Panda Show

Sus dos hijos habían logrado escapar para desaparecer bajo el manto de aquella noche desértica, peculiarmente iluminada. Juan se apoyó en un árbol y alzó su cabeza para saborear el aire frío y dulce que llegaba del norte. Por una fracción de segundo sintió que podía tocar el sueño americano. No obstante, es sabido que las decepciones prosperan en donde se conciben los sueños. Su corazón estuvo a punto de autoinmolarse cuando sintió la mano del agente fronterizo sobre su hombro. Fue justo entonces que decidí sintonizar el Discovery Channel. Suspiré aliviado y estiré los brazos mientras veía cómo un oso panda masticaba una caña de bambú en mi pantalla de plasma con una parsimonia por demás envidiable. “Que vivan los exilios domésticos”, dije en silencio para no sonsacar al pinche oso.

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