Nadie es infeliz en Roma

Con un destino turístico comprimido y asegurado en mi bolsillo, observo el inútil derroche de fe combustible que los aviones depositan en las latitudes etéreas, convencidos de que la dicha no es más que una distancia. “Nadie es infeliz en Roma”, el infatigable mantra que bufa una turbina tras otra para narrar un pasaje más de la insostenible levedad del autoengaño. Pienso en la eterna histeria que Unamuno logró advertir en el desasosiego del viajero, ésa que pasa de largo y desapercibida por los detectores de metales más sofisticados del empirismo humano. Los lugares comunes se han convertido en la panacea de la desilusión colectiva, ahí donde la felicidad y el pragmatismo responden a un mismo nombre. Subestimar las limitaciones de la imaginación común es tapar a la humanidad con un dedo. Mi torrente sanguíneo es errante por inercia. Mis párpados han espirado una elegía.

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3 comentarios en “Nadie es infeliz en Roma”


  1. Qué bien escondes lo que ahora leo y me sorprende: “Los lugares comunes se han convertido en la panacea de la desilusión colectiva, ahí donde la felicidad y el pragmatismo responden a un mismo nombre. Subestimar las limitaciones de la imaginación común es tapar a la humanidad con un dedo.”

    Ah, y yo si me voy a Roma en septiembre : ) jeje


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