Un descuento de hadas

“Escúchame bien, pequeña: tanto la sopa, así como el sillón y mi cama me vienen valiendo absolutamente madres, pero como me entere que fuiste tú la que se bebió mi último trago de Laphroaig, prometo arrancarte las vísceras, ¿ME OYES?”, rugió Papá Oso a la vez que alzaba una pesada y amenazante palma abierta.

Contra todos los pronósticos, el susto no logró quitarle el inminente ataque de hipo single malt a Ricitos de Oro. En ese preciso instante, Papá Oso logró ponerle fin a un mito urbano y a un cuento de hadas de un solo zarpazo.

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