33 Desilusiones

El País señala que “Los mineros de Atacama no tienen ‘dónde caerse muertos’”. Pues claro, era más que evidente que su verdadera supervivencia empezaría una vez fuera del hoyo. Los destellos de las cámaras sólo buscan rebotar en los cutis de primera plana. La panza necesita filántropos y no de paparazzi: el hacinamiento de las aves de rapiña nunca ha sido un buen augurio para las víctimas frescas, sino una invitación para el festín de los viejos comensales. Yo que ustedes, camaradas desterrados, no descartaría del todo la posibilidad de volver al punto de partida.

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