Amores perros

La tarde del lunes 23 de febrero de 2009, en Jaltenco, seis individuos con pasamontañas se encaminaron rumbo a la unidad habitacional de Javier Cervantes. Ninguno de los vecinos intentó detenerlos —todo lo contrario— mientras entraron al diminuto departamento armados de tubos y machetes para protagonizar una escena digna de una película snuff. Un total de 52 perros y 20 gatos fueron las víctimas, reforzando la noción de que la palabra inconcebible va perdiendo su sentido semántico y recordándonos que nuestra sociedad se está alejando a una velocidad supersónica de un civismo aceptable.
Los motivos por los cuales Javier Cervantes mantenía esa cantidad de animales en su departamento no son claros, pero tenemos que separar los dos sucesos: la irracionalidad de Cervantes y la brutal matanza no son equiparables bajo ningún parámetro. Para que cada quien forme su veredicto, va el testimonio de Javier Cervantes, seguido por el de dos organizaciones pro-derechos de animales.

JAVIER CERVANTES
“No regresé a mi casa. Sólo pude acercarme para rescatar a los perros que lograron salir y trasladarlos a distintas casas y organizaciones de protección animal. Todavía quiero creer que nada de esto sucedió. Estoy casi convencido de que las autoridades estaban directamente involucradas en esta matanza. En una entrevista que tuve con el presidente municipal (Germán Romero Lugo), me dijo que tenía que salirme de allí. Yo le solicité un terreno para poder llevar a mis animales, refiriéndole que finalmente estábamos haciendo una labor que les correspondía a ellos. Me dijo que eso era imposible y me aconsejó que me fuera a una zona federal; algo así como paracaidista; al menos eso fue lo que me dio a entender. En pocas palabras, lo que me dejó claro es que él no iba a manchar su imagen ni su trabajo por unos cuantos perros. ’Si no te sales yo no me hago responsable de tu integridad y yo mismo te voy a esperar con las perreras allí en el parque donde los sacas a pasear, o en una de esas les echo carne envenenada’, me dijo. También recibí amenazas por parte de algunos vecinos y creo que con esto descargaron sus frustraciones en mi contra”.
—¿Qué les diría a los responsables de la matanza?
“Pues que esas muertes las van a llevar en sus conciencias; que ojalá y los atormenten todas sus vidas; que van a pagarlo de una u otra manera: la vida se cobra todo. No tenían por qué desquitarse con ellos”, advierte Cervantes, un tanto exaltado. “Probablemente no fue una buena idea tener a tanto animal encerrado; se me pasó la mano, pero eso no justifica nada de lo que sucedió. A veces y en contra de nuestras intenciones, lejos de hacerles un bien pues les hacemos un mal. Las condiciones de mis animales no eran de lujo, pero por los menos no les faltaba comida, agua fresca ni amor. Aquellos que piensan que saqué provecho de las donaciones —en su mayoría me pagaban con bultos de croquetas— sólo tienen que ver mis condiciones de vida”, finaliza.

JOSELYNE LÓPEZ ALEMÁN
“En el caso de Jaltenco se nos contactó un día después de la matanza y nosotros le brindamos asesoría jurídica a Javier Cervantes”, cuenta Joselyne López Alemán, colaboradora y activista pro-animal de la Fundación Tomy AC. “Nuestras actividades son diversas: foros educativos, esterilizaciones y asesoría jurídica. No se puede justificar la matanza. Lo que hicieron las autoridades es de una crueldad extrema. Es muy claro que el problema de la sobrepoblación animal en México nos está rebasando por mucho. Tan sólo en el Distrito Federal se sacrifican alrededor de seis mil animales mensualmente en los antirrábicos. Nosotros abogamos a favor del activismo positivo, aquel que no afecta a terceros”, agrega Joselyne.
“A pesar de las denuncias de los vecinos por las malas condiciones en que vivían estos animales, en realidad es muy difícil determinar cuál era su condición verdadera”, continúa. “Considero que cualquier persona puede iniciar la labor de activismo; pero eso sí: hay que tener en claro hasta dónde uno le está ofreciendo una calidad de vida al animal y en qué momento lo está convirtiendo en un prisionero. No por recoger uno que otro animal uno se puede poner el título ’protector de animales’. Mucha gente está acostumbrada a ver a los animales callejeros sin reparar en su historial. Nosotros hemos tenido rescates de animales violados por personas; animales que han sido torturados con cohetes o quemados, por mencionar unos ejemplos”, agrega Joselyne.

MALÚ CAMPERO
“Una de las cosas que hemos estado viendo con el mismo gobierno es que las vacunas antirrábicas rebasan el millón anualmente en el presupuesto”, señala Malú Campero, presidenta de la Fundación Tomy. “Esto quiere decir que no existe un control de población y sí un descontrol de enfermedades. Nosotros estamos afiliados con organismos internacionales para informarnos sobre el control animal para lograr una convivencia humana-animal. En México nos falta muchísimo para poder llegar a eso. Lo que hace falta para evitar que se repita lo de Jaltenco es educarnos, generar una conciencia —Fundación Tomy imparte talleres educativos de ’tenencia responsable’— y exigirle a las autoridades que cumplan con las normativas federales. Recuerdo un caso en el que el presidente municipal de Almoloya del Río quería hacer una limpia que fue anunciada en los periódicos locales. Me comuniqué con ellos porque sabía que en Almoloya no contaban con antirrábicos. Una vez que me dieron la cita me explicaron que en el ’cuarto de atrás’ es donde mataban a los animales. ¿Cómo los matan? Pregunté. ’Pues a pistolas, a palos; a los gatos los ahogan en cubetas de agua’, me dijeron. Desafortunadamente esto pasa en infinidad de lugares en México”.

JOSÉ LUIS MARTÍNEZ
“El Centro de Adopción y Rescate Animal AC en Cuautitlán Izcalli es impresionante. El doctor José Luis Martínez (presidente y fundador) nunca le niega la entrada a un animal. Es impactante la variedad y cantidad de animales —más de cinco mil— albergados en este lugar”, cuenta Joselyne.
“Nuestra agrupación —platica el doctor Martínez— tiene como objetivo brindar ayuda humanitaria a los animales que se encuentran heridos, enfermos o en la vía pública. Cuando son reportados a nuestra oficina vamos en su auxilio; los animales son valorados y de acuerdo a sus lesiones, rehabilitados o sacrificados para evitar sufrimiento innecesario. Los animales rehabilitados entran en un programa de adopción. Nuestra agrupación ofrece la ayuda en el DF y zonas aledañas.
El día de la matanza me dirigí a los Cinemex de Coacalco donde me esperaban para llevarme a donde se encontraban los animales. Cuando llegué ya había allí varias personas, entre ellas el señor Javier Cervantes, esperándome para trasladar a los animales a una casa en Tultitlán. En ese momento llegó Héctor Urdapilleta —amigo de Cervantes—, quien estuvo en el lugar de los hechos y nos contó acerca de sus desventuras; de cuando llegó al departamento —a petición de Javier— para encontrarse con los encapuchados e intentó detener la masacre”, narra José Luis. “Ellos lo golpearon y lo echaron junto con los cuerpos de los perros sacrificados adentro de una camioneta. Urdapilleta estaba todo ensangrentado y golpeado. Nos narró su historia mientras mi personal se encargaba de subir a los animales a un vehículo para su traslado.
De acuerdo con mi experiencia —25 años como activista— en México, puedo constatar que muchas personas recogen animales para alejarlos de la miseria; eso es una verdad, pero muchas otras utilizan a los animales como una manera de subsistir, causando lástima para su propio beneficio. En mi opinión, el señor Cervantes utiliza a los animales para llenar sus vacíos existenciales, ya que sé de mucha gente que lo apoya económicamente debido al amor incondicional que asegura sentir por éstos. Desde el día de la masacre se comunicó conmigo en una sola ocasión, y sólo fue para decirme que mandaría a una persona por los perros. No lo sentí preocupado sino atemorizado. Muchas personas recogen animales de la calle, pero si no les brindan el espacio necesario, el confort, la alimentación adecuada, la atención veterinaria e higiénica, pues entonces están cometiendo maltrato contra estos animales, violando de esta manera las normas y las leyes de protección animal en México. Y bueno, ninguna persona que viole las leyes de protección a los animales puede cobijarse bajo el término ’protector de animales’…”, concluye Martínez.

 

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