De belicistas sin salida y pacifistas sin retorno

null

—No entiendo cómo un barco que navegaba tranquilamente por el Mediterráneo con la intención de llevar suministros a Gaza acabó con nueve pacifistas muertos —decía una pobre ingenua de carisma marcadamente negativo, amiga de la madre de mi queridísima sobrina en alusión al choque entre los comandos israelíes y uno de los seis barcos que formó parte de la “Flotilla de la Libertad”.
—¿No te parece un tanto incongruente que un grupo de vocación pacifista esté apaleando a un soldado como si fuera una piñata? ¿No crees que estás omitiendo algunos detalles de tu relato? —le pregunté e inmediatamente recibí una tanda de reproches enérgicos y consignas trilladas por parte del resto de la mesa, entre los cuales se me acusaba, en el mejor de los casos, de ser un fascista.
Y es que no conozco un tema que polarice de una forma tan flagrante las posturas políticas como lo logra hacer el conflicto israelí-palestino. Ya sea que aboguen a favor o en contra de las causas en cuestión, los partidarios militantes de ambos bandos coinciden en la intolerancia que muestran frente a aquellos quienes no comparten un discurso apegado al simplismo y a la parcialidad absoluta.
“En épocas de Mundial se democratiza aún más (si cabe) la estupidez”, dice mi amigo Tizano. Creo que esta sentencia podría adaptarse perfectamente bien a la disputa israelí-palestina. En un abrir y cerrar de ojos las consignas y las frases hechas ocupan el lugar de la reflexión y el diálogo. A veces da la impresión de que lo único que una persona necesita para ser reconocida dentro del ámbito del activismo político es memorizar un puñado de contraseñas. Precisamente este tipo de arbitrariedades son las que dan cabida a fenómenos tan abstractos de los que hemos sido testigos estos últimos días, en donde países como Turquía de pronto logran interpretar el papel de naciones defensoras de los derechos humanos sin que nadie levante las cejas; en donde una turba violenta es confundida tan descaradamente por la gran mayoría con un grupo de pacifistas inofensivos. Las paradojas que se agolpan detrás del último punto generan una serie de preguntas ineludibles.
¿Por qué motivo los activistas del Mavi Mármara —la embarcación turca que perdió a nueve de sus integrantes a manos de un comando israelí— escogieron luchar a favor de la causa palestina cuando en su propio país se ha practicado una discriminación sistemática en contra de la población kurda, además de que su gobierno se niega en reconocer hasta la fecha el genocidio armenio que data desde principios del siglo XX —entre un catálogo de violaciones a los derechos humanos y civiles que se extiende hasta topar con pared?
Si la consternación verdadera de los activistas de la “Flotilla de la Libertad” y del mundo entero está enfocada en la violación de los derechos humanos, entonces ¿cómo es que rara vez hacen mención de las condiciones desfavorables —por no decir infrahumanas— en las que viven las mujeres en los países fundamentalistas; de las infibulaciones, las ablaciones y demás mutilaciones que se siguen practicando de manera regular en algunos de esos países; del recurso de la tortura como herramienta de intimidación; de las ideologías fascistas o de los regímenes autocráticos que aún gobiernan en varios países árabes?, etcétera. ¿Acaso estarán midiendo la injusticia a través del filtro del relativismo cultural? El hecho de que Turquía actúe como una nación protectora de los derechos humanos es tan poco creíble, anticlimático e incluso ofensivo para una inteligencia promedio, como lo sería Schwarzenegger si intentara interpretar a la atormentada Justine de Sade. Sólo para dar un ejemplo más puntual de este cúmulo de incongruencias y para terminar con el caso específico de Turquía, habría que hacer una mención de la preocupación que mostró Amnistía Internacional en 2009 “por el hecho de que las fuerzas de seguridad (turcas) tengan permiso tácito para utilizar la fuerza excesiva en contra de manifestantes pacifistas y de torturar y maltratar a quienes se encuentran arrestados por razones políticas. Los abusos perpetrados por los funcionarios del orden público por lo general resultan impunes”.
También habría que cuestionar la marcada parcialidad de los medios de comunicación que concedieron espacios considerables para resaltar las manifestaciones que se llevaron a cabo en Estambul, Londres, Dublín, París y Barcelona, y sin embargo, apenas y se hizo mención de los miles de activistas de izquierda israelíes que se manifestaron en Tel-Aviv en contra del asalto a la “Flotilla de la Libertad” y para conmemorar los 43 años de la ocupación de la franja de Gaza y Cisjordania.

null

No obstante, la hipocresía, el melodrama y el maniqueísmo que por lo general acompaña al discurso de la izquierda ramplona frente al conflicto en el Medio Oriente son temas que deben de ser tratados por separado y de ninguna manera absuelven a Israel de las más de cuatro décadas de ocupación y represión sistemática en contra de la población palestina. El hecho de que en efecto exista una indignación mediática —por llamarle de algún modo— no significa que el problema no sea genuino. Por supuesto que debería de llevarse a cabo una investigación a fondo que estudie el terrible manejo de la situación por parte de Israel; que se cuestione su obtusidad y arrogancia política que, en este caso, dio como resultado la muerte de nueve civiles y puso al descubierto la fragilidad de un gobierno que vive en un estado de paranoia constante.

null

Pero para lograr esto hace falta apagar los megáfonos y bajarse de las gradas. La democracia no es un concepto infalible, hay voces que merecen nuestra atención más que otras. He aquí unos fragmentos de éstas: “Siete ministros versus siete barcos —no estamos hablando de portaaviones, ni siquiera de bombarderos, sino de botes pequeños, repletos de cientos de personas. No todas bienintencionadas pero tampoco terroristas. Pero de pronto y sin aviso, esta flotilla minúscula se convirtió en una armada amenazante. Antes de la batalla de Trafalgar, el almirante Horatio Nelson, al igual que los comandantes aliados antes del Día-D, comprendía que el destino de su país estaba en juego. Si nos ponemos a pensar en nuestro líderes tenemos suficientes motivos como para perder la esperanza: para ellos, todos los días son el Día-D. Entonces, ¿qué sucederá cuando estalle la guerra de verdad?”, escribió Yossi Sarid —ex miembro del Parlamento israelí en representación del partido de izquierda Meretz— en su columna del diario Haaretz.

null

“No hay una explicación que justifique o lave el crimen que se ha cometido, y tampoco hay una excusa que pueda explicar las estúpidas acciones del gobierno y del ejército”, expresó el novelista y periodista israelí David Grossman en The Guardian. “Israel no envió a sus soldados con la intención de matar civiles a sangre fría; esto es lo último que buscaba. Sin embargo, una pequeña organización turca, fanática en sus creencias y de una hostilidad radical hacia Israel, reclutó para su causa a cientos de pacifistas y logró hacer caer a Israel en una trampa porque sabía cómo iba a reaccionar [...] ¡Qué tan inseguro, confundido y nervioso tiene que ser un país para actuar de la manera en que lo hizo Israel! Con una combinación de fuerza militar excesiva y una falla garrafal para anticipar la intensidad de la reacción de aquellos que estaban a bordo del barco, mató e hirió civiles como lo haría una banda de piratas —afuera de sus aguas territoriales. Esta evaluación no implica el estar de acuerdo con los motivos, ya sean declarados u ocultos, y a menudo malintencionados de parte de algunos integrantes de la “Flotilla de la Libertad”. No todas las personas que estaban a bordo eran humanistas amantes-de-la-paz y las declaraciones de algunos de ellos en lo que respecta a la destrucción del Estado de Israel son criminales. Pero estos hechos simplemente no son relevantes en este momento: esas opiniones no ameritan la pena de muerte”, acertó Grossman.
Por su parte, Amos Oz apareció en las páginas de The New York Times para aportar que “desde la Guerra de los Seis Días en 1967 —guerra en la que Israel conquista y anexa a su territorio la franja de Gaza y Cisjordania— Israel ha cultivado una fijación por la fuerza militar. Para un hombre que tiene un martillo grande, dice el proverbio, todo problema parece un clavo. El bloqueo israelí de la franja de Gaza y la violenta intercepción de las naves de civiles que cargaban suministros humanitarios son producto del mantra que reza: lo que no se puede lograr con fuerza se puede lograr con más fuerza. Esta visión parte de la suposición errónea de que se le puede poner fin al control del Hamás sobre Gaza a base de la fuerza, o en términos más generales, que el problema palestino se puede aplastar en lugar de solucionar. Pero el Hamás no es sólo una organización terrorista. El Hamás es una idea, una idea desesperada y fanática que surgió de la desolación y frustración de muchos palestinos. Ninguna idea ha sido derrotada a base de la fuerza, ni con bloqueos, ni con bombardeos [...] Para derrotar una idea hace falta ofrecer una idea mejor, una más atractiva, más aceptable”, advierte Oz.
Lamentablemente, la sensatez suele llegar, si acaso, demasiado tarde. Al margen de la parcialidad y en medio de este torbellino de propaganda vulgar y acusaciones fáciles entre uno y otro bando, sigue existiendo un vórtice inhabitable llamado Gaza del que nadie parece acordarse.

null

About these ads
Explore posts in the same categories: Uncategorized

8 comentarios en “De belicistas sin salida y pacifistas sin retorno”

  1. Mónica Álvarez. Dice:

    Gracias por los acentos.
    Y yo con tantas ganas de conocer Turquía, de uns baños turcos…gracias por bajarme del avión.

  2. ximena Dice:

    Creo es lo más balanceado y objetivo y chingón que te he leído. Lo postearé por todos lados.

  3. raul castro Dice:

    Hola,
    por azares del destino he leído este post, dos días después de escribir uno referente al aniversario del Mavi Marmara.

    Me gusta el análisis que propones y estoy de acuerdo con otros comentarios sobre la objetividad. Tienes razón sobre las “intenciones” de algunos de los participantes de la misión de ayuda humanitaria. Y no se si alguna vez hayas estado en algún país árabe-musulmán pero, y aunque no nos guste y no se manifieste abiertamente, existe un sentimiento anti-israelí, y ese es un hecho que no podemos negar.
    El gobierno turco estaba bien enterado de la misión, y sabia los riesgos pero como siempre en todos los “movimientos sociales” los “mártires” ayudan a la consolidación de las ideas. Eso y el hecho de la gestión post ataque, le permitieron al partido en el poder en Turquía de ganar las elecciones.

    Te recomendaría, si te interesa, y si es que no lo conoces ya, que buscaras el concepto “profundidad estratégica” que también es un libro del actual Ministro de Exterior turco Ahmet Davutoglu.


Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 35 seguidores

%d personas les gusta esto: