Las diez crisis más desatendidas de 2008

 

Vivimos en una era de abundancia sin precedentes. Sin lugar a dudas podemos decir que somos los nuevos ricos de la historia; hemos logrado exceder todos los límites de la insaciabilidad para establecer nuevas marcas de mal gusto que amenazan con rebasar la capacidad digestiva de nuestro entorno. Desde alacenas y botiquines retacados de infomerciales hasta ideologías de mercado y series televisivas que aparecen, una tras otra, como ricochets digitales para invitarnos a practicar la apatía y la pereza mental como un modus vivendi, con el sólido propósito de agudizar una ilusión óptica que ofusca de manera sistemática una realidad que no goza de patrocinios. Y es que en la era del Viagra, de la cultura blogger y la pantalla plana, la gente se sigue muriendo de enfermedades tan primitivas como la malaria y el sarampión, sin mencionar los conflictos bélicos y sus consecuencias inmediatas. “Desplazamientos masivos de población civil, violencia y necesidades médicas sin cubrir en la República Democrática del Congo (RDC), Somalia, Irak, Sudán, Etiopía y Pakistán, junto a emergencias médicas olvidadas en Myanmar o Zimbabwe, son algunas de las emergencias más graves registradas en el mundo el año pasado”, según señala la organización Médicos Sin Fronteras (MSF), que publicó un informe titulado Las diez crisis humanitarias más desatendidas de 2008. La lista que contiene este documento está expuesta de manera que se mezclan los países y las enfermedades en cuestión: Somalia, Myanmar, Zimbabue, República Democrática del Congo, Etiopía, Pakistán, Sudán, Irak, desnutrición y co-infección VIH/TB). El informe de MSF señala las trabas burocráticas, la enorme indiferencia de la comunidad internacional y la cerrazón de ciertos gobiernos como los claros responsables de provocar el desenlace de esta catástrofe humanitaria:

 

“Somalia y la República Democrática del Congo (RDC) son los dos países del informe que arrastran conflictos de más larga duración; más de quince años de crisis que en 2008 experimentaron graves recrudecimientos de la violencia; en ambos casos, miles de personas se vieron obligadas a huir de sus casas, sin acceso a atención sanitaria, comida, agua o refugio. Al igual que en Sudán —Darfur y el sur del país siguen siendo escenarios de dos graves emergencias, con miles de afectados—, mientras que la comunidad internacional se enreda en interminables discusiones, la población civil queda a merced de la desnutrición o enfermedades prevenibles y tratables como la malaria, el sarampión o la meningitis.

La asistencia también es urgente para las poblaciones atrapadas por los enfrentamientos entre el Ejército y grupos rebeldes en Ogadén, la región somalí de Etiopía, donde la falta de asistencia es flagrante y se han registrado preocupantes tasas de desnutrición en varias áreas, así como en Irak, donde la debilidad del sistema sanitario impide que los heridos por los bombardeos y la violencia sectaria reciban una atención rápida y eficaz. Contextos como el iraquí ilustran además que el espacio para una ayuda humanitaria independiente, imparcial y neutral es cada vez más reducido.

Por una parte, las organizaciones operan en situaciones de creciente inseguridad, en entornos generalmente más peligrosos, y por otra en conflictos muy politizados y volátiles, donde MSF ha visto limitada su capacidad de responder directamente a las considerables necesidades médicas. “En 2008 se agravaron los ataques deliberados contra las organizaciones humanitarias, obligando a suspender las operaciones en distintos rincones del mundo”, explica Rias. “Miles de personas se quedan entonces sin asistencia y caen además en el más absoluto de los olvidos y a merced de abusos de los que nadie es testigo”.

 

 

En Somalia la escalada de violencia, incluyendo ataques y amenazas contra los trabajadores humanitarios, obligó a MSF a reducir algunas de sus operaciones en 2008, teniendo incluso que retirar a su personal internacional, con la reducción que ello supone en la asistencia proporcionada a una población ya de por sí debilitada. En Pakistán cientos de miles de personas huyeron de los ataques aéreos y los bombardeos de una campaña contrainsurgente en el noroeste del país a principios del año. Tras las amenazas, agresiones y secuestros perpetrados contra trabajadores humanitarios, MSF redujo el número de trabajadores internacionales en sus proyectos.

En lugares como Myanmar y Zimbabue —donde los gobiernos no priorizan la atención sanitaria o no ven con buenos ojos la presencia de ONG—, las organizaciones humanitarias se ven obligadas a limitar el tipo de asistencia prestada o deben hacer frente en solitario a abrumadoras crisis sanitarias. En Myanmar, donde MSF es la única institución que se ocupa de la atención a los enfermos de VIH/sida, cientos de miles de personas mueren innecesariamente debido a la falta de tratamiento, mientras que el gobierno apenas hace nada para ayudar a su propia población y los donantes internacionales miran para otro lado.

Los responsables y los financiadores de los programas internacionales de ayuda alimentaria también muestran poco compromiso en la lucha contra la desnutrición aguda severa, causa subyacente de la muerte de 5 millones de niños cada año, a pesar de existir una respuesta médica eficaz, los Alimentos Terapéuticos Listos para Usar (RUTF). A veces son los propios gobiernos quienes obstaculizan esta lucha: en Níger, en 2008, el gobierno obligó a MSF a poner fin a su programa nutricional infantil en la región de Maradi, donde decenas de miles de niños padecían desnutrición aguda.

Finalmente, el informe destaca la urgente necesidad de una mayor inversión en la lucha contra la coinfección de sida y tuberculosis, teniendo en cuenta que la incidencia de esta última se ha triplicado en países con una alta prevalencia del VIH en los últimos quince años. De hecho, la tuberculosis es una de las principales causas de muerte entre las personas seropositivas, y sin embargo no existen herramientas de diagnóstico sensibles a la coinfección ni tratamientos adaptados a las necesidades específicas de estos pacientes”.

El representante de Médicos Sin Fronteras en México y Centroamérica, Alain Rias, habló con Milenio Semanal a propósito del informe: “Los proyectos de Médicos Sin Fronteras están lejos de tener una presencia protagónica en los medios masivos. Informes como éste pretenden hacer partícipe a la opinión pública de las condiciones de vida de los pueblos en crisis. Hablamos desde nuestra posición como observadores; nunca hacemos observaciones de contextos que nos son desconocidos. Pretendemos sumar voluntades en todos los niveles de la sociedad con el objetivo manifiesto de ejercer presión sobre los políticos, los empresarios y demás actores con capacidad de acción. La abierta discrepancia con la situación que atraviesan millones de personas olvidadas mantiene unidos desde hace más de 35 años a nuestros más de 27 mil trabajadores en el terreno y a los 3.5 millones de individuos que sostienen económicamente los proyectos de MSF en 60 países.

”Médicos Sin Fronteras participa activamente en la asistencia médico-humanitaria en todos los contextos mencionados en el informe. Nuestro personal operativo es testigo directo de estas situaciones y, por lo tanto, su testimonio es parte fundamental de las acciones de MSF como movimiento global. De alguna manera nos hemos transformado en portavoces de los pueblos olvidados; en gran parte por el hecho de reclamar el derecho a la presencia solidaria; aquella que tantas veces ha sido negada por los protagonistas de los conflictos en cuestión. Instamos de manera permanente a la comunidad y a las organizaciones internacionales, al igual que al sistema de Naciones Unidas y sus dependencias a sostener y cumplir el mandato de ayudar, alimentar y proteger el bienestar de las poblaciones necesitadas.

 

 

”La forma en la que la sociedad puede ayudar en la lucha por mitigar esta crisis humanitaria es exigiendo cada vez más transparencia en nuestros sistemas; no como una mera fachada de la clase gobernante sino como una práctica genuina. Organizándonos como sociedad civil para ejercer presión internacional; asegurándonos de que los gobiernos realmente nos representen y actúen a favor de las personas más necesitadas. Contribuyendo a diseminar ampliamente esta información en todos los estratos de la sociedad; manifestando nuestra solidaridad sin distinción alguna de raza, credo o pertenencia a cualquier grupo social. Colaborando con MSF (www.medicossinfronteras.org.mx) o cualquier otra organización humanitaria; ya sea como trabajador profesional, como voluntario o aportando fondos para sostener económicamente cualquier estructura de asistencia para los pueblos necesitados”, aconseja Alain Rias en un tono enérgico que parece una bala perdida que surca un cielo despejado, indiferente.

 

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