Artimaña
Vaciló por un instante antes de acercar sus labios para pegarlos al oído de su amada. Intentó afianzar sus delirios posesivos a través de un montaje de vocablos ajados por el eterno engaño de los atardeceres fotogénicos, con esa torpeza tan peculiar que suele despedir la cautela. Sin embargo, la despreocupación y la soltura acabaron por imponerse gracias a la veteranía, como aquella del marido infiel que se aproxima sin ensayar excusas a una cena que intuye fría mucho antes de introducir la llave en la cerradura.
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