Estática
Dedicó su vida entera al blindaje. Se armó de un vocabulario corpulento y gallardo con el propósito de encubrir su creciente e inquietante falta de ingenio. Alcanzó a ofrendarle un generoso repertorio de pendejadas deslumbrantes a las hordas de oídos boquiabiertos, hechizados por la magia barata y las trivialidades acicaladas. Ya sea por azares del destino o por un guiño burlón de la casualidad, murió una noche particularmente opaca del primero de abril de un año que permanece registrado en el olvido colectivo. Sobra decir que abandonó este mundo sin haber aportado una sola idea. Amén.
