Ante meridiem

Heme con un insomnio resuelto y con un cuerpo que no encuentra la energía necesaria como para conseguir jalársela tres veces y estrangular de una puta vez este desasosiego escurridizo. Sospecho que padezco de ‘episodios irónicos’, o bien, de una incapacidad innata para imaginar el salto de las ovejas. Supongo que habrá más de un pastor escocés que esté en desacuerdo conmigo, pero las moscas -al menos en lo que respecta a estas latitudes fétidas-, son más accesibles y mucho más fáciles de manipular. Pero a pesar de su irritante tangibilidad, el problema es lograr contarlas. Son demasiado intranquilas, como un rebaño de ovejas insomnes… ¡Puta madre! Sólo una escopeta sería lo suficientemente civilizada como para poder mantener un diálogo con esta vigilia infumable sin estallar en el intento.

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