas israelíes quienes se negaron a formar parte de la ocupación.

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Existen partidos dentro del Parlamento quienes nos tachan de irrelevantes, pero te puedo decir abiertamente que la carta firmada por los pilotos de la fuerza aérea —con esto se refiere a las firmas reunidas por decenas de pilotos durante la segunda Intifada, quienes se negaron a bombardear objetivos dentro de la población civil de Gaza— influyó de manera directa en la decisión de Ariel Sharon por retirar los asentamientos judíos y dar la vuelta de 180 grados de Gaza.
Ahora nos encontramos en medio de una lucha legal en contra de los crímenes y los criminales de guerra. Hemos logrado llevar algunos casos hasta la Corte Suprema, pero siempre acaban por evadirnos de alguna u otra forma. Cuando vimos que el sistema jurídico israelí, tanto el militar como el civil, no actuaba al respecto —como todo sistema jurídico sin excepción: los estadounidenses tampoco actúan en contra de sus criminales de guerra, ni los franceses, ni los argelinos ni los afganos, tan solo por mencionar a un puñado— llevamos la lucha fuera del país. No existe en el mundo un sistema jurídico que esté dispuesto a enfrentarse a un sistema militar. Por eso es que acudimos a organizaciones privadas de abogados, algunos de ellos han trabajado específicamente sobre casos de palestinos.
Todos los ejércitos de hoy en día cuentan con un enorme potencial de destrucción, y en todo ejército pueden llegar a dar la orden para materializar dicho potencial”. Peretz señala un poema de Bertolt Brecht dentro del libro; un poema que se ha convertido en el himno de ‘Hay un Límite’:

General, su tanque es un vehículo muy poderoso
Puede destruir el bosque, puede aplastar a cien hombres
Pero tiene un defecto:
Necesita de un conductor.

General, su bombardero es muy fuerte.
Vuela más rápido que una tormenta, pesa más que un elefante.
Pero tiene un defecto:
Necesita de un mecánico

General, el hombre es muy útil.
Puede volar, puede asesinar.
Pero tiene un defecto:
Puede pensar.

“El mismo Ejército de Defensa Israelí dice: ‘si una orden te parece ilegal, no la obedezcas’. Esto significa que el ejército le está diciendo al soldado que piense antes de actuar. Sólo que nuestro concepto de lo que es ilegal es más amplio. Es muy difícil lograr tener éxito frente a una institución tan potente como la militar, ya que se encarga de lavarles el cerebro a los jóvenes. Por eso es que nuestra actividad se enfoca principalmente en tareas educativas. Somos una organización anárquica en el sentido de la alta responsabilidad cívica que implica nuestra negativa a formar parte de un sistema opresor. Uno se tiene que hacer responsable de los crímenes de la sociedad en la que vive. No nos rehusamos al servicio militar para lavarnos las manos, sino todo lo contrario; con este acto declaramos que formamos parte del Sistema y que elegimos luchar contra el fenómeno de la ocupación. Nuestra acción es sumamente agresiva, porque atacamos la herramienta principal del gobierno. No puede haber ocupación sin un ejército ocupante.

Te voy a dar el ejemplo contrario. En Londres hubo una manifestación de 2 millones de personas antes de que estallara la guerra en Irak. ¿Qué hizo Blair? Espero a que se acallaran los gritos, a que regresaran a sus casas y envió a las tropas. Los europeos piensan que el servicio militar voluntario es uno de los éxitos liberales más grandes que han logrado. Llevo años discutiendo con ellos tratando de demostrarles su error. En Alemania, si no quieres enlistarte en el ejército tienes la opción de formar parte del servicio civil. Entonces por supuesto que una persona de educación privilegiada y liberal va a elegir trabajar en un hospital en lugar de unirse al ejército. Pero entonces ¿quién sí va a ir al ejército? Los neonazis y los skinheads. A ellos les van a dar las armas. Les digo que primero que nada tienen que deshacerse del ejército y luego crear un servicio militar obligatorio. Esto con el propósito de que el ejército y los ciudadanos sean uno mismo, para que las rupturas sean internas. De otro modo el ejército va a seguir creciendo como un cuerpo aparte, cometer horrores en nombre de ustedes sin que puedan hacer nada para al respecto.
No es fácil ser un objetor de conciencia. Hay que lidiar con un sinfín de presiones sociales. Yo mismo me vi envuelto en una serie de dilemas antes de tomar la decisión final, en los años setenta. Las consecuencias pueden ser duras en lo que se refiere al ámbito familiar, social y laboral. Supongo que mi historia personal influyó bastante en mi visión política —Peretz Kidrón nació en Viena y tuvo que huir a Inglaterra debido a la persecución nazi. En algunas conversaciones que he sostenido con palestinos me he visto obligado a decirles que se tranquilicen, que yo fui refugiado diez años antes que ellos —sonríe. Todos los ejércitos del mundo son peligrosos y es nuestro deber encontrar la manera para nivelar la balanza; una de las formas para lograr esto es educando a los soldados. En mi opinión, uno de los crímenes de los grupos de izquierda de Occidente ha sido su desentendimiento y distanciamiento del ejército. Uno tiene que enseñarle a la maquinaria de guerra que no va a funcionar simplemente con apretar un botón.
Marx decía que la historia se repite ―cuenta Peretz a propósito del conflicto bélico entre Israel y el Líbano en 2006―, la primera vez en forma de tragedia y la segunda como farsa. Esta guerra fue una farsa, una farsa triste porque mató a más de mil personas; pero una farsa al fin y al cabo”.

*la traducción literal de “Yesh Gvul” es “Hay una Frontera”, aunque en hebreo su significado se extiende a: basta, suficiente, hasta aquí.

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3 comentarios en “¡Hay un límite! (objetores de conciencia)”


  1. tradujiste del hebreo la entrevista? no sabía de este movimiento.


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